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La psicoterapia ante el sufrimiento emocionalXavier Serrano HortelanoCapítulo 1 del libro: "La psicoterapia breve caracteroanalitica (PBC)"Edit.
Biblioteca Nueva, 2007
1.1.Enfermedad, síntoma y
sufrimiento emocional
Hace unos días Ángeles celebró su 37
cumpleaños. En general está satisfecha con su vida. La relación con su marido
es estable y agradable. Tienen una hija de 8 años a la que aman y se siente
bien con su trabajo en una empresa de transportes. Pero, desde hace algunas
semanas muchas noches se despierta a las 5 de la mañana empapada en sudor, con
taquicardia y asustada. Imágenes catastróficas invaden su mente :su hija se
ahoga, su marido tiene un accidente, sus padres fallecen... O bien se llena de
pensamientos que cuestionan el tipo de madre, hija o amante
que es , sintiéndose después cansada y fracasada. No le cuenta a nadie esta experiencia,
como tampoco habla de sus dolores de cabeza, su agotamiento casi constante y
esas ganas de llorar que le aparecen sin más ni más a lo largo del día. Últimamente
ha ido más allá y se provoca vómitos después de alguna comida, consume mas
alcohol y siente como va perdiendo el apetito sexual. Se preocupa más que antes por las
cosas que ocurren a su alrededor y no sabe como resolverlas, creándole ansiedad
, confusión y rabia . Cuando repasa su vida, en ocasiones se
pregunta si le habrá influido de alguna manera el hecho de que con seis meses
sus padres la dejaran con sus abuelos para irse a vendimiar a Francia, o las riñas
y castigos de su abuelo cuando sacaba malas notas... Sabe que algo le ocurre
pero no puede concretarlo ni tampoco modificarlo. No quiere ir al médico porque intuye
que la va a mandar al psiquiatra y no quiere tomar pastillas. Conoce amigas que
están a todas horas con sus “píldoras” y le dan la sensación de estar
“enganchadas”. Lo de ir al psicólogo le resulta fastidioso porque no le
gusta contar sus intimidades a nadie. Además, no está loca y piensa que debe y
puede solucionarlo sola. Pero su mutismo, su soledad y su
sufrimiento siguen en aumento... En nuestra sociedad ese sufrimiento íntimo
y sordo que vive Ángeles es algo habitual. Como lo es su reacción. Cuando nos duele algo o tenemos síntomas
físicos nos resulta fácil y natural acudir a nuestro médico. Pero por esas
otras cosas, que son mas invisibles, no tanto. Pensamos:”Seguramente son
normales”...”Nos ocurre a todas las personas antes o después... Será el
estrés, la edad, las preocupaciones”...”Tal vez con unas vacaciones…” Son esos casi cotidianos estados
depresivos, angustia existencial, miedos, obsesiones, pensamientos recurrentes,
insatisfacción sexual… por los que vamos dejando de sentirnos alegres y
perdemos progresivamente nuestra sensibilidad y capacidad afectiva. Las muestras
de afecto son cada vez mas escasas o forzadas. Todo nos parece anodino, repetitivo ,
absurdo... Nos ocurre a la mayoría de personas,
en mayor o menor medida, sin por ello llegar a alterar nuestro funcionamiento
cotidiano y, puesto que es algo frecuente en nuestro entorno, acabamos aceptándolo
como normal. Pero estos síntomas de sufrimiento
emocional no son propios de nuestra naturaleza humana, y por tanto, si aparecen
debemos prestarles atención, y solicitar la ayuda pertinente,no sólo para
cambiar ese estado de cosas, sino para prevenir las enfermedades que pueden
estar larvadas tras ellas y que llegan a provocar estados más graves, en los
cuales nos encontramos bloqueados, extraños, confusos, o invadidos por
pensamientos e impulsos que no controlamos y que laceran nuestro orden
establecido. Melancolía, ideaciones de suicidio,
impulsos agresivos, miedos que llegan al pánico, trastornos sexuales, amenazas
infundadas, percepciones perturbadas hasta llegar al delirio o la alucinación...
Todo ello relacionado, en muchos casos, con esos otros sufrimientos visibles, fácilmente
objetivables a través de las pruebas pertinentes (análisis clínicos,
radiografías...) y por los que sí solemos buscar ayuda: cefaleas, problemas
respiratorios, alergias, colon irritable, dolores de estómago, malas
digestiones, estreñimiento, hemorroides, varices, dolores musculares,
lumbagos… Generalmente esa imbricación entre
sufrimiento emocional y trastornos somáticos, o bien se ignora, o se aborda de
un modo parcial y un tanto ilusorio. Por ejemplo, cuando un paciente acude a un
centro de salud con un cuadro fóbico de miedo a los espacios cerrados que está
limitando su actividad profesional y social, generalmente el psiquiatra le
mandará un ansiolítico o antidepresivo para reducir su angustia y el psicólogo
le ayudará a modificar sus hábitos conductuales y sus procesos cognitivos
hasta conseguir erradicar esa limitación. Sin embargo no se suele abordar la
relación que pueda tener ese síntoma con las predisposiciones o dolencias físicas
que seguramente padece, o con los problemas de pareja, familiares o laborales
que seguramente sufre. Lo mismo ocurre con otras
especialidades médicas ,donde ciertas patologías están condicionadas pro
factores emocionales y psicosociales. Por ejemplo, ante un trastorno
cardiovascular. Creo que no es del todo real ,pensar que se ha curado a una
persona que ha tenido un infarto cardíaco solo porque la intervención haya
sido exitosa y , después de haber estado unos días atendido en el hospital
regulando sus funciones vitales, se mantenga normalizado y se le da el alta, sin
haber puesto en marcha una estrategia de intervención clínica sobre las
posibles causas psicosomáticas que puedan haber influido en esa respuesta patológica.
En ocasiones ni tan siquiera se pregunta al paciente por sus preocupaciones, por
su actividad laboral, social o familiar, con el fin de detectar posibles focos
de angustia (llamados “moduladores de estrés”) que puede estar viviendo
debido a presiones internas o externa y de los que, tal vez, ni la misma persona
es del todo consciente. El corazón se ve afectado y no se suele ver la relación
que tiene con su sufrimiento emocional. Seguramente sea porque no hay
condiciones infraestructurales propias que permitan establecer una mínima
relación terapéutica a través de la cual se pueda comunicar, o bien porque
tocar esos temas “escabrosos” e íntimos resulta también conflictivo para
el profesional. En cualquier caso, el hecho es que la realidad de nuestra
intervención médica queda así muy limitada y resulta parcial. Es evidente que el profesional de la
salud no puede influir directamente en un conflicto laboral que conduce a una
persona al paro laboral, en las exigencias y objetivos de logro que le marca su
empresa, en la soledad afectiva ni en tantas situaciones sociales que provocan
dinámicas de embrutecimiento emocional, distrés y vacío existencial. Pero sí
podemos abordar su sufrimiento, acompañarla , y ayudarle a que tome conciencia
de algunos aspectos de su realidad interna y de la realidad social, de su carácter,
sus condicionantes históricos inconscientes, y de otras cosas que le permitan
gestionar mejor su realidad y sus posibilidades humanas. Adquiriendo una mayor
capacidad para afrontar las dificultades y los conflictos, tanto a nivel
individual como de forma colectiva , ampliando su capacidad de resolución y
goce. En mi opinión esto si es competencia del ámbito de la Salud y podría
hacerlo, en mayor o menor medida, cualquier profesional. Pero para ello es
necesario adoptar ,más allá de la especialidad sanitaria, una posición
“psicoterapéutica”. Lo cual no se suele enseñar. Ante este estado de cosas las
instituciones académicas también tienen su responsabilidad, porque en nuestra
sociedad occidental cada vez más especializada, los profesionales de la salud
recibimos una formación donde el foco de atención son los síntomas visibles
que muestran una enfermedad concreta, y no el enfermo. Lo que predispone a una
praxis certera y efectiva en muchos aspectos, pero parcial y sesgada. Se olvida
la funcionalidad psicosomática del ser humano y los factores psicosociales que
influyen en su perturbación, así como las fuentes teóricas que lo demuestran.
