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LO PSICOSOMÁTICO COMO FENÓMENO EMERGENTEManuel Redón BlanchMédico, psicoterapeuta. Orgonterapeuta Trainer. Presidente de la I.F.O.CJornadas XX Aniversario de la ES.TE.R - Valencia (Abril 2005)
Mi aportación a esta mesa sobre el futuro de la intervención clínica se centra en los procesos psicosomáticos y particularmente en la relación con el cuerpo enfermo. En estos albores del siglo XXI es necesario analizar los límites que las Ciencias de la Salud han arrastrado durante el anterior siglo con el objetivo de constituirlos en los ejes que es necesario transformar de cara al futuro. Uno de estos límites se refiere a la escisión cuerpo - mente. Escisión que no se ha resuelto y continua siendo un conflicto vivo que limita las intervenciones que desde la Psicología y la Medicina se desarrollan en la atención al ser humano que sufre. Es absolutamente necesario: integrar - fundir - encontrar - hacer operativos los aspectos que se movilizan en todo acto terapéutico, por supuesto que también en el acto médico. Así mismo la superespecialización como valor sanitario supremo, lleva a olvidar una visión más global y favorece un desarrollo piramidal y jerárquico. La escisión privilegia lo técnico frente a lo relacional. La relación terapéutica es la gran olvidada.
Para paliar este riesgo tenemos que ser capaces de fomentar la integración, necesaria para no favorecer acciones excesivamente parciales en lo que tiene que ver con el sufrimiento humano: - Todo lo que acontece en el biosistema humano es psicosomático y está fuertemente influenciado por el entorno sociocultural, económico y político. Desde la aceptación universal de la salud como bienestar psíquico, somático y social, la visión psicosomática ha dejado de ser un patrimonio de algunas orientaciones en la psicología y la medicina, para estar inscrito en la base de toda relación de ayuda. - La realidad del ser humano que sufre porque está enfermo es una realidad global, holística, de múltiples planos que se entrecruzan. Se ha roto su equilibrio anterior y toda su vida cotidiana, sus relaciones, su trabajo, sus ritmos biológicos, etc., están alterados, provocando una mayor o menor sensación de malestar y por lo tanto también la intervención sanitaria, la intervención desde la ayuda, tiene que recoger esa realidad y devolver una atención que primero conozca y después proponga intervenciones contando con todas las áreas afectadas.
Hay que contemplar la realidad del ser humano enfermo en su globalidad para poder tener una acción realmente individualizada: La vitalidad de cada uno, no siempre ligada a lo cronológico, nuestra particular forma de pulsar y la tendencia a formas específicas de reacción, los ritmos biológicos de cada persona, la historia y sus condicionantes, grado de incidencia medioambiental, etc., configuran un terreno propio que nos hace más o menos vulnerables a las diferentes agresiones. Integrar esta noción de terreno es imprescindible en toda práctica que busque restablecer un funcionamiento más saludable, ya que configura lo particular de cada proceso: No es lo mismo el deterioro momentáneo de un sistema en una globalidad potente y vital y que por lo tanto requerirá una intervención mínima que reconduzca, sin interferir, la reacción sanadora autónoma, ya que existe un buen sistema de compensación. Que un biosistema que en su núcleo está debilitado y que requiere un proceso de profunda reestructuración para encontrar un equilibrio duradero. Si nos limitamos a recetar mecánicamente un fármaco, o un remedio homeopático, o una tisana, o una relajación, cuando intentamos ayudar a una persona enferma, es muy posible que estemos - obviando o negando - todo un universo de circunstancias que están incidiendo sobre el biosistema de esa persona, lo que nos lleva a desperdiciar una ocasión preciosa para ayudar a despejar los factores agresores que han favorecido la enfermedad y conseguir un nuevo equilibrio más estable. Esta intervención basada únicamente en suprimir los síntomas nos priva de la información del sentido de la enfermedad y de sus enseñanzas. Ciertamente tenemos que aliviar, pero también dejar espacio-tiempo para que el ser humano encuentre sus propios medios de curación. Los medios para lograr una nueva situación de equilibrio. La integración presenta así mismo una vertiente política ya que no podemos obviar que vivimos en una sociedad enferma, una sociedad que no favorece la salud. Una sociedad con un modelo de relaciones económicas, urbanísticas y medioambientales que suponen una continúa agresión estresante en exceso sobre todo lo vivo - incluida Gaia en su conjunto - . Agresión que deteriora el terreno y nos hace más frágiles y más expuestos al desequilibrio. Así mismo integrar y respetar en lo que hace referencia a la atención al ser humano que sufre, pasa por resaltar la función de la relación en todo acto terapéutico. Una relación que está basada en la necesidad de ayuda en un momento existencial en que el equilibrio se ha quebrado, en donde se atraviesa una experiencia de sufrimiento y una alteración de la sensibilidad y de la percepción de uno mismo, que requieren una actitud en el otro