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CAPÍTULO 6

Del libro “La psicoterapia breve caracteroanalítica (PBC).

Una respuesta psicosocial al sufrimiento emocional”

Xavier Serrano Hortelano

Edit. Biblioteca Nueva. Madrid, 2007

 

FUNCIÓN DEL GRUPO TERAPÉUTICO EN LA PBC

 

 

Dentro de la sistemática clínica de la P.B.C. empleamos el grupo terapéutico, en cuanto espacio social, como una herramienta convergente. Poder observar directamente el desenvolvimiento del paciente en situaciones sociales conflictivas nos ayuda a valorar de una forma más objetiva los resultados de su proceso clínico. Al mismo tiempo, nos permite elaborar en el espacio individual el material que va surgiendo en el grupo y esto resulta muy útil para alcanzar los objetivos clínicos marcados, puesto que el carácter siempre tiene un origen y un desarrollo relacional y, por tanto , social.

He tomado como referencia la sistemática de grupo que desarrollé hace algunos años[1] y que utilizamos con la Vegetoterapia Caracteroanalítica (Serrano, 1990d, 1991c) pero aplicándola al encuadre breve, con lo cual adopta un cuerpo propio ya que los objetivos, y por tanto los medios clínicos, serán diferentes a los de su matriz profunda.

Aconsejamos al paciente que participe en unas sesiones de psicoterapia de grupo en la tercera fase del proceso (combinándolas con sus sesiones individuales) porque es el momento en que ha recuperado la estabilidad estructural y debe consolidarla incorporando en su vida cotidiana y en sus relaciones de pareja, laborales y sociales en general lo que ha introyectado durante las dos fases anteriores del proceso. Por otra parte, al coincidir con el final de la terapia breve, el grupo permite dispersar la posible catexis libidinal que se ha focalizado en la figura del psicoterapeuta y, por tanto, facilita su separación y la despedida.

 

 

 

6.1 OBJETIVOS

 

Cada persona, en función del desarrollo de su proceso acudirá al grupo con unos objetivos concretos. Hay quien necesitará constatar si ha reducido su tendencia al sometimiento, a la adulación y la victimicidad aumentando su capacidad de reivindicar sus necesidades y mostrar sus opiniones, como en el caso de Amelia. En otros casos como el de Antonio, querrá constatar si es capaz de mostrar su vulnerabilidad, de pedir aquello que necesita más allá de su fachada de prepotencia y de fortaleza infranqueable ,manteniendo una relación con la mujer menos defensiva, más franca...

Pero también existen unos objetivos generales, a saber:

-Relativizar el sufrimiento, los límites y el estado existencial de extrañeza y soledad del paciente, ante el encuentro con otras personas que sufren dinámicas similares y que gestionan los problemas de formas diferentes. Lo que les hace más humanos y más próximos, al reducirse el miedo a la autoridad, la sensación de amenaza social indiscriminada, de que cualquiera puede ser nuestro enemigo y nos puede dañar, enjuiciar o censurar. Por tanto, buscamos que el grupo ayude a disminuir la presión del súper-yo.

-Aumentar la capacidad de escucha y de receptividad del discurso de la otra persona y de expresión de la propia dinámica interna, vinculando la palabra a la emoción. Hablando con afecto, “desde el corazón”, siendo, por tanto, más conscientes de cuando se utiliza la palabra como evasión, distracción o defensa, creando discursos vacíos, ideológicos, separados de la realidad existencial y emocional de nuestro ser. Y de cuando , sin hablar, con la mirada , o sin mirar, con gestos involuntarios, o por el tono de voz ,se mandan mensajes de desprecio, de rechazo, de deseo, de necesidad, que en muchas ocasiones no coincide con lo que decimos,, ni con lo que pensamos .Buscamos, por tanto, mejorar la capacidad de comunicación de los pacientes mediante la toma de conciencia de sus distintas formas de expresión (digital y analógica ) y de sus contradicciones expresivas.

-Facilitar al paciente el contacto con sus inhibiciones, temores y prejuicios sexuales y con el deterioro que esto ocasiona en sus relaciones personales y en su regulación energética individual.

-Aproximar al paciente al conocimiento de su máscara social, de los comportamientos defensivos que también se plasman en el cuerpo a través de tensiones, actitudes corporales forzadas, inhibición de la respiración y de las consecuencias que eso tiene en nuestro malestar, en nuestra insatisfacción. Hacerle consciente, en última instancia, de la función defensiva del carácter y de sus manifestaciones psíquicas y corporales.

 

 

6.2 ENCUADRE

 

Para alcanzar estos objetivos el encuadre clínico tendrá las siguientes particularidades:

 

6.2.1. Duración

  

La duración del compromiso grupal será de cuatro meses pudiendo realizarse sesiones mensuales de tres a cuatro horas de duración, o bien sesiones quincenales de dos horas. Escoger una modalidad u otra estará en función de la estructura del grupo y del número de personas que lo compongan.

