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Los
trastornos de personalidad desde la psicoterapia caracteroanalítica
Xavier Serrano Hortelano
RESUMEN
Tomando como referencia la Teoría de Th. Millon y sus coincidencias con la
Teoría psicodinámica y caracterológica, el autor expone la visión
psicosocial y ecológica que se tiene desde el modelo post-reichiano del
sufrimiento emocional y de los llamados "trastornos de personalidad"
ABSTRACT
Taking
like reference the theory of Th. Millon and its coincidences with W. Reich and
the psychodynamic theory and caracterologic theory, the author exposes the
theory psicosocial and ecologic of post-reichian model of the emotional
suffering and the‚ disorders of personality
PALABRAS CLAVE
Th. Millon; W. Reich, trastornos de personalidad, sufrimiento emocional,
estructura, psicoterapia caracteroanalítica, ecología de sistemas humanos
KEY WORDS
Th.
Millon, W. Reich, disorders of personality; emotional suffering;
caracteroanalitic psychotherapy; ecology of human systems
Th.
Millon y los Trastornos de Personalidad
Th. Millon en su libro "Trastornos de la personalidad. Más allá del
DSM-IV", deja claro desde sus primeras páginas que en la actualidad la
presencia de este concepto en la nosología psicopatólogica es palpable y
modifica la perspectiva clínica "En efecto, el formato multiaxial
revisado requiere que el conjunto de los síntomas no se evalúe como una
entidad clínica separada del contexto más amplio del paciente, que incluye
el estilo de relacionarse, comportarse, pensar, sentir y afrontar las
dificultades, es decir su personalidad. " (Millon, 1996). Y también
deja claro que los trastornos de personalidad no son enfermedades, que son
sistemas estructurales, dinámicos, sin posibilidad de "división
estricta entre normalidad y patología "(idem), que pueden ser evaluados
pero no diagnosticados de una forma definitiva y, por último que "los
trastornos de personalidad requieren modalidades de intervención combinadas y
diseñadas estratégicamente"(idem)
Partiendo, entre otras, de estas referencias, propone una clasificación que
me parece muy original y valiosa en cuantoes un intento global de modular
variables distintas. Así diferenciará : "personalidades con
dificultades para el placer(esquizoides, evitación y depresivos);
personalidades con problemas interpersonales(dependientes; histriónicos;
narcisistas y antosociales); con conflictos intrapsíquicos(sádicos,
compulsivos, negativistas y masoquistas) y, por último, aquellos trastornos
con déficits estructurales (esquizotípicos, límites, paranoides y
descompensados"(idem)
Pues bien, junto a la rigurosa elaboración del texto citado, lo que me
resulta sumamente revelador, y gratificante, es que este autor vanguardista y
de referencia académica en su especialidad se base en aspectos teóricos y
epistemológicos ya descritos en la literatura psicodinámica que van desde el
propio S. Freud (1917), pasando por su discípulo W. Reich (1934) hasta llegar
a autores contemporáneos como los psicoanalistas, J. Bergeret(1974) y O.
Kernberg(1975), o los postreichianos, F. Navarro(1989) y X. Serrano(1990). De
hecho algunos de estos autores son citados continuamente por Millon en los
distintos apartados de su obra. Autores, por otra parte, muy poco citados y
consultados en nuestras universidades de psicología o en los masters de
psicopatología.
Con este punto de partida voy a aprovechar estas líneas para, de forma
sintetizada, aproximar sucintamente al lect@r al enfoque que tenemos los
profesionales postreichianos, es decir, aquellos que nos identificamos con el
modelo clínico desarrollado hace ya más de sesenta años por W. Reich desde
el psicoanálisis y que definió como Vegetoterapia caracteroanalítica
(posteriormente orgonterapia[1]),
reforzado y enriquecido por las aportaciones de otros profesionales que hemos
seguido trabajando en esta dirección como O. Raknes y F. Navarro impulsores
de la "Scuola Europea di orgonoterapia", cuna del colectivo que dirijo, la
"Escuela española de terapia Reichiana"(Es. Te. R). Actualmente definimos
nuestra praxis clínica "psicoterapia caracteroanalítica" porque hemos
ido aplicando su teoría a otros campos más específicos (como a la
psicoterapia breve o focal, Serrano, 1992) lo que exigía una definición más
genérica.