de profunda humanidad. Hay que recuperar el acto terapéutico en su más amplia expresión, como un contacto humano, alejado de la distancia y de la relación mecanicista y puramente técnica. Para que la relación sea de calidad y por lo tanto favorecedora de la sanación es necesario: el con - tacto afectivo y energético que de seguridad y complicidad y ayude al otro a "apoyarse en nuestras manos", la receptividad suficiente para que disminuya la contracción que acompaña al sufrimiento y se establezcan vínculos auténticos de comunicación, tiempo para que la escucha nos permita percibir los movimientos emocionales, y un espacio donde ubicar las angustias y ansiedades desatadas. Una relación terapéutica que esencialmente sea una relación humana de calidad, de respeto, de rigurosidad y de paciencia para que el nuevo equilibrio surja desde dentro, como un proceso activo. Para que el "paciente" pueda ir saliendo de la pasividad del que padece y sufre una dolencia e ir recuperando el protagonismo de su propio cuerpo, de su propia historia, objetivo de toda relación de ayuda. Ciertamente para poder favorecer esta relación de calidad, hace falta que los profesionales sanitarios tengamos tanto una suficiente "cualificación personal" como para poder acercarse a la persona sufriente desde el contacto y la empatía, y también una "capacitación profesional" como para entender que el síntoma y la enfermedad, acontecen como una crisis en un biosistema con una historia y una realidad actual, que comprendidas ayudan a integrar el "sentido de la enfermedad" en ese momento biográfico. Un factor añadido y que hace más necesaria la integración de saberes y la importancia de contemplar la relación terapeútica se encuentra en el hecho de que muchos pacientes que sufren dolencias psicosomáticas padecen una grave dificultad de contacto con su mundo interno, con sus emociones y sentimientos más íntimos. Su discurso es un discurso directamente somático: el cuerpo habla y dice lo que la persona no puede expresar por otros medios. Es como si el acceso a la "palabra sentida" estuviera cerrado. Como si todo el peso de la balanza psique - soma se hubiera desplazado hacia el polo somático. Es aquí donde los profesionales nos encontramos con la necesidad de ir favoreciendo un mayor equilibrio a través de la "desomatización" y por lo tanto, del trasvase de energía hacia la esfera psíquica. Así mismo esta fuerte defensa a sentir, se transforma en resistencia al cambio y obliga al profesional a tener una postura flexible para poder ir sorteando este obstáculo: permitir el contacto con lo emocional y descongestionar la presión sobre el cuerpo. Se trata en definitiva de abrirse delicada y respetuosamente a la emoción contenida para que la pulsación vital se amplíe. Por último, en el acercamiento a este tipo de pacientes, el profesional tiene que estar atento a sus propias respuestas emocionales. Es más importante si cabe "ser terapeuta" y no solamente "hacer de terapeuta", para favorecer un contacto humano real y vivir la relación terapéutica con el placer de realizar una función que nos humaniza. Por otra parte el contacto con el sufrimiento y la desesperanza velada que muchas veces acompañan a estos procesos terapéuticos puede propiciar: resignación y desesperanza también en el terapeuta al comprobar que su ayuda será limitada, posiciones más desimplicadas tendiendo a la intelectualización con retirada del contacto próximo, y también omnipotencia intervencionista que resta posibilidades de autonomía al enfermo. Para concluir quiero añadir dos precisiones sobre la orientación que la intervención terapéutica tiene que ir asumiendo en este proyecto de relación de ayuda más humanizada. Así pues tenemos que reflexionar sobre:
--> ¿Qué entendemos por enfermedad? Y así, para favorecer una mayor autonomía y no propiciar una excesiva sumisión a la tecnología sanitaria, será necesario promocionar la educación para la salud y no considerar enfermedades los procesos de cambio naturales en el biosistema humano: nacimiento, embarazo, momentos de cambio hormonal, envejecimiento, muerte, etc. --> momentos críticos pero necesarios para alcanzar nuevos equilibrios. Las intervenciones tienen que ser aliviadoras, favorecedoras del proceso natural, mitigadoras de los bloqueos, receptoras de las angustias, etc., pero no solo supresoras y suplantadoras del momento vital.
--> ¿Qué entendemos por terapia - por medicamento - por fármaco? A mi entender la visión integradora también tiene que imbuir este apartado y terapia será todo aquello que favorezca el reencuentro con un refuerzo del terreno que le permita resolver el momento crítico. Desde: - El propio profesional y su actitud hacia el sufrimiento, como remedio al permitir un espacio de escucha. - Integración de lo alternativo - complementario en la práctica cotidiana, ya que muchos procesos son funcionales y con intervenciones mínimas se alcanzan los objetivos: homeopatia, alimentación, acupuntura, arte,... - La psicoterapia propiamente dicha, como eje conductor de toda relación terapéutica, aplicada en el nivel de profundidad y con los medios adecuados a cada situación.
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