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Aproximación al problema de la Leucemia  [1]

Wilhelm Reich

 

 

            Es tanto de interés para el gran público como también para los procedimientos científicos de estar informado sobre los métodos utilizados en cuanto al éxito de los resultados finales. Respecto a la investigación orgonómica del cáncer, se encontró especialmente perturbante que los resultados obtenidos hasta ahora en relación con la aclaración del origen de la célula cancerosa y sus fases iniciales de la biopatía del encogimiento, evocó tanta sorpresa mezclada con incredulidad. Pareció imposible creer que lo que pasó, pasó en realidad. Cientos de laboratorios de investigación del cáncer, debidamente dotados y equipados, habían fallado en detectar el origen de la célula cancerosa, mientras un "marginado", alguien que no "pertenecía" a los círculos de la patología del cáncer, un hombre de la todavía reciente ciencia de la biopsiquiatría clínica, habría logrado resolver el enigma del cáncer.

            El proceso canceroso, antes inaccesible para las técnicas más sofisticadas de la ciencia moderna, se presentó en la simple y casi ridícula hipótesis de que era básicamente el resultado de un proceso de decadencia o putrefacción en tejidos y sangre. Los bacilos B.subtilis y B.proteus, largo tiempo ignorados, obtuvieron una posición central en el proceso canceroso; estos bacilos comunes que antes sólo había llamado la atención en los círculos científicos, en el esfuerzo rutinario de esterilización. No obstante, es cierto que el proceso común de decadencia de las proteínas, en una palabra, la "putrefacción", era la clave para poder entender el azote del cáncer. Ciertamente sólo era una clave y no explicaba todo. Una clave que abre la puerta de entrada de una habitación llena de objetos. Pero sin la llave no se puede entrar en la habitación.

            La idea de informar sobre nuestra aproximación para solucionar el problema de la leucemia surgió durante una reunión de los trabajadores científicos en Orgonón, al principio de diciembre del año 1950. En el siguiente informe el acento está más sobre la aproximación que sobre los resultados obtenidos hasta ahora. La elaboración de la base de las operaciones de investigación científica siempre requiere infinitamente más esfuerzo y tiempo que la recolección de los resultados finales. Se tardó seis años para estructurar los preparativos para medir las pulsiones cósmicas y las de la energía bioenergética del orgón. Las mediciones en sí sólo requerían unos minutos diarios. Pero se tardó varios años en preparar las mediciones de los cambios en los tubos de vacío, debido a los cambios de la energía atmosférica del orgón (véase este Bulletin, Vol. 2, Nº 4, 1950, pags. 184-193); en realidad sólo se necesita cinco minutos para medirlas. La formulación de ecuaciones, orgonométricamente o de otro tipo, sólo ocupa una hora. Su preparación tarda años, incluso décadas. Se puede juzgar con facilidad una conclusión científica por el modo en el que se presenta su desarrollo. Aquí se intentará dar la descripción del desarrollo según el curso que tomó con todas las incertidumbre y dudas implicadas y no a posteriori como se hizo en la descripción de la Biopatía Cancerosa del Encogimiento (1939-1948)[2]

            El proyecto de la investigación orgonómica de la leucemia hizo mucho más fácil abordar el tema del cáncer en general que hace catorce años. Varios hechos y teorías estaban esta vez bien comprobados de antemano y eran bien conocidos, mientras que en 1936 no había nada excepto algunas observaciones en infusiones de hierba; nada se sabía entonces sobre los bacilos T, la energía atmosférica u orgónica del orgón, la pérdida de bioenergía en el sistema de los glóbulos rojos, la renuncia caracterológica, etc.

  

            En el otoño de 1950 se tenía a disposición los siguientes hechos y métodos desde el principio de la empresa:

 

     1.    La leucemia (desde ahora denominada Lk) es conocida como una variación especial de cáncer (Ca) en general. La Lk ha sido reconocida como un cáncer de la sangre y del sistema linfático, mientras que el Ca, en su significado habitual, indica una proliferación de células incontrolables en los tejidos, desembocando habitualmente en un tumor maligno.