W.
Reich: caracter versus personalidad
W. Reich, definió carácter como "la coraza del yo" (Reich, 1925). Con
estos términos hacía referencia al hecho clínico que él fue observando en
su "diván psicoanalítico" de que la mayor o menor violencia familiar
sufrida en nuestra infancia dentro de los sistemas familiar y educativo, así
com el nivel de estres patógeno (distrés) al que nos hemos visto sometidos
en todo nuestro proceso de maduración psicoafectiva desde la vida
intrauterina hasta la adolescencia obliga a nuestro ser, no solo a larvar un
espacio psíquico donde van a refugiarse todas esas experiencias lejos de
nuestra consciencia, y al que Freud llamara inconsciente, sino también a
desarrollar un sistema defensivo estructural conductual y somático o
neuromuscular, que permite y facilita la adaptación a las exigencias de los
ecosistemas humanos de una forma soportable.
Esta evitación del sufrimiento, proceso ya definido por Cannon a nivel
fisiológico como homeostasis, es algo palpable y concreto, pues se evidencia
en nuestra conducta, es decir en nuestro carácter, que coincide con la
definición de "personalidad" de Millon, antes citada, y en las tensiones
crónicas de nuestros cuerpos, la disfunción respiratoria y la distonía
neurovegetativa (cefaleas, astenia, estreñimiento, taquicardias...) que
existe, en mayor o menor medida en tod@s nosotr@s. De ahí que W. Reich
planteara que la normalidad ya implicaba neurosis en este sistema social, y
diferenciara "neurosis caracterial" (con sus actitudes conductuales
masoquistas, compulsivas, fálico-narcisistas o histéricas, cronificadas y
egosintónicas) del resto de psicopatologías que suponían un acrecentamiento
del nivel de sufrimiento con una sintomatología aguda y evidente consecuencia
de que la coraza dejaba de ser funcional en esa persona y en ese tiempo.
Sintomatología señalada y elaborada en manuales como el DSM-IV.
La originalidad de este modelo clínico se basa en la constatación de
nuestra dificultad para vivir el placer y para vivir con placer, así como en
las actitudes que tod@s, en mayor o menor medida, hemos ido adoptando ante la
represión y exigencias distresanes del exerior, y que se reflejan en la
clasificación que Millon realiza en su libro, a saber, conductas evitativas,
sádicas, compulsivas, de dependencia, de disociación, paranoides, histriónicas,
depresivas y narcisistas
Sufrimiento
y trastornos de personalidad desde la psicoterapia caracteroanalítica
El sufrimiento psíquico, emocional, pasa a tener, por tanto, una etiología
claramente social, y por tanto se puede prevenir con cambios en los
ecosistemas sociales, humanos. Sufrimiento, esa insatisfacción, que, repito,
en mayor o menor medida, tod@s tenemos y sentimos, y que en algunos casos, o
en determinados momentos, se acrecientan de tal modo que pasan a ser evidentes
por la "estridencia" de sus síntomas que "irritan" la convivencia
cotidiana. Pero que, en realidad, son momentos de crisis que nos alertan del
peligro de un naufragio total, y, por tanto deberían escucharse porque nos en
esos momentos se están haciendo oír aquellas zonas que suelen estar mudas
pero que condicionan dramáticamente nuestra realidad cotidiana.