 Esta referencia es consecuencia de la investigación llevada durante estos años, al comprobar que conforme aumentábamos el número de sesiones se iban dinamizando aspectos personales y situaciones grupales que no podían resolverse adecuadamente dentro de un encuadre breve. Y por otra parte, a partir de un número de sesiones grupales (más de doce de dos horas o de seis de cuatro horas), pasaba a un papel secundario el espacio individual a no ser que se aumentara también el tiempo de duración de ese espacio, con lo cual, o se repetía el material analítico o se abrían otros focos que obligaban a aumentar considerablemente el número de sesiones individuales. Nos encontrábamos así con una situación ambigua, en cuanto que ni era un encuadre profundo, ni era breve, llegando a viciarse la relación terapéutica y a perderse, en algunos casos, la dirección del proceso.

Hay colegas que utilizan el grupo como el espacio clínico adecuado para una psicoterapia breve, pero en la mayoría de los casos que conozco se hacen demasiadas sesiones para lo que considero que es un encuadre breve ,estableciendo un encuadre que puede resultar contradictorio con los objetivos de la psicoterapia focal : ”Creemos haber encontrado un método original de tratamiento que reúne las características de la psicoterapia analítica de grupo y de la psicoterapia breve y en donde la homogeneidad se encuentra más bien en una comunidad de metas que en la estructura de los pacientes. Se trata de reuniones semanales de setenta y cinco a noventa minutos, con 7 a 10 pacientes, hombres y mujeres, y uno o dos terapeutas, en que la duración del tratamiento se limita desde la primera sesión a un período oscilando entre doce y dieciocho meses (40 a 60 sesiones). La regla fundamental enunciada en la primera sesión es la misma que en una psicoterapia de grupo sin límite de duración:<Hablar en el grupo de todo aquello que les venga a la mente, pensamientos, preocupaciones, fantasmas que aparezcan durante las sesiones, de los problemas que surgieran dentro y fuera del grupo, en la relación con personajes externos y de dentro del grupo incluyendo a los o al terapeuta>.La finalidad de este tipo de tratamiento es la de una redistribución dinámica de los mecanismos de defensa que permita la adquisición de un equilibrio intrapsíquico mejor en un tiempo relativamente breve. Esta técnica implica una focalización de las interpretaciones sobre un conflicto basal más o menos común a todos los participantes y a la vez una negligencia selectiva de ciertos aspectos neuróticos que quedarán fuera del campo de los límites fijados a nuestra finalidad… Nuestro criterio de selección de enfermos no es puramente sintomático, sino que elegimos para el tratamiento a todos aquellos pacientes que pensamos que pueden beneficiarse de una psicoterapia breve.” (Guillem y Loren, 1985).Creo que es posible trabajar aspectos focales en los grupos como plantean los colegas citados (porque estamos abordando un nivel periférico, y por tanto más vinculado a lo social), pero considero que tiene menos riesgo y es más rápido, y por tanto más económico y accesible, combinar la psicoterapia breve individual con sesiones de grupo,siendo este una herramienta convergente y con menos sesiones de las planteadas en este caso.

Desde nuestra experiencia, el tiempo establecido para las sesiones de grupo dentro de la P.B.C. permite utilizar el espacio grupal como herramienta convergente y sin ningún tipo de riesgo ni de posible yatrogenización.

Si el proceso personal ha finalizado, durante el tiempo que dure el grupo, el paciente tendrá una sesión individual mensual para integrar lo experimentado en el espacio grupal

 

 

6.2.2. Composición

 

La composición del grupo será mixta, entre diez y catorce personas con un número similar de hombres y mujeres y con predominio de Estructuras Neuróticas con diversidad caracterial, alguna persona con Estructura Nuclear-Fronteriza y una o dos personas máximo con EstructuraMimética- Psicótica.

Hemos comprobado que, por las particularidades de cada Estructura y por la modalidad del encuadre, este encuadre grupal es funcional para las Estructuras Adaptativa-Neuróticas por su nivel de insight, de contacto y de comunicación. En el caso de la Estructura Nuclear- Fronteriza lo será sólo en aquellos casos con una cobertura más “edipiana”, es decir, con rasgos fálicos e histéricos, y siempre que se haya modulado la impronta narcisista lo suficiente como para que puedan participar con la adecuada capacidad de escucha y receptividad. Por último en la Estructura Mimética-Psicótica sólo tendrán sentido estos grupos para aquellas personas que tengan una mínima estabilidad emocional que les permita implicarse en dinámicas relacionales y donde el grupo, por sus características pueda actuar suficientemente como matriz acogedora y reforzante. Pero siempre es preferible, en estos casos, que su participación se produzca en grupos con personas de su misma Estructura, con otros objetivos y por tanto, con otro encuadre, o en grupos cuya modalidad sea específicamente psicosocial.