1.2.Surge la psicoterapia A lo largo de la historia de la
humanidad, filósofos y médicos como Hipócrates, Galeno, Paracelso… se han
aproximado a la comprensión de la enfermedad a partir del conocimiento de la
persona que la sufre, sus hábitos higiénicos y alimentarios, su conducta
social, sus relaciones familiares y laborales, su forma de pensar, de sentir, de
comunicarse. Pero no será hasta el siglo XX cuando S. Freud mostrará de forma
empírica y por tanto científica, esa interrelación funcional entre los
trastornos psíquicos y los somáticos. Sus estudios dan pie al desarrollo de la
praxis psicoterapéutica y de la “medicina psicosomática” al que han
contribuido de forma brillante profesionales de nuestro país como A. Garma, Laín
Entralgo, Rof Carballo y J. López Sánchez, entre otros muchos. Abriéndose líneas
de investigación vanguardistas como es el caso de la “psiconeuroinmunología”
(Roustan, M., 2004) Esta perspectiva también se refleja en
la carta fundacional de la O.M.S. cuando manifiesta: “La salud es un estado
de completo bienestar físico, mental y social, y no simplemente la ausencia de
enfermedad o afección”. Desde mi punto de vista, esto significa que
nuestro bienestar, y por tanto nuestra salud, depende de las dinámicas que se
establecen en nuestras familias, centros de trabajo, instituciones educativas,
etc. y de nuestros hábitos y conductas cotidianas. Lo cual implica una
intervención sanitaria global donde el profesional de la salud, desde su
compromiso con lo humano, ejerce una función social, en cuanto que conociendo
las causas que provocan el sufrimiento a sus enfermos puede determinar los
factores de riesgo patógeno (no solo “médicos” sino también psicológicos
y emocionales) que se gestan en los sistemas humanos. Y por tanto, a partir de
su información, instituciones sociales y políticas pueden tomar medidas
consecuentes en pro de la salud. Si bien fue S. Freud y su modelo
psicoterapéutico, el psicoanálisis, quien puso las bases para el desarrollo de
la psicoterapia y marcó las directrices que debían seguir los profesionales
que quisieran formarse en esta especialidad clínica (que son en gran medida las
que se siguen utilizando actualmente), otros profesionales como C. Jung, A.
Adler, W. Reich, F. Perls, partiendo de sus enseñanzas desarrollaron sus
propios modelos y crearon escuelas que siguen vigentes en la actualidad avalando
el trabajo de sus miembros y su actuación deontológica en pro de la defensa de
los derechos y del buen trato que el paciente tiene que recibir durante su
proceso. Es por ello que “El término
psicoterapia no presupone una orientación o enfoque científico-profesional
especializado, en cuanto se especifica en diversos y peculiares orientaciones teóricas,
prácticas y aplicadas” [1]
, sino más bien una forma de entender la enfermedad psíquica y de acompañar
y abordar el sufrimiento humano. En esta ocasión sólo recordaré que
los modelos psicoterapéuticos imperantes en este momento son: el psicoanálisis
(y dentro del mismo, la corriente freudiana, kleiniana, lacaniana, la denominada
“psicología del yo“, y la corriente “de la intersubjetividad”), el análisis
jungiano, la psicoterapia existencial, la psicoterapia sistémica, la terapia
gestalt y la psicoterapia corporal (vegetoterapia caracteroanalítica, análisis
bioenergético, corenergética, radix, grito primal ...) [2]
1.3. Función de la Psicoterapia y
de las técnicas terapéuticas. Aprovechando el desarrollo de esta
exposición me gustaría aclarar la diferencia entre lo que sería un “proceso
psicoterapéutico” y una “técnica terapéutica”. Suele ser habitual, especialmente entre
las revistas norteamericanas de psicología o psiquiatría, como “The american
journal of psychiatry”, la publicación de artículos donde se utiliza el término
“psicoterapia” para describir técnicas de intervención conductual o de
apoyo psicosocial[3]
, lo cual no es correcto. Considero que esta confusión proviene de no reconocer
la identidad propia que tiene el psicoterapeuta, al que se suele identificar erróneamente
con otros profesionales como el psicólogo clínico o el psiquiatra. En realidad, el psicoterapeuta, si bien
es cierto que generalmente es psicólogo clínico o psiquiatra, utiliza una
herramienta básica propia, el análisis y la elaboración de la realidad de la
persona dentro de una relación propia entre paciente y terapeuta cuyas
particularidades forman parte del “setting” o encuadre clínico:”la
psicoterapia es un tratamiento de naturaleza psicológica, que se desarrolla
entre un profesional especialista y una persona que precisa ayuda a causa de sus
perturbaciones emocionales, se lleva a cabo de acuerdo con una metodología
sistematizada y basada en determinados fundamentos teóricos y tiene como
finalidad eliminar o disminuir el sufrimiento y los trastornos del
comportamiento derivados de tales alteraciones, a través de la relación
interpersonal entre el terapeuta y el paciente” (Coderch, 1978, citado en
Garrido-García, 1994) Desde la perspectiva de la
psicoterapia, la cura se concibe como un proceso donde la posición activa del
paciente es imprescindible:“La psicoterapia puede ser definida como una
relación de ayuda clínica que busca, con la participación del sujeto
prevenir, contener, modificar o erradicar trastornos, alteraciones o
disfunciones de salud mental o física que se dan en él” (Ávila, 1989,
citado en Garrido-García, 1994) Se da un valor total a la independencia
y el ritmo del paciente, evitando todo tipo de inducciones y condicionantes
personales o ideológicos del terapeuta: “El fin ideal
de la psicoterapia es permitir al paciente resolver por sí mismo los conflictos
intrapsíquicos sin tener en cuenta su ideología, ni la del psicoterapeuta” (Scheneider,
P. B., 1976) De hecho el filósofo griego Sócrates,
con su método mayéutico (ayudar a “parir”), practicó la
“psicoterapia” sin ser consciente de ello, en cuanto que su método consistía
en ayudar a que el propio alumno descubriera la respuesta a su propia pregunta.
A través de señalamientos, cuestionamientos, reflexiones, etc., conseguía que
el alumno por si mismo llegara al lugar, a la respuesta que, según la intuición
del filósofo, era la más adecuada. Por tanto la psicoterapia es un proceso
de investigación y análisis de la realidad de la persona y de las causas de su
enfermedad, dentro del cual se pueden utilizar herramientas clínicas, pero
siempre y cuando no se perturbe la complicidad paciente-terapeuta ni el ritmo
personal de su proceso, para que sea él quien realmente vaya alcanzando los
objetivos. Por otro lado, en la práctica clínica
existen técnicas terapéuticas que tienen una acción eficaz, en algunos casos,
sobre la sintomatología, pero donde el paciente siempre es el receptor pasivo,
se “deja curar”, lo que las convierte siempre en medidas parciales.Entre
ellas destacamos: el uso del psicofármaco, la acupuntura, el masaje, la
hipnosis o las técnicas de modificación de conducta, entre otras muchas. Todas
ellas se caracterizan por esa pasividad del paciente frente a su enfermedad.