 

     2.    La investigación clásica del cáncer distingue, aunque no muy nítidamente y con bastante desacuerdo, diferentes tipos de Lk. No obstante, para nuestra tarea específica era suficiente con distinguir la Lk que se manifiesta en la sangre con un gran aumento de glóbulos blancos y la Lk sin este aumento, manifestándose por un hinchazón y una proliferación de células linfáticas en el sistema glandular linfático.

 

     3.    En la investigación orgonómica del Ca se descubrió que la distinción clásica entre distintas formas de Ca, con respecto al tejido que origina el Ca, no tiene ningún peso sobre las observaciones orgonómicas, ya que todas las células Ca, no importa su origen o localización, son iguales y se comportan de manera idéntica. La distinción de cáncer muscular, óseo, fibrinoso, glandular, epitelial o de otros tipos fue reemplazada por la definición de distintos estados de desarrollo de las células Ca en Ca I, Ca II, Ca III, Ca IV y Ca V (véase La Biopatía del Cáncer, p. 220[3]).

                        La distinción clásica estaba justificada hasta cierto punto por la malignidad en relación con las distintas formas de Ca. En un extremo de la clasificación se encuentra la forma más benigna; el escirro; en el otro extremo, la forma más maligna; la pequeña célula adenocarcinomatosa con el resto de las formas en algún lugar entre estos dos extremos. El poco valor pronóstico de esta diferenciación era más que inútil por el hecho de que descubrió que el trasfondo común de las distintas formas de Ca consistía en una pérdida general de energía del organismo en su totalidad seguido por una putrefacción lenta que se hace más pronto o más tarde visible como el estado de caquexia, seguido por la muerte. Se supone que había un denominador común y parecido detrás de los tumores locales en la Lk. En cuanto a la concentración específica de la enfermedad, era suficiente distinguir entre Lk en sangre como "LK en sangre" y Lk en las glándulas linfáticas como "Lk de glándulas".

 

     4.    Además se había supuesto que la célula Lk, aunque se parecía mucho a los glóbulos blancos, no tenía más  relación funcional con un leucocito o un linfocito normal, que una célula Ca en una adenocarcinoma tiene con una célula glandular  normal. El estudio microscópico de células Ca vivas de diferentes  tipos de Ca y distintos tejidos no garantizó ninguna  diferenciación meticulosa en relación con el origen en tejido. La célula Ca no era simplemente una célula normal que cambia por división  y crecimiento, sino que era una célula nueva, un protozoo,  que había sido originado por la organización natural de biones que a su vez fueron el resultado de la desintegración biónica del tejido anteriormente sano. De una manera parecida, las células Lk eran, supuestamente, biológicamente diferentes de los originales glóbulos blancos fisiológicos. También esto era, supuestamente, un organismo protozoico, enteramente nuevo, que crecía desordenadamente en la sangre, en las glándulas linfáticas o en ambos.

 

     5.    Una hipótesis preliminar posterior reemplazó el concepto que en Lk era el sistema de glóbulos BLANCOS que había enfermado, por la idea de que, para empezar, era el sistema de glóbulos ROJOS quien había iniciado el proceso Lk. Esta suposición general, que sonaba entonces más bien extraña, estaba justificada por varios hechos clínicos que no habían sido detallados hasta 1950:

 

     a.    El hecho de la existencia de una "Leucemia aleucémica", es decir, una Lk sin un aumento apreciable de los glóbulos blancos, no permitía cargar en el sistema de glóbulos blancos toda la responsabilidad.

 

     b.    En Ca ya había sido establecido, sin ningún lugar a duda, que la formación de células Ca protozóicos en tejido era en sí un proceso secundario, una reacción, como en realidad era, de un proceso más profundo y básico. En el núcleo de este proceso de la enfermedad primaria, la investigación orgonómica de Ca, descubrió una debilidad general de bioenergía, una baja carga o una pérdida continua de bioenergía en los tejidos y en el RBC, o más abiertamente en ciertas localizaciones; habitualmente allí donde el acorazamiento muscular y el impedimento del movimiento bioenergético había bloqueado el funcionamiento normal del tejido y la circulación de sangre. Antes de que las células Ca se desarrollaran, lo que habitualmente tiene lugar al final del proceso total del Ca, estaba en marcha, durante muchos años, incluso durante décadas, un proceso lento de ir muriéndose, un desmoronamiento y putrefacción de tejidos y sangre debido al retiro y a la resignación caracterológica y bioenergética y a la putrefacción. En esta "reacción T" que provoca el desarrollo de biones PA, de los que surgen a su vez las células Ca. De este modo, en el último análisis, la célula Ca en sí es un resultado más que una causa del proceso Ca, aunque también es cierto que las células Ca por su rápida proliferación, su infiltración de los órganos y su desmoronamiento consecutivo, aumentan el proceso de ir muriéndose.