Esta visión obliga al profesional de la salud a convertirse, si siente su
oficio, en agente social, en cuanto evidencia en su "diván reichiano",
que ese sufrimiento se podría reducir, que la potencialidad yoica de cada
persona se podría agrandar, y por tanto, se podría recuperar, al menos
parcialmente, nuestro "paraiso perdido", modificando dinámicas
interrelacionales durante la infancia, la adolescencia, incluso en nuestra
realidad como adultos. Porque detràs de nuestra coraza se encuentra nuestra
personalidad potencial por desarrollarse. Pues lo que pensamos que es nuestra
personalidad no es más que la interiorización de la realidad marcada por la
coraza, fenómeno muy bien descrito por Platón en su metáfora de "la
caverna".
Por ello desde la psicoterapia caracteroanalítica, la enfermedad psíquica,
el sufrimiento emocional, y los consiguientes "trastornos de
personalidad", tienen una etiología fundamentalmente social y se articula
durante el proceso de maduración y de integración de funciones de nuestra
específica estructura humana. Por tanto el sistema familiar, como ecosistema
principal durante ese período, -en cuanto que dependemos de él para
sobrevivir-, se convierte en el principal modulador de la enfermedad o de la
salud. Si bien sabemos que el sistema social condiciona enormemente las
condiciones de vida del sistema familiar hasta el punto de que es su
ecosistema. Por tanto para entender la enfermedad tendremos que acercamos a
comprender la lógicas de los sistemas humanos y de su interrelación con los
ecosistemas vitales. Es así como la teoría Reichiana se sitúa dentro del
Nuevo paradigma o "Ecología global "como lo define F. Capra (1996),
porque el conocimiento que adquirrimos en el diván nos sirve para prevenir la
futura patología interviniendo sobre nuestros ecosistemas. Esta es nuestra
labor preventiva y un signo de nuestra identidad. Siguiendo a Reich
"ayudar a recuperar nuestra identidad como animal y como ser
humano", recuperar el instinto, recuperar el conocimiento de lo vivo y
desarrollar ecosistemas y sistemas humanos que faciliten ese proceso. El
proceso de ontogénesis pasa a ser, por tanto, un elemento fundamental tanto
en la prevención como en la clínica, su punto vincular. Porque en nuestra
sistemática clínica con la vegetoterapia caracteroanalítica-orgonterapia
(Navarro, 1983, a, 1989, b) muchos de los movimientos neuromusculares ("acting")
que la persona realiza en el diván son reproducciones de movimientos
musculares espontáneos, "señales" de maduración y de integración
funcional psicosomática durante ciertos períodos básicos de nuestra vida
infantil. Es por ello que a través del acting podemos acceder a recuerdos y
experiencias vividas en ese tiempo.
Desde la experiencia clínica podemos comprender los tipos de relación
patologizante que se establecen en el sistema familiar y que facilitan el
desarrollo de una estructura con una autopoiesis constrictiva (utilizando un término
de H. Maturana dentro de nuestra concepción orgonómica) y, por tanto
degenerativa, a través de la sustitución o bloqueo de las respuestas básicas
instintivas durante el embarazo y el parto que ocasionará disfunciones
neurohormonales y partos clínicos y traumáticos; durante las fases sexuales
facilitando la instauración de la ambivalencia oral y, o, la fijación
triangular edipica; y durante la adolescencia, impidiendo la posibilidad de
desarrollar una estructura humana con una autopoiesis expansiva y en constante
crecimiento, evolución y satisfacción, que Reich describió como Carácter
maduro, o "genital" (siguiendo la terminología freudiana de fases
sexuales, no utilizándose en el sentido literal de la palabra). En este
sentido es importante puntualizar que un parto clínico con forceps o ventosa
es traumático pero lo que realmente provoca una fuerte tensión ocular y
diafragmático es la pérdida de contacto que se puede producir entre la madre
y el bebe, antes, durante y después del parto, siempre que no se compense con
una actitud maternal del padre.. Eso es lo que lleva a que el feto se sienta
arrastrado, perdido y sólo en el vacío "cósmico", roto el cordón
con la nave nutricia. Sabemos que, etiopatológicamente hablando, más que una
situación traumática o disfuncional, lo que influye es el contenido que va
asociado a dicha acción, la impronta emocional, energética, y por tanto el
factor relacional. Y esto ocurre a lo largo de todo el proceso de ontogénesis
(maduración psicoafectiva). Durante el embarazo, el parto, la lactancia (a
través de la fase oral) donde lo esencial y realmente importante no es sólo
que exista lactancia materna sino que se establezca una relación amorosa
dentro del sistema familiar no solo entre la madre y el bebé, sino también
con el resto del sistema familiar, especialmente con la figura del padre,
porque sino hay un tercero el riesgo de fijación del bebé y de
desplazamientos de afectos perversos de la madre hacia el bebe es muy grande.