Característica que también se da con las técnicas que se utilizan dentro de
lo que se conoce como “desarrollo personal”: el yoga, la biodanza, la
meditación, la expresión corporal, la biorrespiración... Las cuales se suelen
realizar en grupos que coordinan monitores con una formación específica y que
no pretenden solucionar conflictos psicológicos o emocionales ni mucho menos
curar alguna enfermedad. Su objetivo es que las personas puedan estar mejor en
su vida cotidiana tomando contacto con su cuerpo y con algunas de sus
potencialidades. Se da la circunstancia de que algunas de estas técnicas, por
las dinámicas neurofisiológicas que movilizan, tienen indirectamente una
repercusión, la mayoría de las veces positiva, sobre algunos trastornos
psicosomáticos. Pero el hecho de que estas herramientas
sean eficaces y muy válidas para conseguir objetivos concretos con algunas
personas en determinadas situaciones, no significa que haya que confundirlas con
la psicoterapia. La diferencia fundamental está en la relación terapéutica,
el compromiso que se establece entre paciente y terapeuta. Ambos son cómplices
y toman una posición activa, asumiendo sus funciones propias y diferenciadas
desde una mirada crítica y una postura de investigación, de búsqueda de las
causas del sufrimiento tanto en el pasado como en la realidad presente del
paciente. Este es uno de los aspectos básicos que caracterizan la psicoterapia,
más allá del modelo que el profesional utilice. La relación terapéutica, con
la adecuada elaboración de todo lo que gira en torno a ella, -tanto lo
racional, lo actual, propio de una relación entre dos adultos, como la vivencia
de afectos infantiles positivos y negativos sentidos hacia figuras parentales
-“objetos relacionales”- que de forma inconsciente se desplazan hacia la
persona del terapeuta (transferencia) y los sentimientos y reacciones
involuntarias que percibe el terapeuta de si mismo (contratransferencia)- es la
que permite, junto al resto de herramientas clínicas psíquicas y / o somáticas,
utilizadas de forma adecuada, alcanzar los objetivos clínicos que se plantean
en un proceso psicoterapéutico. Es evidente, como señalaba
anteriormente que nuestra tendencia a evitar el dolor y el malestar nos lleva a
la búsqueda de soluciones rápidas e indoloras. Pero así como en otras áreas
de la salud la intervención externa es necesaria y eficaz, a través de la
cirugía o de los fármacos, en el área que nos atañe este tipo de
intervenciones han ido perdiendo validez. De hecho, siguiendo esta tendencia se
utilizaron, y todavía hoy se emplean, los electroshocks, las curas de sueño,
la “hidroterapia” agresiva,... Pero los resultados empíricos no hablan de
mejorías estables, sino de reacciones temporales de estabilidad con
empeoramientos posteriores. Hace ya algunas décadas que se manifestaba esta
diferencia:”Psicoterapia: término genérico para cualquier tipo de
tratamiento basado principalmente en la comunicación verbal y no verbal con el
paciente, específicamente distinto de los tratamientos electrofísicos,
farmacológicos o quirúrgicos” (Asociación de Psiquiatría Americana,
1969, citado en Garrido-García, 1994) Hoy en día, tan sólo la hipnosis en
el abordaje de las adicciones y los psicofármacos en el tratamiento de algunos
trastornos psicopatológicos están reconocidos como útiles para facilitar esa
adaptación “calmante”, si bien tienen como consecuencia inevitable la
dependencia, que en el caso de los psicofármacos se agrava con efectos
secundarios como la disminución o anulación de la libido o deseo sexual, o la
predisposición al desarrollo de trastornos neurovegetativos y neurohormonales
de todo tipo. Por ello en ocasiones puntuales y de
forma controlada, vemos adecuado el uso de fármacos alopáticos u homeopáticos
y de otras técnicas psíquicas o “corporales” que reduzcan el sufrimiento
agudo del paciente, siempre que se utilicen como herramientas convergentes
dentro de un proceso psicoterapéutico, que es lo que realmente puede facilitar
radicalmente la erradicación de la enfermedad y el cambio psicosomático. Teniendo en cuenta todo lo anterior,
considero que es muy importante concienciar a la administración pública de la
necesidad de adecuar los centros de salud a la práctica de la psicoterapia,
facilitando las condiciones infraestructurales necesarias para ello y poniendo
los medios para la formación adecuada de los profesionales. Además como esas
medidas no serían suficientes para responder la demanda clínica, se debería
permitir que el paciente eligiera libremente un psicoterapeuta que ejerciera en
su consulta privada creando acuerdos económicos, como los que existen en otros
países donde, por ejemplo, la administración paga la mitad del tratamiento de
una psicoterapia a un profesional reconocido y elegido por el paciente. Esta será la única vía, junto con el
empeño honesto de los profesionales, para que la psicoterapia deje de ser una
práctica elitista que implica un dinero al mes del que poca gente dispone, al
ejercerse fundamentalmente en clínicas privadas, entre otras cosas, porque el
Ministerio de Sanidad sentenció la psicoterapia como una práctica de lujo,
poco científica y poco necesaria para los usuarios. Visión muy diferente a la
que se reflejan en algunas enciclopedias o diccionarios especializados: “La psicoterapia es un método
científicamente fundamentado de tratamiento de un paciente, una pareja, una
familia o un grupo, destinado a detectar conflictos inconscientes o experiencias
fallidas y problemas, con el fin de ayudar al o los pacientes a alcanzar un
conocimiento profundo de su estado y mejorar su relación con la realidad” (Diccionario
de Psiquiatría, Battegay et al. , 1984, citado en Garrido-García, 1994)
En este sentido, recuerdo una mesa redonda donde participé junto a otros colegas entre los que se encontraba una representante de salud mental del Ministerio de Sanidad. Gran parte de la discusión giró en torno al gasto económico que supondría la psicoterapia para el Ministerio (2 ó 3 sesiones semanales durante varios años). Creo haber demostrado que, junto al hecho de que existe la psicoterapia breve donde con 3 ó 4 meses puede haber una solución parcial pero más humana y coherente que el puro psicofármaco, incluso con la psicoterapia profunda, la administración gastaría menos dinero que con la dinámica clínica actual, si se tienen en cuenta el tiempo de bajas y los gastos médicos y de los psicofármacos (los hay de uso corriente que suponen para la seguridad social un reembolso medio por paciente de más de 100 euros mensuales). A sabiendas de que en los seguimientos de pacientes medicados, sobre todo con ciertos síndromes, hay una tendencia a la repetición de síntomas, a la cronicidad e incluso a la invalidez total (como en algunas depresiones o esquizofrenias), con lo que el coste total rebasa cualquier comparación. Dejando claro desde el principio de la discusión que en lo que concierne a la salud, incluida la salud psíquica, sexual y emocional, se supone que un gobierno tiene que velar por ella más allá de cual sea el coste económico, tal como lo proclama la O.M.S. Ahora bien, una cosa es cierta, la
administración no tiene control sobre lo que ocurre en el espacio de la
psicoterapia, ni sobre el psicoterapeuta. Porque no se trata de una transfusión,
de un transplante, de una intervención quirúrgica o de una prótesis. Se trata
de resolver situaciones y conflictos humanos comunes, en mayor o menor grado, al
resto de los mortales y con claras implicaciones sociales. Quizás por ello la
administración no quiera asumir esta práctica para sus usuarios. Porque está
comprobado que en muchos casos, un proceso de psicoterapia produce cambios
estructurales en la persona que repercuten en su vida cotidiana, cuestionándose
su trabajo, su relación de pareja, su actitud ante lo establecido y ante su
propia existencia, y eso no va acorde a la adaptación social y a la estabilidad
productivista con la que se computa la validez de una técnica. Desde esa
perspectiva lo que cuenta es que una persona con depresión esté sin trabajar
el menor tiempo posible, menospreciando la posibilidad de que el paciente sienta
y descubra aquello que le ha llevado a ese estado para, desde ahí, poder
enfrentarse a ello y transformarlo. Para lo primero se busca el uso de técnicas
que cualquier médico puede manejar con un corto y económico aprendizaje. Para
lo segundo hace falta un proceso psicoterapéutico con profesionales
cualificados para su desarrollo. Pero lo evidente es que, a pesar de los
avances de la psicofarmacología, hay cada vez más personas que conviven con su
sufrimiento psíquico o emocional. ¿Deberíamos dar al menos una oportunidad a
la psicoterapia para demostrar su validez de forma empírica y constatada, o la
negamos a priori con el consiguiente quebranto para los usuarios? Es
responsabilidad de todos el cambiar este estado de cosas. En esta línea, desde 1993 funciona una
institución que coordina las escuelas de formación de psicoterapeutas en
nuestro país, la Federación de Asociaciones de Escuelas de Psicoterapeutas (FEAP),
en cuyo acto fundacional estuve presente representando a la “Escuela Española
de Terapia Reichiana” (Es.Te.R.),siendo uno de sus promotores principales el
profesor Alejandro Avila. La FEAP[4]
está en contacto con los colegios de psicólogos y médicos, con las
universidades y con las instituciones políticas y gubernamentales interesadas
en el tema, tanto de nuestro país como del resto de los países europeos así
como con la European Asociation Psychoterapy (EAP) para regular el estatuto
europeo del psicoterapeuta. Su presidenta actual es Begoña Olavaria. 1.4.
