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¿Por qué psicoterapia caracteroanalítica?

Xavier Serrano Hortelano

Extraído del libro: "La psicoterapia breve caracteroanalitica (PBC)"

Edit. Biblioteca Nueva, 2007

   

  

Dejando claro , en base a lo expuesto anteriormente, que nuestra identidad profesional es de “orgonterapeutas” y que nuestra posición clínica es “psicoterapéutica”, me pareció coherente definir nuestra praxis como “Caracteroanalítica” porque su encuadre (setting) breve es “ analítico” y su foco de atención es el “carácter”.

Esto significa que tenemos unos objetivos clínicos “terapéuticos”, es decir pretendemos que el paciente alivie su sufrimiento, desaparezcan sus síntomas y recupere dinámicas vitales más saludables. Pero para alcanzarlos tendremos en cuenta estas dos variables: la posición del especialista y los medios clínicos que utilicemos.

  

a) Nuestra posición deberá reflejar la perspectiva psicoterapéutica y el setting analítico breve del que partimos. Lo cual significa que nos identificamos y aplicamos a un marco breve “...los pilares maestros de la teoría psicoanalítica: La existencia de los procesos psíquicos inconscientes, el reconocimiento de la teoría de resistencia y de la represión, la valoración de la sexualidad y del complejo de Edipo “(Freud 1923), así como el papel central que tiene el fenómeno de la “transferencia” (Freud 1912). De ahí que sea fundamental para nosotros establecer una relación terapéutica, intervenir de manera que sea la persona la que vaya tomando conciencia de sus procesos internos, así como otras formas de actuar que ya he reflejado en páginas anteriores y en las que seguiré profundizando más adelante.

  

b) De igual manera los medios clínicos se derivarán de ese “setting” analítico y también de su foco de atención, el “carácter”. Lo cual significa que emplearemos herramientas “psíquicas” y “corporales” en cuanto que W. Reich al definir el término “carácter” como la “coraza del yo”(Reich, 1936), unificó en ese concepto la dualidad psicosomática. Eliminando la disociación semántica existente a la hora de describir las defensas psíquicas y las reacciones somáticas, lo que corresponde al “cuerpo” o a la “mente”. Porque el disturbio energético afecta, en mayor o menor medida, tanto al sistema psíquico como al somático, ya que desestabiliza el equilibrio defensivo (la coraza), es decir, el carácter. A sabiendas de que ese equilibrio, o “neurosis caracterial”, egosintónica implica “per se” un estado patógeno asintomático pero que merma el yo, distanciándolo de sus potencialidades:“La falta de comprensión de la enfermedad no es un indicio absolutamente seguro, pero sí esencial, de la neurosis caracterológica. El síntoma neurótico se experimenta como un cuerpo extraño y crea una sensación de estar enfermo. En cambio el rasgo neurótico de carácter, tal la exagerada tendencia al orden del carácter compulsivo o la angustiada timidez del carácter histérico, están incorporadas orgánicamente a la personalidad. Uno puede lamentarse de ser tímido, pero no se siente enfermo por ese motivo. El individuo no se siente enfermo hasta tanto la timidez caracterológica se convierte en un ceremonial compulsivo, esto es, hasta que el carácter neurótico no se exacerba en cuanto a sus síntomas” (Reich, 1933)

  

Por tanto con el término “caracteroanalítico” se está manteniendo la coherencia del encuadre analítico teniendo presente las aportaciones del discurso funcional reichiano y de la “identidad psicosomática” sin necesidad de hablar de terapia corporal, psicocorporal, o de somatoterapia, que de alguna manera están reflejando esa disociación :“La psique y el soma son dos entidades independientes, mutuamente interrelacionadas (paralelismo psicofísico).Veo la interacción dinámica de la psique y el soma como una identidad funcional psicofísica. Parecería un sin sentido hablar de dos procesos separados y autónomos que obedecen sus propias leyes, o de una dependencia parcial de uno sobre otro. Más bien, intentaremos probar que, las funciones psíquicas y somáticas primarias son absolutamente idénticas, considerándolas como procesos básicos vitales, y que bajo ciertas circunstancias se dividen en funciones contradictorias -por lo que debemos hablar de una dualidad funcional antagónica”. (Reich, 1934, c)