Detrás de toda disfunción ha habido siempre un problema relacional y por
tanto del sistema, que no se ha podido compensar. Una de las consecuencias clínicas
de esta realidad es que para cubrir los objetivos terapéuticos tiene que
existir un espacio clínico donde se va gestando una relación terapéutica
que facilita el proceso psicoterapéutico. Es esto, por tanto, la base que
fundamenta la importancia del encuadre o "setting"
Vemos pues que, según las particularidades de ese proceso de ontogénesis
constrictivo, cada individuo desarrollará dinámicas estructurales
diferentes, alejadas de la dinámica funcional de la personalidad madura.
Entendiendo por Estructura, "la corporeización de un patrón de
organización"(Prigogine), siguiendo el concepto de W. Reich de
"estructura organísmica".
Desde nuestra experiencia (Serrano, 1990b) observamos tres tipos de
estructura con características no sólo psíquicas (como describe la escuela
analítica francesa de Bergeret) sino también somáticas, emocionales,
perceptivas y existenciales: La estructura de carácter neurótica
(fundamentalmente condicionados por la dinámica triangular edípica patógena
y con una coraza organizada); Estructura Borderline o fronteriza
(fundamentalmente condicionada por la dinámica oral ambivalente patógena,
con un núcleo depresivo o depresivo-sicótico y con una cobertura caracterial
cuya función es mantener una "normalidad" social evitando la
explosión con ese núcleo patógeno pudiendo desarrollar una mínima coraza
organizada) y la Estructura psicótica (fundamentalmente condicionada por una
dinámica oral primitiva patógena que provoca una ausencia de contacto y una
incapacidad de relación con el otro limitando casi totalmente la formación
de una coraza organizada, desarrollando para sobrevivir una caracterialidad
mimética).
Por sus particularidades globales y esenciales estas tres estructuras están
separadas por férreas fronteras marcadas por la propia particularidad. La
batería de pruebas que permitiría diferenciarlas constituye lo que definí
como diagnóstico Inicial diferencial Estructural, D. I. D. E (Serrano, 1990).
sobre el cual considero que es un diagnóstico epistemológico porque pretende
conocer la realidad esencial de la persona, su desequilibrio emocional,
neourovegetativo, energético, vital. Y a partir de ahí cualquier aspecto de
su conducta y de su patología. Pero no tiene sólo presente la sintomatología
psicopatológica, y por tanto no parcializa ni cosifica la realidad de la
persona.
Para el desarrollo del D.I.D.E.
utilizamos los siguientes referentes:.
a) La
predisposición constitucional.
b) El metabolismo orgonótico
(Bioenergía).
c) Relaciones objetales y rasgos de
carácter.
d) Bloqueos y tensiones musculares.
e) Funcionamiento neurovegetativo y
somático.
f) Realidad actual, familiar,
laboral, afectivo-sexual, situación clínica, motivaciones...