Acercándonos a las causas del sufrimiento emocional Cualquier profesional de la salud que
pretenda evitar o reducir el sufrimiento psíquico y emocional de las personas,
más allá de su especialidad médica o psicológica, ha de tener en cuenta que
ese sufrimiento viene causado, en gran medida, por la falta de conciencia que
tiene el paciente de sus conflictos internos y por desequilibrios estructurales
provocados por la acción de los sistemas circundantes pasados y presentes. Esta es la concepción psicoterapéutica
de la enfermedad y del enfermo, que parte de la base de que nuestra voluntad,
nuestra razón, no es completamente dueña de nuestros actos ni de nuestra vida,
sino que está condicionada por el inconsciente, el cual se forja en las
relaciones familiares y sociales durante nuestros primeros años de vida. Pero
al tiempo que desarrollamos mecanismos de defensa psíquicos y somáticos
nuestros conflictos más serios son parcial o totalmente olvidados, para
mantener esa ignorancia que evita la angustia y el sufrimiento. Consecuencia de
ello iremos organizando un funcionamiento perceptivo con ángulos ciegos y por
tanto distorsionado. Y encontraremos formas de funcionamiento para hacer que
nuestro organismo se adapte a las exigencias de nuestro medio social, creando
recursos para cubrir las carencias afectivas infantiles con las personas de
nuestro entorno actual, o para sublimarlas a través de actividades productivas. Mientras esos mecanismos soporten la
presión interna y el distrés del exterior podremos mantener un cierto
equilibrio, que Reich describía como “neurosis caracterial”. Pero cuando
nuestra “coraza” (suma de defensas somáticas y psíquicas) no encuentra
fuerza para mantenerse porque nuestro funcionamiento energético se ralentiza,
surge de manera manifiesta el desajuste. La enfermedad psicosomática (somatopsicodinámica,
utilizando el término de mi maestro F. Navarro) como manifestación de que El
“equilibrio” interno forjado durante toda nuestra vida se hace añicos y el
sufrimiento se desborda, afectando también a todas las personas que están a
nuestro alrededor. Ante esa realidad los profesionales de
la salud, desde una concepción unitaria, realista y epistemológica, debemos
intentar comprender las causas del desequilibrio y los recursos con los que
cuenta cada una de esas personas que llegan a nuestra consulta. Con una posición
basada en la empatía y en la deontología, estableceremos una relación terapéutica
y utilizaremos las herramientas clínicas necesarias para ayudar a que el
paciente recupere la conciencia de su ser, pierda el miedo a sus límites y
conflictos, y afronte la realidad cotidiana desde su deseo, su capacidad de
placer y de goce y no desde su necesidad o su temor. Esta será la intervención clínica de
un psicoterapeuta. El cual ha recibido una formación adecuada para poder
afrontar, sin naufragar, esa dinámica conflictiva, sufriente y humana, en la
que él puede verse inmerso porque también vive y sufre en el mismo sistema
social patologizante que su paciente. Por ello en gran medida esa formación
se desarrolla realizando la psicoterapia personal. Es ahí donde realmente puede
comprender la enfermedad emocional y mirar a la persona “endemoniada”
(utilizando una metáfora escatológica inquisitorial) directamente, sin temor,
cogerle de la mano y transmutar esa fuerza destructiva. Este aspecto de la
formación del psicoterapeuta, junto a otros como la supervisión clínica de
sus pacientes o los seminarios de casos clínicos, en este momento , no se
pueden desarrollar en las instituciones universitarias, motivo por el cual la
psicoterapia es una especialidad de postgrado que se adquiere en escuelas
privadas que pertenecen a la FEAP. Dentro de las asociaciones que agrupa
la FEAP, se encuentran las que siguen el modelo de “psicoterapia corporal”,
que utilizan herramientas que no son específicamente psicológicas y donde está
integrada nuestra especialidad, la “psicoterapia caracteroanalítica”,
iniciada por el ex-psicoanalista didacta W. Reich (1897-1957), y desarrollada y
sistematizada por otros profesionales de la salud, donde: “... lo psíquico
es sólo una manera de expresar lo Biológico: el cuerpo. La psicoterapia debe
tener un objetivo principal: centrarse sobre el desequilibrio emocional y
bioenergético del organismo, producido por la represión de las fuerzas
naturales que motivan la vida, y que se concretan en lo que Reich definió como
“carácter”. El discurso psicoterapéutico no puede olvidar el ambiente
socio-cultural que ha determinado la enfermedad y que trata de llevar
continuamente al estado de enfermedad al individuo psicoterapeutizado. De hecho,
es del desequilibrio entre instinto y superestructura socio-cultural de donde
nace la enfermedad psíquica. La psicoterapia, es por tanto la posibilidad de
reencontrar los valores naturales para poner en acuerdo la naturaleza y la
cultura con la desmitificación de las superestructuras que han creado la falsa
conciencia y que obligan al instinto a desarrollarse de manera desviada” (Navarro,
1979) Por ello, desde nuestra perspectiva, el
psicoterapeuta como profesional de la salud comprometido con su entorno,
desarrolla una labor a través de la cual facilita y participa en el cambio
social:”Nuestra escuela, partiendo de la premisa reichiana de que la
separación entre soma y psique es anticientífica, y que el hombre es el
resultado de su relación con el ambiente, intenta esencialmente reconstruir en
el sujeto la autorregulación biológica de su organismo con una trama de relación
interpersonal, la más adecuada posible para la economía biopsíquica. En este
empeño la constante sociopolítica es indispensable para la conquista y el
mantenimiento de esta situación existencial en la cual la persona pueda ser
ella misma. La labor del psicoterapeuta es la de procurar que un día la
humanidad no necesite de terapeutas porque ésta sea madura, autónoma y capaz
de autogestionarse" (Navarro, 1979) Formando parte de la “ecología de
sistemas humanos” (Serrano, 2004, e), en cuanto somos conscientes de que
las principales causas que provocan el sufrimiento o el bienestar de la persona
están vinculados al funcionamiento de los sistemas en los que se desenvuelve
(familiar, educativo, social). En consecuencia, al mismo tiempo que con nuestra
praxis reducimos o erradicamos el sufrimiento individual también estamos
contribuyendo a que los diversos sistemas sociales sean más funcionales y
facilitadores para el desarrollo saludable del ser humano dentro de unos parámetros
ecológicos, pudiendo ejercer su función real como “ecosistemas” 1.5.W.Reich y la Psicoterapia
Corporal W. Reich fue el pionero de las
psicoterapias corporales actuales, porque hacia 1930 ejerciendo como
psicoanalista en Berlín, influido en cierta medida por otro psicoanalista, S.