 

 

6.2.3. Coordinación

 

El grupo preferiblemente estará coordinado por dos coterapeutas, hombre y mujer. Representando simbólicamente la polaridad energética, biológica, sexual y los roles sociales, lo que permitirá que se produzca una mayor receptividad y participación por parte de los componentes del grupo. Recordemos que con la P.B.C. no podemos modificar radicalmente las introyecciones sociales y por tanto neutralizar los condicionamientos que el sistema social marca en nuestras vidas, pero sí ayuda a la toma de conciencia de esta problemática y a estimular la inquietud por conocer más al respecto. Por tanto, partimos de la realidad de las cosas, para, desde ahí, ir modificándolas en la medida de lo posible. No hemos visto diferencias significativas siendo los componentes del grupo pacientes de los coterapeutas del grupo o de otros colegas, fundamentalmente porque con la metodología de la P.B.C. no se establecen lazos transferenciales o vínculos que colisionen la dinámica afectiva del paciente. Por eso el hecho de que en el grupo pueda estar también su terapeuta no suele tener consecuencias significativas para el proceso, como tampoco las tiene el que los terapeutas de grupo sean otros porque el impacto y el foco de atención se va a orientar hacia el resto de componentes del grupo, con quien el paciente puede vivir reacciones afectivas que podrán ser elaboradas tanto en el espacio grupal como en el individual.

En la sistemática de la P.B.C. esta es una variable opcional en función de otros factores. Pero es necesario que los terapeutas de grupo trabajen en equipo con los terapeutas de los pacientes del grupo y que su actuación no interfiera en la dinámica relacional del paciente con su terapeuta individual. Esto lo veremos con más detalle posteriormente.

También podemos incluir la figura del terapeuta observador que está presente pero no participa activamente, y que representaría la censura y lo inaccesible. En cuanto que su función no tiene una repercusión directa sobre la dinámica de las sesiones, puede entender y comprender de una forma más objetiva la dinámica global del proceso del sistema grupal, incluidas las actuaciones de los terapeutas y sus interacciones con los pacientes. Sólo participa de forma activa en la evaluación final del grupo, momento en el cual también las personas que componen el grupo pueden establecer una relación con él.

El género en este caso no tiene importancia. Sí la tiene en el caso excepcional de que el grupo esté coordinado por un solo especialista, que debería ser un hombre con una cierta impronta de autoridad, lo que permite dinamizar constructos psíquicos relacionados con los objetivos de estos grupos con más funcionalidad que si es una mujer o un hombre con otra impronta caracterial. Precisamente buscando la reacción que puede producir el contacto con la realidad, y desde ahí, poder modificar las cosas. Porque no se trata de crear espacios satisfactorios y “amorosos”, es decir compensatorios, sino de conflicto, de impacto, de comunicación, de contacto con la realidad para desarrollar recursos que permitan a los participantes encontrar esa satisfacción, esa alternativa en nuestra vida cotidiana real , más que en un espacio grupal artificial y, en el fondo, fantaseado.

Recuerdo un congreso donde hablando con un colega japonés sobre la manipulación de las instituciones sociales dominantes y su capacidad para absorber temas nuevos adaptándolos a sus necesidades, me contaba que en algunas fábricas de empresas multinacionales estaba de moda, a mitad de turno laboral, que los trabajadores pasaran a una sala tipo gimnasio donde, dirigidos por un miembro del equipo de “recursos humanos”, golpeaban con palos de goma, gritando e insultando, a maniquís que representaban los cuerpos de sus jefes y de los directivos conocidos de sus empresas. Se había demostrado que con esta práctica se aumentaba la productividad y se reducían las huelgas y las bajas por depresión y por enfermedades psicosomáticas!!! Hemos llegado al punto de que, por objetivos productivistas, los jefes se dejan pegar e insultar simbólicamente!!! Mientras en la realidad cobran incentivos económicos y se mantiene la explotación del asalariado!!!