Asistencia
Clínica
El diagnóstico de cada estructura exige coherentemente un tipo de encuadre
(setting)
y un tratamiento determinado. En ocasiones nos encontramos (sobre todo en
centros públicos u hospitales) con la necesidad de realizar una atención en
crisis, siendo el único encuadre donde la praxis clínica se realiza sin
tiempo para el diagnóstico. En este encuadre trabajamos siguiendo los
principios de los "primeros auxilios emocionales" de Eva Reich
(1983), de M. Herskowitz (1968), y de aportaciones propias, teniendo presente
sobre todo la hipertensión ocular y la pérdida de contacto, la hipertensión
cervical y los espasmos diafragmáticos. En este encuadre nuestra forma de
estar es activa con un campo energético abierto y por tanto en un estado de
fuerte empatía manifiesta. Y en muchas ocasiones implica un contacto
corporal, un masaje respiratorio y diafragmático, o, y, una actitud
provocativa y en muchos casos paradójicamente "enloquecida" que
permita la mirada del paciente para sentir nuestra empatía.
También vemos la necesidad de llevar un tratamiento específico con las
personas con una estructura psicótica introduciendo al sistema familiar en el
proceso, el psicofármaco en situaciones de crisis y la comunidad terapéutica
también puntualmente. En este caso vemos como la importancia del diagnóstico
se refleja no sólo en el pronóstico o en la indicación del tratamiento sino
también para tener claro el tipo de encuadre.
Por ejemplo, sabemos - después de años de trabajar en clínica profunda-,
que el nivel de personas que dejan la terapia al poco de comenazarla por
resistencias analíticas (fugas terapéuticas) es mucho mayor en la estructura
borderline, en particular en aquellas con cobertura compulsivo-masoquita o fálico-compulsiva.
Para prevenir esto llegamos a la conclusión de que el número de sesiones debía
de ser mayor que en el resto de estructuras y era muy adecuado hacer un
trabajo previo con un encuadre focal o breve que potenciara su nivel de "
insight" y de analizabilidad.
Asimismo nos fuimos encontrando con personas que son atendidas en centros públicos
o que asisten a nuestros centros privados pero no tienen poder adquisitivo,
que no pueden someterse a un tratamiento profundo como el de la vegetoterapia.
Para intentar dar respuesta a ambas situaciones, con algunos colegas fuimos
introduciendo variables propias de la clínica postreichiana (Entre otros, el
análisis del carácter, la vinculación entre hipertensión muscular y reacción
patógena aguda, y la realización de "actings " o movimientos
neuromusculares de tipo "ontogénico") dentro de la tradición clínica
analítica de la terapia breve (Mahler, Balint, Braier...) llegando a
desarrollar una sistemática que definí como "Psicoterapia breve
caracteroanalítica"(P. B. C) (Serrano, 1992). Donde el objetivo es
facilitar la conciencia emocional de aquellos rasgos de carácter que están
ocasionando una disfunción patógena y, por tanto una sintomatología. Esa
toma de conciencia permite gestionar de una forma más funcional y consciente
sus recursos y su realidad. Y al mismo tiempo se reducen los focos de
hipertensión y se libera superficialmente la respiración, aumentando la
receptividad y la sensibilidad. Son objetivos limitados que intentan reducir
el sufrimiento y anular la sintomatología utilizando la crisis como una
herramienta terapéutica aliada del "insight". Pero al ser objetivos
limitado tanto el encuadre como la técnica tienen que ser coherente y por eso
distintos al de la terapia profunda, para evitar la ruptura de las defensas
esenciales, la regresión y la neurosis de transferencia porque no tenemos
tiempo para abordar todo ello, objetivos que sí podemos cumplir con un
encuadre profundo, siguiendo nuestra tradición clínica.
Para ello el terapeuta tendrá una posición analítica pero más directiva,
evitando la inducción y trabajando mucho con los señalamientos, los
contrastes, la libre asociación, y combinando el tiempo de la sesión entre
la posición frontal sentados y el diván para la realización de actings con
un tiempo reducido respecto a la terapia profunda que combinaremos con otras técnicas
corporales estando el paciente tumbado pero vestido. Las sesiones serán
semanales y la duración estará prefijada con una media de veinte sesiones.