Ferenczi, empezó a incorporar herramientas clínicas somáticas, siendo el foco
de atención no sólo lo que decía el paciente sino también cómo lo decía y
cómo respondía su cuerpo mientras lo decía. De esta forma introdujo aspectos
somáticos dentro del insight terapéutico. En su trabajo clínico fue observando
que los mecanismos de defensa psíquicos que se iban organizando desde la
infancia tenían su base somática en la rigidez muscular crónica y en una
respiración alterada, lo cual provocaba disturbios neurovegetativos con el
consiguiente riesgo de generar enfermedades sin una causa externa evidente, las
“biopatías”, llamadas enfermedades funcionales o psicógenas. Denominó
“coraza caracteromuscular” o “carácter” (“carácter del yo”) a esa
suma de defensas , evidenciando que se organiza con un orden evolutivo (ontogénico)
que comienza en la vida intrauterina afectando a los sistemas imperantes en cada
momento. Esto significa que durante nuestro
periodo primitivo de vida el distrés, transmitido inicialmente por el
ecosistema materno (el cual a su vez lo genera por sus circunstancias familiares
o sociales), no puede alterar directamente el psiquismo porque no está todavía
maduro y por tanto no puede desarrollar sus funciones, razón por la cual no
puede haber recuerdos ni pensamiento, ni conciencia, etc. Pero sí altera los
sistemas vitales que están ya maduros y activos, es decir, el sistema
neuroendocrino y los sistemas basales esenciales, incluyendo el sistema inmunológico.
Todo lo cual es confirmado posteriormente por R. Carballo (952, 1984) cuando
describe la influencia de la “urdimbre primaria” en el “proceso epigenético”.
Posteriormente la relación generada
con el padre o tutores y con el resto del sistema familiar será el siguiente
eslabón de esa cadena defensiva somatopsíquica, incorporando las primeras
defensas psíquicas a partir de los dos años de vida. Por lo cual dicho período
primitivo, fase oral primitiva y primaria, es de vital importancia y se
convierte en foco de atención primordial del discurso de Reich, y de la
“ecología de los sistemas humanos “(Serrano, 2004, e). Porque es el espacio
donde se fundamenta la predisposición a las enfermedades inmunodeficientes,
degenerativas y al desarrollo de la Estructura Fusional o Psicótica o donde se
desarrolla el “yo biológico”, la identidad y el “si mismo “. Sin que
por ello pierda importancia la etapa edípica, más asociada a la etiología de
la Estructura Neurótica y a las somatizaciones, proceso que continuará hasta
la adolescencia determinando una Estructura organísmica, psicosomática propia.
Conociendo pues, que el inconsciente
tiene una base somática, y que los moduladores del distrés o estrés patógeno
producen una alteración libidinal, energética y una pérdida de contacto con
nuestro ser interno y con nuestra “matriz cósmica”, ofuscando nuestros
sentimientos, embruteciendo nuestros sentidos, nuestra percepción y por tanto
limitando aspectos propios del ser humano, Reich modifica el setting clásico
psicoanalítico ,”corporalizándolo”, e introduciendo nuevas herramientas clínicas.
Todo ello le induce a denominar a su
praxis clínica: Vegetoterapia caracteroanalítica. Porque, si bien el foco de
atención se centrará en la recuperación del equilibrio neurovegetativo, el
marco clínico o setting será caracteroanalítico. Por ello seguía siendo una
psicoterapia psicoanalítica pero que facilitaba el insight o emergencia de
material inconsciente y de las abreacciones (expresiones afectivas emocionales
reprimidas acompañadas de recuerdos olvidados) añadiendo a las técnicas clásicas
el análisis de las formas comportamentales de las rigideces musculares:”Cada
rigidez muscular contiene la historia y el significado de su origen” y de
la forma de respirar: “la inhibición de la plena expiración y la actitud
inspiratoria crónica del pecho demostró ser un fenómeno universal de las
enfermedades “psíquicas” (Reich, 1952) Introdujo algunas técnicas que
ayudaban a reblandecer esas rigideces musculares y vicios somáticos, que eran
reflejos de dinámicas psíquicas inconscientes. Insistiendo en que se
realizaran siempre siguiendo la dirección céfalocaudal, es decir del primer
segmento muscular del cuerpo (lo denominó ocular) hasta el séptimo (pélvico).
Abordando a través de lo somático los conflictos psíquicos. En 1945, pasó a definir esta praxis clínica
como “orgonterapia”, retomando el concepto de orgón (similar a la libido
freudiana o al Chi o prana de los orientales) que hace referencia a la conexión
energética esencial que hay entre todo lo vivo. El foco terapéutico sería la
recuperación de la pulsación bioenergética, vital, que permite la integración
funcional psicosomática en el ser humano, lo que implica una capacidad de
funcionamiento saludable, pudiendo gestionar nuestra vida cotidiana sin que las
dinámicas sociales nos enfermen. Porque para Reich, la enfermedad, el
sufrimiento emocional la “neurosis caracterial”, es fruto de la interacción
entre los condicionantes históricos (vinculados a lo que Freud denominaba
psiconeurosis) y la realidad actual (que determina lo que Freud definió como
neurosis actuales).Por ello cualquiera de nosotros, en mayor o menor medida
tiene su propia neurosis (tendencias compulsivas, obsesivas, masoquistas, fálicas,
ansiedad, trastornos sexuales, distonía neurovegetativa...), porque tiene un
carácter (coraza del yo) que puede convertirse en trastorno psicopatológico o
psicosomático cuando esa “normalidad” de la neurosis caracterial se disloca
y el sufrimiento pasa a ser evidente y se manifiesta en los síntomas. Tras la muerte de
Reich, en los años 60,- junto al desarrollo del movimiento postreichiano en
Europa y en Estados Unidos donde en 1968 se crea el “American College of
Orgonomy” - siendo su presidente el colaborador de Reich, E.Baker[5]
-,ciertos profesionales retoman aspectos de la obra
de Reich y algunas de sus técnicas somáticas desarrollando sus propios modelos
clínicos,vigentes en la actualidad.Entre ellos cabe destacar:el“Análisis
bioenergético” de A. Lowen, “la Corenergética” de J.Pierrakos, el
“Radix” de Ch.Kelley, “la Psicoperistalsis o Biodinámica “ de
G.Boyensen, “la Biosíntesis” de D.Boadella ,la “Somatoterapia” de
R.Meyer,el “Grito Primal” de A.Janov, la “Psicoterapia Funcional” de
L.Rispoli o la “Integración Postural” de J. Painter. Actualmente
la “European Asociation for body psychoterapy “(EABP) [6]
reúne a las asociaciones y profesionales de la psicoterapia corporal que
existen en distintos países de Europa, entre ellos España, y que siguen los
criterios curriculares de la EAP antes citada. Es también la institución que
reconoce las distintas especialidades y sus escuelas de formación, entre las
que se incluye la psicoterapia-vegetoterapia caracteronalítica, avalada como
modelo científico por ambas asociaciones (EABP y EAP) junto a otros modelos,
como el psicoanálisis, la biosíntesis, la gestalt y la terapia sistémica. El Dr. Rafael Estrada, en México, en
1982 potenció la creación del Comité Científico Internacional para la
Terapia Psicocorporal que aglutinó a líderes de distintas Escuelas de esta