Es un claro ejemplo de como una técnica psicológica, en este caso psicocorporal, puede cumplir objetivos muy diferentes a los que en su origen tenía. Y al mismo tiempo nos sirve para entender la importancia del factor humano, ético, del psicoterapeuta dentro de un proceso. Si Reich hubiera escuchado esta anécdota no creo que le hubiera extrañado, al contrario se hubiera reafirmado en que aquello que se nombra como saludable es la enfermedad más virulenta socialmente hablando. Cuyos síntomas son: adaptación al medio, falta de conciencia política, confusión entre ausencia de síntomas y salud, en dos palabras: “neurosis caracterial”. (Reich, 1933)

 

 

6.3 RELACIÓN TERAPÉUTICA

 

En estos grupos los psicoterapeutas son una referencia simbólica de la autoridad, con dinámicas transferenciales poco intensas porque el tiempo de relación es corto y el foco de atención se dirige hacia los propios componentes del grupo. Pero las reacciones transferenciales que puedan surgir a lo largo de las sesiones en algún componente del grupo se deben dinamizar “in situ” y servir de material clínico de la sesión grupal. Por ejemplo, si una persona dice sentirse molesto por las “órdenes del terapeuta”, en uno de los espacios de la sesión dedicados a la verbalización y elaboración, cualquiera de los terapeutas debe retomarlo y contrastar con el resto del grupo por si hay alguna persona a quien también le ocurra lo mismo. A partir de lo cual la dinámica analítica se encaminaría a revalorizar dicho cuestionamiento hacia el terapeuta y a plantear la posibilidad de que estuviera asociado a alguna situación que se esté produciendo en su vida actual o se hubiera producido anteriormente. Pueden darse dos opciones:

a) Si el paciente lo asocia a una situación social, el terapeuta facilitará la narración del hecho y la intervención del resto del grupo en función de lo sugerido por su escucha. Al extrapolar la circunstancia acontecida en el grupo a situaciones reales y sociales estamos desarrollando parte de los objetivos grupales. De la misma forma se pondrán los medios técnicos para que esos relatos se narren con la carga afectiva adecuada, evitando, en lo posible, la defensa de la intelectualización o del discurso ideológico.

b) Pero si el paciente condujera su proceso asociativo a dinámicas familiares de su historia infantil, para evitar interferencias con el proceso individual, se facilitará la narración de la asociación exhortándole para que lo acontecido lo elabore en su terapia individual.

En el caso de que alguno de los terapeutas percibiera reacciones transferenciales (relacionadas con la autoridad, con el deseo sexual...), sin ser explícitas como en el caso anterior, pondrá los medios para que puedan emerger y poder ser elaboradas en el grupo. Si no fuera posible, necesariamente se informaría a su terapeuta individual para facilitar su elaboración.

Vemos, por tanto, como la relación entre el terapeuta individual y los de grupo debe de ser intensa y permanente, de colaboración y no de competencia, no sólo para evitar interferencias con el proceso individual sino también para poder aprovechar el espacio grupal como una herramienta clínica convergente, y por tanto, para que participe en el desarrollo favorable de dicho proceso. A sabiendas de que el secreto profesional se amplía a los terapeutas de grupo, al ser necesario el trasvase de información entre el terapeuta individual y los de grupo para cumplir los objetivos clínicos.

Por otra parte, creo también importante reseñar, que en las sesiones iniciales será el terapeuta masculino quien se haga más presente y conduzca la dinámica grupal. Posteriormente será la terapeuta femenina la que prevalezca y, en las últimas sesiones, ambos se harán presentes igualmente predominando cada vez más la participación de las personas del grupo con el fin de que la “autoridad” se vaya diluyendo gradualmente dando paso a una cierta autonomía grupal, teniendo presente la limitación que produce este tipo de encuadre. Pero, al menos, este pasaje permite que el grupo pueda tomar conciencia del tipo de relación que se establece en las dinámicas sociales habituales, los roles pasivo-activo, dominador-dominado y las consecuencias patógenas que eso tiene, poniendo medios que permitan atisbar posibilidades de desarrollo de otro tipo de relaciones menos jerárquicas, con mayor tolerancia y comunicación.

Para que esa dinámica pueda desarrollarse sin esfuerzo, será necesario que la relación entre los coterapeutas sea fluida, agradable y empática, sin que existan entre ellos lazos afectivos, familiares ni una jerarquía laboral.

 

 

6.4 DESARROLLO GRUPAL Y HERRAMIENTAS CLÍNICAS

 

La dinámica de cada sesión se gestiona en función de los objetivos clínicos y de los temas que queremos abordar a lo largo del proceso grupal .Por ello en la primera sesión intentaremos crear una atmósfera de complicidad y de alianza desde aquello que es común a todos los componentes del grupo, su experiencia como paciente ,su sufrimiento, su malestar, sus límites junto a su valentía por querer afrontar sus problemas, y su entereza por mantener un compromiso terapéutico que les permite agrandar su perspectiva de la realidad. En síntesis, reconocer y valorar su realidad común, rompiendo el tópico social narcisista de la salud en base a una imagen “fantaseada”. El mensaje es evidente: ellos están ahora en una posición más saludable que el sistema social enfermo que niega la realidad haciendo creer que la adaptación y los contactos secundarios son la felicidad y la salud. Aunque esa posición provoque, en ocasiones, inquietud y contacto con la insatisfacción y con los límites. Pero también neutraliza ese sordo y sufriente sentimiento de “soledad tan desolada”, como escribe el poeta Benedetti, y aporta la serenidad del “ser consciente”.