Las sesiones individuales se pueden combinar con dos sesiones de grupo al mes
de dos horas cada sesión (o de una sesión de tres horas, en función de las
circunstancias específicas de cada gupo), pero siempre comenzando en la
tercera fase del tratamiento, a partir del tercer mes. Es interesante recordar
que tanto Reich en su obra "psicología de masas del fascismo", como
O. Raknes (1950) se plantearon ya esta opción terapéutica, aunque no
profundizaron en ello.
El
encuadre o "Setting"
Podemos afirmar, que, excepto en las circunstancias antes descritas, el
encuadre o "setting" de nuestra praxis sigue la tradición de la
psicoterapia europea, y por tanto toma como referencia el psicoanálisis. De
hecho Reich se sentía en todo momento dentro de ese movimiento (ver libro:
Reich habla de Freud, 1970). Por ello es un encuadre analítico. Nos
identificamos parcialmente con el psicoanalista Etchegoyen (1986) cuando
recuerda que el setting es "ante todo una actitud mental del analista
y que alberga un contenido, el proceso. Este contenido consiste en la singular
relación entre analista y analizado y se compone de tres elementos:
transferencia, contratransferencia y alianza terapéutica. Para que el proceso
se desarrolle debe existir un marco lo más estable posible, el
encuadre".
En nuestra experiencia, esa actitud, no sólo es mental, sino también
emocional y por tanto energética, analógica, y es el elemento básico del
"diván reichiano". El encuadre, -sin el cual no hay proceso, y por
tanto no se cubren los objetivos clínicos-, se configura a partir de una
sistemática que vehiculiza una serie de técnicas, pero para que sean
funcionales deben estar moduladas por la posición y la forma de estar del
terapeuta. Estando junto al paciente, respetando su ritmo, sin inducciones ni
consejos, sin formulaciones ni recetas sobre aspectos actuales de su vida. Con
esta actitud la persona se siente acompañada, pero al mismo tiempo se
facilita que pueda desplazar afectos que desarrolló con objetos afectivos
históricosa través de lo cual se va estableciendo la transferencia.
En resumen, existirá una suficiente neutralidad , sin que por ello se
pierda la atmósfera empática. En términos de Matte blanco diríamos que el
terapeuta debe saber colocarse en los dos planos de un encuadre analítico: el
simétrico y el asimétrico.
Las sesiones individuales se realizan con el paciente tumbado conel cuerpo
visto y el terapeuta junto a él pero sin invadir su espacio. El número de
sesiones y la perioricidad se determina en función de la estructura pero
suele estar entre un mínimo de una sesión semanal de 50 minutos o una sesión
cada quince días de una hora y media (sesión doble) y un máximo de dos
sesiones dobles a la semana. No hay tiempo establecido (a diferencia del
encuadre de la P. B. C.) para terminar el proceso el cual se producirá, como
cualquier otra situación del encuadre, a partir de un acuerdo entre el
paciente y el terapeuta.
Psicoterapia
caracteroanalítica profunda: Vegetoterapia caracteroanalítica
Una vez establecido el contrato terapéutico, en el caso de un encuadre
profundo, comienza la vegetoterapia caracteroanalítica (orgonterapia): "Cuando
en 1935 se descubrió el reflejo del orgasmo, el acento del trabajo
caracteroanalítico se desplazó hacia el domino somático. El término <vegetoterapia>
representó el hecho de que ahora mi técnica terapéutica influía sobre la
neurosis caracteriológica en el dominio fisiológico. Hablamos de <vegetoterapia
caracteroanalítica>, indicando con ello el trabajo simultáneo sobre el
aparato psíquico y sobre el somático (sistema neurovegetativo). (Reich,
1949 a)
Esta praxis clínica está modulada fundamentalmente por la relación terapéutica
que se desarrolla teniendo muy presente la estructura del paciente. La dinámica
transferencial va acompañada de la activación de recuerdos y de emociones
vinculadas de forma particular al objeto transferencial y al segmento de la
coraza que estamos trabajando. Siguiendo la tradición reichiana (Reich, 1945)
el proceso se realiza de forma cefalocaudal, del primer al séptimo segmento,
porque es la forma en que se han ido estableciendo los bloqueos y las
tensiones, las defensas frente al distress producido en su proceso de ontogénesis,
como ya hemos visto anteriormente. Este abordaje de lo muscular se desarrolla
fundamentalmente a través de la ejecución, por parte del paciente de ciertos
actings neuromusculares que han sido señales moduladoras del proceso
evolutivo infantil, durante un cierto tiempo y durante un cierto número de
sesiones. El tiempo de ejecución de cada acting es de unos 20 minutos.