especialidad de todo el mundo teniendo como objetivo la difusión de la obra de
W.Reich organizando para ello congresos internacionales cada 3 años con gran éxito
de público. 1.6.Mis inicios con la psicoterapia
caracteroanalitica ( postreichiana) La primera escuela de formación en
vegetoterapia caracteroanalítica se creó hacia 1970 en Italia bajo el auspicio
de Ola Raknes, reconocido ex-psicoanalista noruego, discípulo de W. Reich y uno
de sus más queridos colaboradores. Se trataba de la Scuola Europea di
Orgonoterapia (S.E.OR), de la que fue miembro fundador y uno de sus máximos
exponentes el neuropsiquiatra napolitano Federico Navarro, fallecido en octubre
del 2002 (Serrano, 2004,a). Años después sería el presidente honorario de la
institución que sustituiría a la S.E.OR, la International Federation Orgonomic
Colleg´s (I.F.O.C.) [7]
la cual agrupa asociaciones y escuelas postreichianas de Europa y Latinoamérica
y donde la ES.TE.R[8] , una vez más, fue una de las instituciones presentes
en su acto fundacional,siendo su actual presiedente mi colega M.Redón. Escribiendo estos datos me vienen a la
memoria escenas de mi experiencia vital personal que me apetece (o tal vez
necesito...) compartir. W. Reich fue para mí, como para la
mayoría de las personas que militaban o simpatizaban con movimientos políticos
radicales durante los últimos años de la dictadura franquista, en la década
de los 70, uno de los principales referentes teóricos tanto por su textos donde
abogaba por la libertad sexual como por aquellos en los que reivindicaba una política
cotidiana basada en el cambio de las relaciones machistas y patriarcales que
imperan en los sistemas familiares y educativos para que pudiera darse una
transformación caracterial que respaldara los cambios sociales y jurídicos. Fruto de esa militancia pasé unos
meses en prisión que “aproveché” para continuar con mis estudios de
psicología y profundizar en la obra de este polémico autor, descubriendo su
vertiente clínica, que me fascinó. Al recobrar mi libertad por la amnistía
política fui terminando mis estudios universitarios, al mismo tiempo que me
formaba en psicoanálisis, psicodrama, bioenergética y sexología en Barcelona
y París. De todas esas experiencias docentes
destacan dos que marcaron mi dirección profesional y que se produjeron siendo
yo muy joven, cuando terminaba mis estudios de psicología. Una de ellas, mi contacto con Eva Reich,
ocurrió en 1977 durante su única visita a España, concretamente a Barcelona y
Valencia. Fue un acontecimiento histórico que pude vivir en primera línea, al
ser una de las personas que organizaban el evento junto con M. S. Pinuaga y el
recién formado Instituto W. Reich de Figueras. Recuerdo todavía emocionado la
conferencia que dio en el aula magna de medicina de Valencia. Más de mil
personas abarrotaron la sala y disfrutaron con la brillante exposición que hizo
sobre la obra de su padre, en un ambiente cálido y muy receptivo.
Posteriormente unas cuarenta personas participamos en su curso, que duró varios
días, sobre las aportaciones clínicas de W. Reich y su propia experiencia como
médica rural asistiendo a partos en casa, transmitiendo con mucha fuerza y pasión
la necesidad de poner los medios para que el niño del futuro no pierda el
contacto con su naturaleza y pueda contribuir al desarrollo de una sociedad más
saludable. Esos días me sentí muy identificado con su visión de la prevención
y desde entonces no la he abandonado. (Serrano1997,b; 2004,b) La otra experiencia determinante fue el
primer encuentro que tuve en París, en 1978, con el neuropsiquiatra italiano
y,como he descrito anteriormente, presidente de la recién formada “Scuola
Europea di orgonterapia” (S.E.OR) Federico Navarro [9] (Serrano 2004). Su exposición sobre la vegetoterapia
caracteroanalítica y sus diferencias con las terapias corporales fue
esclarecedora para mí. La coherencia de su discurso, actualizando el paradigma
reichiano biopsicosocial y dotando su praxis clínica de un esqueleto teórico y
empírico que permitía una línea clara de trabajo, investigación y
profundización, impulsó mi deseo de especializarme en ese modelo postreichiano. Siguiendo la sugerencia de Navarro
marché a Nápoles para realizar mi análisis y formación en Vegetoterapia
caracteroanalítica con la S.E.OR. La dura pero estimulante experiencia
vivida durante mi proceso analítico, en el diván de esa habitación del barrio
napolitano de Pósilipo, reactivó la motivación clínica que había perdido
durante un tiempo en ese mismo diván al sentir y comprender, entre otras muchas
cosas, mis trampas caracteriales y su vinculación con mis proyectos
profesionales. Los conceptos que había leído en la obra de Reich empezaron a
resultarme palpables, claros y vívidos: la coraza, nuestra actuación
caracterial, nuestro miedo a vivir, al orgasmo, a la muerte, nuestra tendencia a
la sumisión y a la resignación. Todo esto lo descubría con mi corazón
emocionado día tras día y en compañía de un experto guía, R. Sassone, del
equipo de F. Navarro. Cuando terminé en 1982 mi vegetoterapia caracteroanalítica
y el análisis didáctico o de control que realicé con Piero Borrelli (que fue
también mi terapeuta de grupo y de quien guardo un hondo recuerdo) fui admitido
en la S.E.Or como orgonterapeuta. Comencé a trabajar en Valencia, tanto en el
ámbito clínico como en el de la asistencia preventiva, supervisando durante años
con F. Navarro en París. El fue mi didacta principal y mi psicoterapeuta de
mantenimiento hasta su muerte en octubre del 2002. En unos años, profesores de la S.E.OR
pudimos organizar la primera formación reglada en mi país, a partir de la cual
se organizó un colectivo de profesionales, [10]que culminó en la creación de la "Escuela Española
de Terapia Reichiana "(Es.Te.R.), la cual cumplió sus 20 años de
existencia legal en el 2005. 1.7.La psicoterapia de W. Reich ante
los cambios sociales Durante todo este tiempo los cambios
sociales han influido determinantemente en la formación del carácter de las
nuevas generaciones. Por ejemplo, algunas reivindicaciones que ya Reich y su
movimiento “sexpol” demandaban, como el derecho al divorcio, al aborto, a
las parejas de hecho, o a la libre elección de género forman hoy parte de
nuestra realidad. Las relaciones familiares, en general, son menos represivas y
autoritarias, la mujer ha roto con el rol de ama de casa sometida por el
“patriarca” y ha vivido una auténtica revolución, y vivimos en sociedades
más tolerantes. Pero al mismo tiempo observamos una serie de realidades
preocupantes: el hombre está viviendo una fuerte crisis de identidad; los
padres han reducido mucho el contacto con sus hijos (sobre todo las madres con
sus hijos hasta los dos años, ya que sus compromisos laborales las obligan a
dejarlos en guarderías o con personas sustitutas); los partos son cada vez más
técnicos y menos humanos; la lactancia, olvidando su función esencial afectiva
y sexual, se sustituye por biberones con leches artificiales; y se sigue
ejercitando con los niños hábitos compulsivos de la limpieza, el orden de día
y de noche, es decir la “calma emocional” y la adaptación al medio [11].