Desde esa posición inicial se establece una cierta “matriz grupal “(Foulkes 1969), más bien una envoltura afectiva y solidaria con una clara función de contención y de carpa, de espacio cálido y recogido que estimule al sistema defensivo para “bajar la guardia” y producir una cierta apertura de la conciencia y de los afectos.

La forma que adopta el grupo durante los espacios de integración y de verbalización, incluidos el inicio y final de cada sesión, es el círculo, bien sea sentados o de pie, en función del tipo de actividad. En los períodos de verbalización integrativa los terapeutas están dentro del círculo, pero durante el tiempo en que se desarrollan actividades vivenciales se mantienen en un lugar que no perturben la interrelación entre los participantes.

El tiempo de la sesión se organiza en tres partes: Un primer periodo de toma de contacto psicocorporal entre los participantes y de recuerdo de lo sucedido la sesión anterior, con comentarios libres sobre el tema para facilitar la “translaboración “(Greenson, 1967); un segundo, donde se propone una técnica específica acorde al tema que marca la sesión; y un tercer espacio dedicado a la verbalización y elaboración cortical de la experiencia.

Los terapeutas regulan el ritmo del grupo, dando pautas para que se mantenga esa atmósfera de expresión y receptividad que pueda propiciar la interrelación entre todos los participantes, respetando la forma y el ritmo de cada paciente. La participación directa de los terapeutas se limita a señalar o cuestionar. Al final de cada sesión realizan una síntesis entre todas las situaciones dadas vinculándolas con la realidad social. El espacio grupal se convierte así en el puente entre las dinámicas caracteriales individuales y las dinámicas sociales.

Es evidente la importancia que adquiere el comportamiento de los pacientes, la posición que adoptan, qué personas escogen para las experiencias, incluso el lugar donde se colocan dentro del círculo, cosa que ya reflejaba uno de los analistas pioneros en la terapia de grupo:”«Siempre he tenido conciencia de lo mucho que puede expresar un paciente a través de la silla que elige para instalarse dentro del grupo. Hay cierto espacio grupal que habla con tanta claridad y con tanta fuerza como el lenguaje corporal del individuo.

A mi derecha se sienta por lo general o bien mi mano derecha, el pequeño ayudante de Papá, o alguien que desea sentarse bajo el ala protectora de la gallina madre. La silla que se halla a mi izquierda la ocupa por lo general alguien que se considera mi favorita. Infaliblemente, la oposición se sienta directamente frente a mí. En el rincón de la extrema izquierda se sienta la persona que ha decidido observar desde el flanco y que espera que se le formule una invitación especial a incorporarse. El recién llegado prefiere sentarse cerca de la puerta en el rincón de la extrema derecha como para mostrar que todavía no se ha incorporado y desea mantener abierto el camino de la retirada.

La persona que desea observar antes de ser vista se sienta con la espalda contra la ventana, mientras que alguien que desea que se la vea en sus mejores aspectos puede elegir un asiento situado frente a la luz del día.

Si un paciente repentinamente cambia de lugar, ello indica un cambio en sus dinámicas transferenciales.» (Grotjahn, 1977)

Hay que tener en cuenta que la elaboración caracteroanalítica será limitada, ya que este espacio clínico grupal está siendo utilizado como una herramienta convergente del proceso individual el cual también, a su vez, encuentra limitaciones en la elaboración por las características propias de un encuadre breve. Será por tanto un grupo a corto plazo, dentro de la clasificación de Bernard y Klein para diferenciarlos de los “Grupos de crisis y grupos maratón”“(R. H. Klein ,1993)

 

 

6.4.1. Temas a tratar

 

A lo largo de las sesiones los temas a tratar serán:

 

-Máscara social y carácter.

Contacto con la máscara social, la defensa del “otro” amenazador. Manifestaciones psicocorporales del sistema defensivo, del carácter.

-La comunicación.

La expresión verbal y emocional de nuestros afectos, pensamientos, opiniones... El código digital y el analógico. Los dobles mensajes. La escucha pasiva y activa. La Censura y el juicio del otro y su influencia en nuestra forma de expresar.

- Las relaciones personales y sociales.

El conflicto con la autoridad. Los roles .Comprensión del uso del imaginario y la inaccesibilidad del “otro”. El manejo de la agresividad y de la violencia, de la tristeza, la vulnerabilidad y la necesidad.

-Sexualidad y género.

Conflictos con la identidad sexual. Gestión de nuestros deseos y necesidades sexuales. La relación de pareja. La violencia de género.

-Separaciones duelos y pérdidas.

El final de la cosas. La muerte, las separaciones y los duelos. Evaluación final del espacio grupal y despedida.