  

Es, por tanto ,una psicoterapia cuya actuación se basa en el reconocimiento del carácter como clivaje defensivo por un lado y como resistencia por otro, y no en el síntoma clínico en sí mismo. Veamos la diferencia entre ambos tipos de praxis analítica con un ejemplo del propio W. Reich:

“Con fines de orientación y a las efectos de esbozar las diferencias esenciales entre el análisis del carácter y el análisis de síntomas, permítasenos suponer dos pares de pacientes, para su comparación. Imaginemos que tenemos en tratamiento al mismo tiempo dos hombres que sufren de eyaculación precoz: uno posee un carácter pasivo-femenino y el otro, fálico-agresivo. También tenemos en tratamiento dos mujeres con una perturbación digestiva: la primera es un carácter compulsivo y la segunda una histérica.

Supongamos además que la eyaculación precoz de ambos hombres tiene el mismo significado inconsciente: el temor al pene paterno en la vagina de la mujer. En el análisis, y partiendo de la angustia de castración que constituye la base del síntoma, ambos pacientes producen una transferencia paterna negativa. Los dos odian al analista (el padre) porque ven en él el enemigo que frustra su placer; los dos abrigan el deseo inconsciente de deshacerse de él. En otra situación, el carácter fálico-sádico se resguardará del peligro de la castración mediante insultos, desprecios y amenazas, mientras el carácter pasivo-femenino aumentará continuamente su pasividad, su sometimiento y afabilidad. En ambos pacientes, el carácter se ha convertido en una resistencia: uno esquiva el peligro con métodos agresivos y el otro trata de evitarlo mediante un sometimiento engañoso. Va implícito en todo esto que la resistencia caracterológica del paciente pasivo-femenino es más peligrosa, pues trabaja con medios escondidos: produce abundancia de material, recuerda toda suerte de experiencias infantiles, en pocas palabras, parece cooperar espléndidamente. En realidad, sin embargo, disimula un rencor y un odio profundos; mientras mantenga esta actitud, no tiene el valor de mostrar su ser real. Si ahora nos concentramos en lo que este paciente produce, sin prestar atención a su forma de comportarse, ningún intento analítico podrá modificar su condición. Puede incluso llegar a recordar el odio hacia su padre, pero no lo experimentará a menos que interpretemos en forma consecuente el significado de su actitud de disimulo antes de comenzar a interpretar el significado profundo del odio hacia el padre.

En el caso de segundo par de pacientes, supongamos que se ha desarrollado una aguda transferencia positiva. El contenido central de esta transferencia positiva es, en ambas, análogo al del síntoma, vale decir, una fantasía de fellatio oral. Pero aunque la transferencia positiva tiene el mismo contenido en ambos casos, la forma de la resistencia transferencia será muy distinta: la paciente histérica mostrará, digamos, un silencio angustiado y un comportamiento tímido; la compulsiva, un silencio rencoroso o una conducta fría, altanera. En un caso se esquiva la transferencia positiva mediante la agresión; en el otro, mediante la angustia. La forma de esta defensa será siempre la misma en la misma paciente: la histérica se defenderá siempre con angustia y la compulsiva, con agresividad, no importa cuál de los contenidos inconscientes esté a punto de irrumpir. Esto es, en un paciente la resistencia caracterológica es siempre la misma y sólo desaparece con las raíces mismas de la neurosis.

La defensa narcisista encuentra en la coraza caracterológica su expresión concreta crónica. Además de las resistencias conocidas que se movilizan contra cada nuevo trozo de material inconsciente, debemos reconocer un factor constante de naturaleza formal, originado en el carácter del paciente. Debido a este origen, denominamos tal factor de resistencia constante y formal, <resistencia caracterológica>.