Quizás sin ser conscientes, de que se esta ejerciendo la represión
sustituyendo ahora unas acciones mas directas y “castrantes” por otras, más
sutiles e indirectas. Sin entrar a analizar ese estado de
cosas, sí puedo afirmar que han cambiado algunos rasgos de carácter y se han
ido manifestando Estructuras muy poco visibles en otras épocas, como es el caso
de la denominada “nuclear o fronteriza”, tema en el que profundizaremos más
adelante.Para afrontar el trabajo clínico asumiendo estos cambios había que
modificar algunos aspectos técnicos, sin perder la coherencia de la praxis clínica. Como ya escribió Reich, debemos de
tener un método de trabajo que nos permita aplicar nuestra praxis clínica a
los nuevos tiempos. Por ello la práctica actual es diferente de la que se
realizaba en la Europa de 1940, o de la del psicoanálisis de Freud, en la Viena
victoriana de principios del siglo XX. El método actualizado al que Reich se refería, lo hemos ido desarrollando a lo largo de estos años, contribuyendo personalmente en cierta medida gracias a que he continuado adquiriendo conocimientos a través del intercambio con profesionales de otros modelos clínicos que me han permitido enriquecer mi trabajo tanto en la sanidad pública como en la consulta privada ; he podido compartir mi vida profesional con un estupendo equipo de colegas ; he tratado pacientes de muchos lugares de España que han acudido a mi consulta en Valencia; y he supervisado y participado en la formación de psicoterapeutas de distintos países de Europa y Latinoamérica, siendo actualmente colega y amigo de muchos de ellos. Todo esto ha ido modulando mi forma de trabajo y me ha impulsado a realizar aportaciones que he compartido con mi equipo y que junto a las suyas se han ido incorporando a la dinámica de la ES.TE.R creando una identidad Institucional propia. Quizás una de las cosas más
importantes que he aprendido durante todos estos años es que para poder llevar
una dinámica profesional coherente, satisfactoria y deontológica, debemos
cultivar con mucho mimo todo lo que crece en nuestro campo familiar y social
(pareja, hijos, familiares, amigos, naturaleza).Hemos de nutrirnos con sus
frutos para sentirnos satisfechos en nuestra vida cotidiana. De esta forma también
podremos realizar nuestro trabajo de forma satisfactoria, ejerciendo realmente
nuestra función en lugar de utilizarlo para cubrir nuestras necesidades o
intereses personales. Esto cuesta mantenerlo porque estamos sometidos
permanentemente a fuertes presiones sociales de todo tipo. En este sentido hay algunas cosas que,
desde mi experiencia, pueden favorecerlo: realizar revisiones psicoterapéuticas
personales periódicamente, mantener un cuidado personal psicosomático (una
dieta equilibrada, deporte, contacto con la naturaleza) y sumergirse cada día
en la fuente de la Vida intentando beber de ella a través de sus caños, a los
cuales Reich les puso nombre: “Amor ,Trabajo Creativo y Conocimiento”.
1.8.Aportaciones al movimiento
postreichiano 1.8.1 La Vegetoterapia postreichiana
y la sistemática de F.Navarro Vemos pues, como a lo largo de estos años
el movimiento postreichiano ha evolucionado considerablemente tanto en el plano
de la intervención preventiva en el sistema familiar y escolar como en su
praxis clínica. En este sentido cabe mencionar, entre
otros: - El trabajo con
adolescentes desarrollado por G.Guasch ( creador del “Análisis Reichiano”)
en México y de Clorinda Lubrano en Grecia, así como sus aportaciones a la
Vegetoterapia caracteroanalíca -La aplicación de
la vegetoterapia al mundo artístico de M.Valimaki en Finlandia -La labor
divulgativa de H.Volpi y las aportaciones al tema de la Relación Terapéutica
en al vegetoterapia de C.Melo, ambos brasileños -Las aportaciones clínicas
que han realizado B.Blomenthal en Noruega, y G.Ferri en Italia (dentro del “Análisis
Reichiano”). - Asimismo debo
destacar las importantes aportaciones de Federico Navarro , especialmente la
sistemática clínica que desarrolló , para poder utilizar de forma ordenada y
funcionalmente, las distintas técnicas de intervención muscular que Reich
empleaba en su praxis clínica con la Vegetoterapia y a las que Navarró
denominaría “acting”:“intervenciones musculares específicas que
provocan reacciones neurovegetativas emocionales capaces de reestructurar la
sana psicoafectividad que ha sido puesta en conflicto a lo largo de la historia
del individuo, dentro de un setting y de una relación terapéutica”
(Navarro, 1990) De hecho muchos de estos movimientos, durante ciertos periodos de nuestra vida, los hemos realizado de forma espontánea, siendo "señales" de maduración y de integración funcional psicosomática. Es por ello que a través del acting podemos acceder a recuerdos y experiencias vividas en ese tiempo. Por ejemplo, entre otros, practicamos el “acting” de mirar un punto en el techo y después la punta de la nariz, acción que realizamos de forma espontánea a los seis meses de vida aproximadamente y que R. Spitz describe como una señal madurativa del pasaje del “no yo” al “yo”, es decir del proceso de diferenciación y de identidad. También utilizamos un acting que es similar al ”reflejo de succión” y otro que consiste en mover los ojos de un extremo al otro siguiendo el movimiento pendular de algún objeto , y que ponen al sujeto en contacto con vivencias históricas bañadas por el miedo y la amenaza,base de dinámicas paranoides, al mismo tiempo que las va neutralizando.Este movimiento se ha “hecho famoso” porque casualmente es similar a uno que es utilizado por F. Shapiro (1995) en su terapia “antitrauma” denominada “Eye movement Desensitization and Repprocessing “(EMDR). Para que el estímulo neuromuscular sea
el adecuado ,su tiempo de reproducción es de 15-20 minutos repitiéndose
durante varias sesiones. Al mismo tiempo que cumple su función abreactoria,
también la forma de hacer el paciente este movimiento es material de análisis,
ya que se trata de una conducta más, condicionada por su carácter. Esta sistemática se aplica tanto en el
encuadre ( “setting”) profundo,- acompañado del análisis del carácter y
de la relación terapéutica-, como en el encuadre breve, e incluso en la atención
en crisis,como veremos más adelante. Pero realmente su función abreactoria y
de reblandecimiento de la coraza la cumple durante la Vegetoterapia ya que es en
el encuadre profundo donde se dan las condiciones más adecuadas para ello. 1.8.2.El diagnostico inicial
diferencial estructural (dide) Por otra parte, dentro del colectivo de
la ES.TE.R ,siguiendo la perspectiva diferencial de F.Navarro ,[12]
he desarrollado un sistema de evaluación inicial Estructural que denominé
D.I.D.E (Serrano, 1990 c,2007) mediante el cual podemos adelantar un cierto pronóstico
que nos orienta para aplicar nuestro método de forma diferencial (en función
de la Estructura del paciente) y elegir el tipo de encuadre más adecuado para
cada paciente, bien sea el profundo (Vegetoterapia Caracteroanalítica) o el
breve (Psicoterapia Breve Caracteroanalítica). Entendemos por Estructura,"la
corporeización de un patrón de organización" (Prigogine), siguiendo el
concepto de W. Reich de "estructura organísmica". Con este concepto
me refiero, pues, no a un rasgo de carácter, o a las particularidades psíquicas
de la persona ni a la nosología psicopatológica, sino a la realidad global de
la persona, a la forma en que se comunican los distintos sistemas (psíquico,
respiratorio, circulatorio, hormonal...) entre sí, a su forma de percibir, de
sentir, de pensar, de expresar sus afectos, sus instintos, sus pulsiones, y
también de la lógica que tienen sus síntomas psicosomáticos. Es evidente que, influidos por los roles sociales y la educación recibida, las diferencias de género se plasman de forma significativa en nuestra forma de sentir, percibir la realidad, actuar, etc. De ahí el éxito del libro:”los
hombres son de Marte y las mujeres son de Venus”. Pero más allá de los géneros
y de otras variables diferenciales, como la clase social o el nivel cultural,
hay una diferencia Estructural individual, establecida fundamentalmente por el
tipo de relación que la persona ha vivido desde su vida intrauterina hasta el
final de la adolescencia y que condicionan el desarrollo de todos sus procesos
vitales. Desde nuestra experiencia
(Serrano,1990c) observamos que las personas que viven en la sociedad occidental
en este período de tiempo desarrollan tres tipos de “Estructura “ con
características no sólo psíquicas ( como describe la escuela analítica
francesa de Bergeret) sino también somáticas, emocionales , perceptivas y
existenciales: - “Estructura de
Carácter Adaptativa o Neurótica” fundamentalmente condicionados por la dinámica
triangular edípica patógena y con una coraza organizada - “Estructura Nuclear o Fronteriza” :fundamentalmente condicionada por la dinámica oral ambivalente patógena , con un núcleo depresivo o depresivo-psicótico y con una cobertura caracterial cuya función es mantener una "normalidad" social evitando la explosión con ese núcleo patógeno, pudiendo desarrollar una mínima coraza organizada - “Estructura Mimética o Psicótica” :fundamentalmente condicionada por una dinámica oral primitiva patógena que provoca una ausencia de contacto y una incapacidad de relación con el otro limitando casi totalmente la formación de una coraza organizada, lo que le lleva a desarrollar una caracterialidad mimética para sobrevivir. Esta perspectiva no deja de ser una
referencia didáctica que permite comprender distintas formas de organización
en función de la manera fluida o alterada en que han ido desarrollándose los
distintos planos de los sistemas madurativos humanos, biológico, psíquico,
afectivo sexual, social, espiritual… Así podemos observar como se
construyen diferentes recursos para mantener una homeostasis lo mas funcional
posible en relación al contexto personal. Por eso la Estructura es lo que
configura la particularidad de cada ser. Cada una tiene unas características
favorecedoras en unos aspectos y para algunas experiencias y limitantes en
otras. Por ejemplo las personas con una “Estructura Mimética” tienen una
gran facilidad para sentir la naturaleza y sentirse integrado, cómodo en ella,
teniendo predisposición para vivir experiencias “espirituales”, energéticas.