 

Es importante que los temas señalados se traten, en lo posible, en ese orden, porque la elaboración de cada uno de ellos prepara para el siguiente. Será más complicado y menos funcional abordar primero el tema de la sexualidad si no hemos abordado previamente aspectos como la comunicación o la máscara social. Por eso el último tema se plantea acompañando el final del grupo, lo cual siempre reactiva dinámicas internas vinculadas a las separaciones y a las pérdidas. Es cierto que no se producen (no se deberían producir) activaciones del “proceso de separación-individuación “(Mahler ,1975) durante el período infantil porque, por el encuadre, obviamos las dinámicas que se mueven dentro de un eje vertical (histórico-regresivo). Pero sí aparecen asociaciones relacionadas con muertes de personas cercanas, separaciones de pareja, de hijos, la soledad, la muerte, aspectos todos ello de corte fenomenológico-existencial, y por tanto, dentro de un eje horizontal (histórico-actual).

Evidentemente todos estos temas sólo se pueden abordar a través de pinceladas introductorias con el fin de crear inquietudes, estimular vías de conocimiento y purgar los canales de expresión y de comunicación para que las personas se sientan capaces de buscar en su vida cotidiana espacios sociales y grupales alternativos donde seguir desarrollando esas facetas, esos descubrimientos, modificando en lo posible los habituales.

 

 

6.4.2. Dinámica grupal

 

Los terapeutas mantienen una posición clínica similar a la del espacio individual, teniendo muy presente el foco caracterial de cada participante y los objetivos a trabajar en el espacio grupal. Esto significa que las intervenciones de los terapeutas nunca serán incisivas, ni crearán espacios de atención individual donde el grupo esté observando un tiempo el diálogo entre terapeuta y paciente, ni emplearán técnicas que movilicen la respiración para provocar catarsis etc. Como he dicho antes, sólo en las verbalizaciones los terapeutas pueden centrar su atención sobre alguna persona del grupo, pero siempre que el objetivo sea facilitar la dinámica grupal. En todo caso habrá un señalamiento para que aquello que el terapeuta crea importante el paciente lo pueda comentar en el espacio individual. De esta forma se evitan desplazamientos de lo que debería vivirse en un espacio clínico a otro, como mecanismo de defensa, lo que algunos autores definen como “acting out”.

Por ello siempre deben producirse reuniones de planificación previas al comienzo del grupo entre los terapeutas para elaborar estrategias de actuación antes de cada sesión, haciendo seguimientos de los pacientes entre sesión y sesión con la información del terapeuta individual. El paciente debe conocer que se va a producir este trasvase de información y dar su permiso para que la confidencialidad y el secreto profesional se mantengan.

En las sesiones no hay que llenar el tiempo de técnicas o “actings” que provoquen experiencias y vivencias intensas, porque lo que interesa no es tanto lo experiencial sino profundizar lo más posible en la toma de conciencia de los límites de la expresión, de la censura, de los miedos, del otro como algo amenazador .Todo esto se tiene que abordar en la dinámica grupal, fundamentalmente durante el tiempo de verbalización. Por eso hay que dejar, en estos grupos, suficiente tiempo para ello, siendo el espacio experiencial bastante más reducido en comparación con su matriz grupal profunda. Por ejemplo si las sesiones duran dos horas, algo más de la mitad se tiene que dedicar a la verbalización para que todos los participantes tengan su espacio de expresión y asociación de lo acontecido durante el “acting” o la herramienta dinamizadora y la posible vinculación con su vida actual. Asimismo la dinámica interactiva tiene que producirse también desde el principio de la sesión, entrando en contacto con las dificultades que pueden tener para mirar al otro, escucharlo, aproximarse, prestando atención a los aspectos personales que se van dinamizando con ello. En este sentido es importante recordar que uno de los objetivos del grupo es reforzar la conciencia social de algunas situaciones que se han ido abordando ya en el espacio individual.

Las sesiones suelen empezar colocándose todos los participantes en círculo de pie y sin hablar, con los ojos cerrados, respirando profundo, tomando contacto con sus sensaciones corporales, con sus tensiones, estado de ánimo... A continuación se les indica que abran los ojos y que se encuentren con la mirada sin perder el círculo. Se pregunta si alguien tiene alguna cosa que manifestar que considere importante para el curso de la sesión, tanto de su vida personal, como en relación al espacio grupal, dejando un tiempo limitado para ello, a partir de lo cual se continúa la sesión siguiendo las indicaciones de los terapeutas.