Durante ese tiempo la persona está centrada en la acción muscular y, en su
respiración, observando las cosas que pasan por su mente en una posición de
atención flotante. Si aparecen sensaciones o imágenes el paciente estará
atento para compartirlo verbalmente luego con el terapeuta comunicando aquello
que recuerde. Asimismo si aparece alguna emoción se abandonará a vivirla
conscientemente. El terapeuta mientras tanto está a su lado, acompañando esa
acción, pero sin intervenir, solo empatizando con lo puede sentir el paciente
y observando sus reacciones involuntarias neurovegetativas , que forman parte
del lenguaje corporal que el terapeuta debe entender. Y en el momento
apropiado contrastar, señalar o analizar, dentro del proceso de elaboración
analítica.
Estos actings se desarrollan de forma secuencial siguiendo la metodología
de F. Navarro (1990) aplicándola en función de las estructuras (Serrano,
1994)) Para tener una referencia práctica, describiré algunos de los actings
que se realizan con el primer segmento : mirar un punto en el techo con la
boca abierta (focalizacion objetal: señal relacional primitiva); mirar un
punto en el techo y después la punta de la nariz (diferencia objetal
primitiva descrita por R. Spitz); mirar a derecha e izquierda (entrada del
tercero, emergencia de lo esquizoparanoide) o mirar en forma circular (relación
grupal, entrada del sistema familiar, realidad social y movimiento que solo
pueden hacer los mamiferos humanos). Existen actings para abordar los siete
segmentos de la coraza muscular descritos por W. Reich que se van dinamizando,
buscando la recuperación de la motilidad vegetativa y la funcionalidad
neuromuscular. No hay muchos actings pero los que empleamos han sido
experimentados y baremada su funcionalidad suficientemente. Por otra parte lo
importante no es la cantidad de movimientos sino la repetición y el análisis
de la forma de realizar ese movimiento que en cada persona será diferente.
Formando todo esto parte del análisis del carácter, entendiendo por carácter
la estructuración defensiva psico-somática, que se va a reflejar tanto en la
conducta con su base psíquica como en la respuesta muscular con su base somática.
De esta manera, no inducimos ni provocamos emociones, ni regresiones, sino que
facilitamos una progresiva conciencia corporal a traves de la cual el sujeto
siente la diferencia entre el yo y carácter, la relación entre la historia y
su conducta actual, sus límites y sus potencialidades y va sabiendo gestionar
su realidad en función de un yo al que le acompaña una coraza -caracter
flexible y basada en el principio del placer y de la expansión, del amor, y
por tanto en la capacidad de entrega y de vivir la experiencia orgástica que
siempre acompaña una mayor capacidad de compromiso social.
Pero esto no es facil, implica sumergirse de alguna manera en "nuestro
infierno", en lo que hay detrás de las resistencias, las pulsiones
reprimidas, con ls consiguientes resistencias que aparecen a lo largo del
proceso condicionando el ritmo y el tiempo del mismo.