Cosa que a una persona con una “Estructura Adaptativa” le puede ocurrir
contadas veces y las personas con una Estructura Nuclear sólo lo pueden
imaginar. La batería de pruebas que permitiría
diferenciarlas constituye dicho “diagnóstico Inicial diferencial
Estructural” (D.I.D.E) el cual por lo que ya he manifestado es, esencialmente
“epistemológico”. Para ello utilizamos pruebas que nos permiten recibir
información de los siguientes factores: a) La predisposición
constitucional. b) El metabolismo
bioenergético c) Relaciones
objetales y rasgos de carácter. d) Bloqueos y
tensiones musculares. e) Funcionamiento neurovegetativo .perceptivo y somático. f) Realidad actual,
familiar, laboral, afectivo-sexual, síntomas clínicos... Desde la experiencia clínica que hemos
adquirido con el uso del DIDE hemos ido aplicando la sistemática de la
Vegetoterapia de F. Navarro en función de la Estructura de cada paciente,
definiéndola como “Vegetoterapia Caracteroanalítica Estructural” (Serrano,
2004 b, d). También ocurre así en la “Psicoterapia Breve Caracteroanalítica”.
Lo que implica que tanto la realización de los actings como el resto de
herramientas psicoterapéuticas se emplearán teniendo en cuenta, no solo el
setting sino también las características propias de cada Estructura. 1.8.3.El grupo y la vegetoterapia
estructural También hay que hacer mención de la
incorporación del trabajo en grupo como una herramienta convergente que
facilita la consecución de los objetivos psicosociales de esta psicoterapia
profunda, y que he sistematizado(Serrano,1990,d) dentro de la actividad clínica
de la Es.Te.R Finalmente no hay que olvidar los avances obtenidos en el abordaje
de las Biopatías o enfermedades funcionales degenerativas y sistémicas, al
combinar la Vegetoterapia con otras técnicas energéticas como los
oligoelementos, la homeopatía, la acupuntura, la dieta, la audiopsicofonología,
el acumulador de orgón, etc. En este sentido, junto a las aportaciones de
algunos orgonterapeutas del ACO (Baker, Dew,Konia...), hay que destacar, de
nuevo, la labor de F. Navarro, así como la desarrollada por colegas de nuestro
equipo clínico, como M. Redón o M. Montero-Ríos. En síntesis podemos afirmar que en
nuestro modelo psicoterapéutico, teniendo siempre presente la Estructura del
paciente, a partir del diagnóstico estructural, comenzaremos nuestra praxis clínica
focalizando el objetivo clínico: asistencia individual, grupal, en pareja o
familia, y determinando el tipo de setting o encuadre clínico: Vegetoterapia
Caracteroanalítica Estructural (proceso profundo) o
Psicoterapia Breve Caracteroanalítica ,encuadre breve ,que voy a exponer con más
detalle en las próximas páginas
[1]
Definición de la F.E.A.P.-Federación Española de Asociaciones de
Psicoterapeutas, 1992, citado por Garrido en Garrido-García, 1994 [2] Para conocer de forma genérica e introductoria estos modelos se pueden consultar los manuales:Kriz,J (1990) ; Garrido -Martinez ( 1994) y Oblitas,L ( 1993) ; “Psicoterapia:modelos contemporáneos y aplicaciones”. ;Garrido y J.García ,com.( 1994) “Manual de técnicas de psicoterapia”.A.Avila y J.poch,recop. (1994) y “¿Como realizar una psicoterapia con éxito?Los 16 enfoques más importantes en la práctica psicoterapéutica contemporánea y de vanguardia”.L.Oblitas ( Comp.) méxico 2003 Edit: www.psicologiacientifica.com [3] Ver ,por ejemplo el vol.8,número 7 (Julio 2005) de la versión española de la mencionada revista,donde aparecen varios artículo reflejando esta confusión:”Tres psicoterapias para la anorexia nerviosa”;”psicoterapia para la depresión en los ancianos” [4] www.feap.es [5] Para más información ver los artículos :” Datos históricos del movimiento reichiano” de J. Ferrando( 1990) y “Bibliografía de orgonterapia después de W .Reich, de M. Redón( 1990).También se puede consultar mi libro “El diván Reichiano” (2007). [6] Su presidente actual es Courtenay Young, y uno de sus promotores y fundadores D. Boadella. Su pagina web es : www.eabp.org [7] Actualmente forman parte de la Ifoc, escuelas de Finlandia, Italia, Noruega, México, Grecia ,Francia , Brasil. y España. Más información en la página web de la ESTER. [8] www.esternet.org [9]
Federico Navarro (1924-2002). Neurosiquiatra italiano, lider del
vanguardista movimiento de la antisiquiatría junto con G.jervis y otros;
psicoanalista de la A.P.I. durante años (analizado por Lewi Bianchini)) con
formación junguiana (se analizó con Aldo Carottenuto) realizó a una edad
ya madura la formación en vegetoterapia caracteroanalítica (orgonterapia)
con Ola Raknes,ex-psicoanalista Noruego, discípulo y fiel colaborador de
W.Reich ,siendo uno de los pioneros del movimiento postreichiano en Europa y
Latinoamerica. [10]Compuesto entre otras personas por ,M.Sánchez Pinuaga, M. Redón, Mª Montero-Ríos, E.Gosalvez J.Bellido, J.Ferrando, y J.Alemany. [11] En este sentido me resulta asombroso las pocas protestas y el nivel de audiencia que tienen programas como “la supernani”, que es un ejemplo de maltrato infantil temático o de libros como “duérmete niño” ,donde se describen estrategias reflejadas ya en los manuales de la Alemania de Hitler o de la España franquista. [12] Esta visión estructural la tienen algunas escuelas psicoanalíticas, reflejadas en textos de autores como Bergeret y Kernberg.Dedico un amplio capítulo a este tema en mi libro “El diván Reichiano”( 2007)
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