Resumiendo, los aspectos más importantes de la resistencia caracterológica son los siguientes:

La resistencia caracterológica no se expresa en el contenido del material sino en los aspectos formales del comportamiento general, en la manera de hablar, de caminar, en el expresión facial y las actitudes típicas tales como sonrisa, burla, altanería, excesiva corrección, la modalidad de la cortesía o la agresión, etc.

Lo específico de la resistencia caracterológica no es lo que el paciente dice o hace sino cómo habla y obra, no lo que denuncia en un sueño sino cómo censura, distorsiona, etc.

La resistencia caracterológica es siempre la misma en el mismo paciente, sin importar cuál sea el material al que va dirigida. Caracteres diferentes presentan el mismo material de manera distinta. Así por ejemplo, una paciente histérica esquivará la transferencia paterna positiva en forma angustiada; la mujer compulsiva, de una manera agresiva.

La resistencia caracterológica, que se expresa formalmente, puede ser comprendida en cuanto a su contenido y puede ser reducida a experiencias infantiles e impulsos instintivos, tal como sucede con los síntomas neuróticos (Mediante la comprensión de este hecho, el elemento formal queda incluido en la esfera del psicoanálisis, que hasta ahora se centraba primariamente en el contenido).

Durante el análisis, el carácter del paciente pronto se convierte en una resistencia. Esto es, el carácter desempeña en la vida corriente el mismo papel que en el análisis: es un mecanismo de protección psíquica el individuo está <caracteriológicamente acorazado> contra el mundo exterior y contra sus impulsos inconscientes”. (Reich.1933)

 

4.2. CARACTER Y ESTRUCTURA

  

Evidentemente con el paso del tiempo los conceptos citados se han visto enriquecidos por las observaciones y resultados de la praxis clínica de muchos especialistas que al comunicarlos nos hemos visto todos beneficiados.

En este sentido creo importante aclarar que, si bien con el concepto “carácter” estamos refiriéndonos a una característica que forma parte de la persona, y por tanto genérica, actualmente pensamos que, siendo coherentes con la realidad clínica, es preferible utilizar el concepto de “rasgo de carácter”. Mientras que “carácter” lo emplearemos para referirnos a la suma de defensas psicosomáticas de aquellas personas que tengan una Estructura Adaptativa-Neurótica o Nuclear-Fronteriza . Esto se debe a que las personas con una Estructura Mimética-Psicótica no han podido organizar un carácter (coraza) porque la experiencia primitiva que vivieron, durante el llamado por W. Reich “periodo crítico biofísico”, fue tan dura y distresante que vieron mermada su capacidad defensiva neuromuscular y psíquica. Para sobrevivir utilizaron mecanismos energéticos, neurohormonales y perceptivos, entre ellos algunos “rasgos de carácter”, al mimetizar formas conductuales de las personas afectivamente más próximas. Todo lo cual configuró las particularidades sistémicas de esta Estructura ( Serrano,1993 a)

Por ello podemos decir que todas las personas tenemos “rasgos de carácter”, pero no todas tienen “carácter”.

A pesar de lo cual creo que es coherente utilizar el término “psicoterapia breve caracteroanalítica” porque, como veremos posteriormente, en las personas con Estructura Mimética-Psicótica la P.B.C. tiene unos objetivos diferentes y por tanto su actuación se sale de los moldes que le caracterizan.

Vemos pues que cada rasgo refleja una particularidad del carácter del sujeto; supone una forma de estar y de desenvolverse. Siguiendo a F. Navarro (1983,b) cada rasgo de carácter es la solución que el sujeto ha encontrado para alejar una situación conflictiva que le provocaba angustia. No puede hablarse de unos caracteres puros sino de un conjunto de rasgos de carácter. Así, hay rasgos de carácter de tipo histérico, fálico narcisista, masoquista, compulsivo, etc...

 

  

   

   

   

  

   

 

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