 

A partir de esa introducción, dinamizamos la sesión utilizando técnicas psicodramáticas focales, de acción corporal inspiradas en los “grupos de encuentro” de W. Shutz (1974) y de otros terapeutas psicocorporales del instituto de Esalen, así como algunos “actings” de la sistemática de grupo que empleamos durante el proceso de la Vegetoterapia Caracteroanalítica (Serrano 1990d) modificados por las exigencias del marco breve. También, de forma puntual, el “ensueño dirigido” en la línea de Asaglioni y de R. Desoille (A. Schutzenberger y M. Sauret, 1977)

Veamos ahora más en detalle algunas de ellas:

 

6.4.3. Técnicas

 

“Encuentro sin palabras”: Paseo inicial por la sala, moviéndose muy despacio, mirándose y sin hablar. Duración: entre 8 y 15 minutos.

Esta técnica se utiliza al principio de las sesiones y cuando sea importante que los participantes contrasten sus sensaciones y percepciones con el nivel de tensión grupal. Permanecer sintiendo esta tensión suele resulta muy duro para algunas personas y para sobrellevarlo tienden a andar rápido, rehuir la mirada, hacerlo de soslayo, sonreír continuamente, quedarse paradas en un punto de la sala, o “abrazar” a todo el mundo expresando su “amor”.

Durante esta experiencia, por regla general, los participantes empiezan a sentirse nerviosos, ridículos, o enjuiciados, poniéndose en marcha mecanismos de defensa social, lo que definimos como la “máscara social “, que tanto tiene que ver con el carácter.

Lo importante es que cada uno va tomando conciencia de la “actuación” de los demás y también de la propia a partir de que el resto del grupo, en el espacio posterior de verbalización, les van comentando la percepción que tenían de ellos, las sensaciones que les producía, lo que les recordaba y con quien lo asociaban. Por ejemplo hay quien le dice a otro participante que le recordaba un robot. En otro caso a un payaso, a otro que su mirada le daba miedo y le recordaba la de su padre, o que veía su mirada triste como la de ella misma. También se pone de manifiesto que hay personas que a lo largo de las sesiones evitan encontrarse con otras.

Otro aspecto a reseñar es que la forma de indicar la acción , tanto en este caso como en general, va a ser muy escueta y concreta para evitar condicionamientos y comportamientos modélicos, facilitando la emergencia de la respuesta espontánea, y por tanto defensiva, caracterial. Porque, una vez más, insisto que nuestro interés no está en provocar experiencias emocionales, sino en analizar y elaborar la forma de la acción, el cómo, la defensa, el foco caracterial, lo cual no significa que no se pueda vivir lo acontecido en las sesiones con emocionalidad.

En el transcurso de las sesiones ese temor inicial, esa emergencia de lo paranoide, al ser una respuesta bastante general se va relativizando, reduciéndose la fantasmática amenaza introyectada del otro, estableciéndose relaciones un poco más yoicas, más cercanas, menos aparentes y distantes. Paulatinamente se comienza a tomar más contacto, a tener otro tipo de sensaciones y de percepción del otro, surgen sensaciones de malestar, de rabia, tristeza, deseo, atreviéndose a manifestarlo desde ese ambiente de afecto y emocionalidad antes descrito. A sabiendas de que la toma de conciencia de la máscara social y las asociaciones que despierta será ya un logro suficiente en la dinámica grupal.

Esta técnica se puede realizar en la primera sesión y sirve también como primer encuentro grupal, previo a la presentación verbal de los participantes.

 

“Afirmación”: Paseo por la sala diciendo “YO”.

Los pacientes han de andar despacio, mirándose, con los brazos ligeramente separados del cuerpo, las palmas de las manos hacia delante diciendo la palabra “YO” con el ritmo y el tono de voz que más se adecue a su estado emocional. Duración: 15 minutos aprox.

Los terapeutas deben advertir que al principio la acción resultará mecánica y repetitiva, pero que eso puede ir cambiando si el foco de atención se centra en la interacción con el resto de miembros del grupo. De hecho vencida esta posición inicial, de nuevo surgen dinámicas defensivas caracteriales, un tono de voz alto y con gesto intimidador, actitud temerosa e inhibida, robótica e indiferente... En ocasiones, se producen encuentros espontáneos entre dos personas concretas del grupo las cuales, a partir de una mayor interacción, suelen entrar en competencia alzando más la voz con cierta agresividad, o por el contrario, establecerse una alianza basada en la simpatía y la risa. Todas estas variables se pondrán en común durante el período de verbalización posterior.

 

“Elección “: Pasear lentamente por la sala encontrándose con el resto de participantes, diciendo “Ven-Vete” al mismo tiempo que abren y cierran las manos, también con el tono de voz y el ritmo que deseen en función de los cambios internos que se produzcan a partir de la interacción grupal. Duración: 15 minutos aprox.

Esta acción facilita el crear asociaciones entre lo vivido en el grupo y las dificultades a la hora de elegir y de definir posiciones afectivas en la vida real, por ejemplo, con la pareja o en el trabajo.