Este abordaje individual va acompañado del trabajo de grupo. Esta modalidad
del trabajo en grupo empieza cuando en la terapia individual se ha elaborado
suficientemente el proceso de "separación-individuación ", utilizando el
término de Mahler. Es decir, cuando el paciente ha integrado en su yo los
aspectos negados de su proceso de maduración de su primera infancia y está
capacitado para relacionarse con el "otro", pudiendo abordar todos los
conflictos que esa persona fue encontrando en su proceso de integración
social (familia amplia, escuela, pandillas,...). Esto suele coincidir desde el
punto de vista neuromuscular cuando en el trabajo de desbloqueo cefalocaudal
se empieza a trabajar el tercer-cuarto segmento. Son grupos mixtos de 12-14
personas con dos coterapeutas de distinto sexo con una sesión mensual durante
dos años (lo social es concreto y como tal el espacio grupal tiene un tiempo
de duración) y donde el sistema grupal desarrolla su propia matriz para
trabajar dinámicas sociales conflictivas como los conflictos de género, la
paranoia social, los roles, el miedo a la autoridad, el individualismo, la
dificultad de asumir responsabilidades sociales y la identidad grupal.
Dentro de una sistemática propia (Serrano, 1997, d) se utilizan las
referencias del grupoanálisis de Foulkes. del psicodrama de Moreno junto a técnicas
psicocorporales Pero el objetivo fundamental es que los participantes a través
de la matriz grupal y de los conflictos que se desarrollan en ese grupo tomen
conciencia de los conflictos sociales que viven en su vida real, y que, entre
todos, encuentren formas de resolución. Es una forma muy importante de
adquirir la "identidad social o del colectivo", algo tan carente en
nuestro sistema social.
Teniendo presente que ese espacio grupal es una herramienta convergente de
la vegetoterapia individual y en función de esa tesis se desarrolla la praxis
de los terapeutas.
Por último señalar que el sufrimiento emocional y, por tanto algunos
trastornos de personalidad, exigen un abordaje interdisciplinario al ser
necesario combinar la psicoterapia individual con la terapia de pareja o la
asistencia familiar, y en este sentido vemos necesario la aproximación de
profesionales que desde distintos modelos y experiencias clínicas podamos
abordar cada día de una forma más funcional y deontológica el sufrimiento
psíquico y emocional de las personas que atendemos en nuestros espacios clínicos.
Lo cual nos conducirá, necesariamente, a cuestionar y revisar nuestros
propios límites y sufrimientos y a poner medios personales y colectivos para
prevenirlos y evitarlos. Y consecuentemente también nos veremos impulsados a
desarrollar una praxis preventiva asistencial que he definido como "ecología
de sistemas humanos", a través de la cual, es posible, que en algún
momento futuro -como decía mi Didacta F. Navarro-, vivamos en una sociedad
donde nuestra función clínica ya no fuera necesaria.

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[1] Nombre dado por W. Reich
en 1937 a su forma de trabajo psicoanalítico al incorporar la
tesis de que
"cada rigidez muscular contiene la historia y el significado de su
origen", dando especial importancia
a la vinculación entre la
conducta de cada persona y su carácter su forma de respirar y sus tensiones musculares,
hipótesis mantenida por la idea de que
la neurosis caracterológica se reflejaba en la disfunción
neurovegetativa, es decir del
sistema nervioso vegetativo que es el sistema que rige el mundoemocional y
el movimiento pulsatil e involuntario de los órganos vitales.
Comenzando así la medicina psicosomática. En 1945 la definió como Orgonterapia,
buscando una palabra que no produjera una división entre sique
y soma:"Abarcaba el análisis del caracter y la vegetoterapia"(Reich,
1945) y el objetivo clínico era recuperar la capacidad de pulsación
biológica, vital,
la recuperación de la libre corriente vegetativa que integra,
a través de la emocionalidad, la sique y el soma, " y cuya
medida de funcionamiento se encuentra en el denominado "reflejo del
orgasmo porque es donde se expresa la función de la energía biológica,
bioenergética, orgónica"(idem 1942). Pero el cambio de nombre no
modificó básicamente la
terapéutica, si bien se combinaba con otros tratamientos,
como el OR. Ac, o
acumulador de energía
orgónica. Por ello F. Navarro fue partidario de seguir empleando el término
Vegetoterapia hasta que no se hubiera avanzado más en las investigaciones
del orgón(nombre dado por W. Reich al concepto de energía vital,
o prana, "elen
vital", Chi...)
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