 

“Imitación caracterial”: En círculo, las personas que lo desean imitan a un miembro del grupo que se presta voluntario, eligiendo alguna situación concreta (role playing). Por ejemplo una persona que niega la evidencia de su agresividad pasiva y su ironía, o de su victimicidad, porque no es consciente de ello, se presta a que los demás se lo hagan evidente más allá de la opinión verbal. Siempre y cuando sea reflejo del foco caracterial de ese paciente.

 

“La muralla humana”: El grupo hace un círculo, estando de pie, y una persona voluntaria está fuera. Las personas que están en el círculo representan una muralla humana que limita el acceso al interior de un castillo (interior del círculo) donde se están produciendo cosas importantes e interesantes para todos, por lo cual desean entrar en la fortaleza, pero solo entran los que saben cómo traspasar la muralla. La persona que queda fuera del círculo representa a los que quieren entrar en el castillo.

Durante la realización de esta acción se ponen en evidencia los mecanismos caracteriales que actúan en las dinámicas sociales.

Por parte del solicitante: la seducción, la manifestación de poder, la victimicidad (hacerse la víctima para provocar reacciones paternalistas y “caritativas” para reparar el sentimiento de culpa que las activa), el chantaje afectivo...Siendo también importante lo que se va sintiendo al conseguir o fracasar en la consecución del objetivo.

Por parte de los componentes de la muralla: emergencia del sadismo, de pertenencia a un grupo cerrado excluyendo la entrada del otro, la culpa por no dejarlo entrar, la censura del grupo, la traición por dejar entrar al otro, la indiferencia ante la demanda del solicitante...

Todos estos mecanismos se elaborarán, en cierta medida, como siempre durante la verbalización, haciendo hincapié tanto en los aspectos simbólicos como en los caracteriales. Teniendo en cuenta que con esta herramienta no sólo estimulamos respuestas individuales sino también grupales, de colectivo, entrando en juego aspectos tan importantes como la función del grupo en las acciones sociales, la solidaridad, los conflictos de intereses...Lo cual suele estimular la emergencia de mucho material analítico psicosocial (cómo se consigue un trabajo, cómo ligar con alguien de una pandilla, cómo mantener los intereses de un colectivo institucional, etc.)

 

“Dominador-dominado”: Los pacientes hacen un paseo inicial por la sala durante el cual se indica que vayan eligiendo una pareja. Una vez elegida, se colocan sentados frente a frente, mirándose, con las piernas extendidas, tocándose con las plantas de los pies y agarrándose por las manos. Una de las personas, el dominador, estira los brazos de la otra persona (la cual puede doblar sus piernas durante la acción) hacia su cuerpo, dejando de presionar cuando quiera. A los 3 minutos aprox. se cambia el rol, pasando el dominador a dominado y viceversa. La consigna es que las personas estén abiertas a cualquier tipo de sensación y que expresen y hagan el movimiento en función de lo que sientan. Al terminar hay un tiempo de silencio, donde las personas mirando a su pareja primero, y con los ojos cerrados después, toman contacto con lo que les ha dinamizado esta acción y dejan que surjan asociaciones.

Es evidente que a partir de esta acción se plasma fundamentalmente la dinámica sadomasoquista de gran parte de las parejas de este sistema social, los roles establecidos, la resignación, la rabia, la impotencia, el poder, la violencia... Aunque también suelen darse asociaciones de las dinámicas familiares y laborales, siendo los espacios de verbalización de mucha implicación e intensidad. Por ello es conveniente que esta herramienta se utilice en las últimas sesiones del proceso grupal.

 

“Ensueño dirigido”: Esta técnica la solemos utilizar en la última sesión de algunos procesos grupales para facilitar la emergencia de todo lo que gira en torno al final de la experiencia: la separación, la pérdida, los proyectos... y su posible vinculación con aspectos de la vida real de los participantes.

Uno de los terapeutas da las indicaciones necesarias para que las personas del grupo entren en un estado de relajación desde el cual se les indica que, sin pensarlo mucho, imaginen un viaje con las personas del grupo y con aquellas que quiera elegir cada participante. Pero en ese viaje tienen que aparecer los siguientes elementos: un río, una gruta, una situación de peligro y un final. Durante los 20 minutos que dura esta situación, los participantes están en silencio, tumbados, cómodos, con poca luz y sin ruidos. Al finalizar, las personas van saliendo de su estado de relajación y se da paso a la verbalización final, donde a partir de la exposición del viaje de cada participante, se intentará ver las conexiones con el “viaje grupal”, con el proceso. La sesión termina con una evaluación general por parte de los participantes y de los terapeutas, incluido el observador. A este le corresponde hacer un resumen del desarrollo del sistema grupal en general y señalar algunas particularidades de cada participante incluyendo a los terapeutas.

 

  

  


 


[1] Con la ayuda de Maite S.Pinuaga

 

  

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