                        A la luz de estos hechos se suponía que también en el proceso Lk, la rápida proliferación de células Lk y de las glándulas linfáticas puede ser debida a un proceso reactivo. El núcleo real estaría como consecuencia en alguna parte del trasfondo, no visto, ni reconocido con anterioridad. Este X desconocido sería entonces el factor que provoca el desarrollo rápido de las células Lk móviles y malignas que son parecidas a los glóbulos blancos.

                        Una proliferación tal de glóbulos blancos es bien conocida en la patología clínica. Cualquier infección local provoca un aumento del número de glóbulos blancos para luchar contra alguna de las enfermedades infecciosas. Algunas de  las células Ca se parecen mucho a los macrofagos. Por eso era lógico suponer que, juzgado desde otro ángulo, una leucocitosis, linfocitosis o fagocitosis, dentro de los límites benignos, son el resultado de la misma manera que por medio de provocación que, en una escala amplia y maligna, las células Ca y Lk son desarrolladas DENTRO del organismo, de su propio sistema bioenergético como reacción a una alteración crónica profunda y posiblemente específica. Después de haber terminado el minucioso estudio era fácil suponer que era de nuevo el proceso T quien era responsable por el aumento y lo maligno del sistema de glóbulos blancos. Asi las células Ca y Lk, aunque enteramente distintas a las células normales, con una función y origen diferentes, deberían tener, no obstante, algunos rasgos comunes con las células normales como leucocitos y linfocitos.

 

     c.    Ya que distingue la Lk del Ca en la medida que no afecta los tejidos en sí, sino principalmente la sangre y el sistema linfático, se podía suponer además, que no es el sistema de glóbulos blancos sino el sistema de GLÓBULOS ROJOS el que enferma y de este modo hace que surja la gran proliferación de las formas de glóbulos blancos. Esta hipótesis estaba, hasta 1950, apoyada solamente por una única observación clínica. En LA BIOPATÍA DEL CÁNCER (1948, primero publicado en la International Journey, Nº 4, 1945) se informó sobre un caso (p. 310[4]), que había sido diagnosticado por otros médicos como una posible leucemia y cuyo padre había fallecido de leucemia. Presentaba un aumento de células blancas hasta unas 14.000, pero no presentaba implicaciones linfáticas. No obstante, el análisis de sangre de Reich, daba una imagen diferente de lo que siempre se había visto en los procesos Ca. Los glóbulos rojos parecían SOBRE-cargados bioenergéticamente. Tenían el borde y el campo fuertemente iluminados. Los núcleos de muchos eran rojizos, un síntoma típico sobre radiación. También estaban tirantes y en aguda contradicción con eso, parecían desintegrarse con autoclave, como si no tuvieran ninguna fuerza bioenergética. La reacción T era extrema. ¿Cómo se podía reconciliar la aparente fuerza bioenergética cuando se les observaba a través del microscopio con la extrema debilidad con autoclave?. Parecía que no había respuesta para eso. No obstante, se ofreció por si una posible respuesta a este misterio, cuando la situación en una única célula roja, era comparada con un organismo globalmente enfermo, que reacciona a una infección general o sepsis con temperatura alta. En el último caso es el mismo sistema que está enfermo y al mismo tiempo, aparentemente sobre activo bioenergéticamente. Esta paradoja se podía aplicar a un único GLÓBULO ROJO. Estaba sobre-excitado porque estaba muy enfermo, desintegrándose desde dentro.

            Esta hipótesis tendrá que ser verificada ahora en ratones Lk.

 

                                                                                         1 de Diciembre de 1950.


   

    

[1]"The Lukemia Problem: Approach",  Orgone Energy Bulletin III(2), pp. 76-80, 1951.

    

[2]Reich: Die Bione, Oslo, 1938. Bion Experiments on the Cancer Problem, Oslo 1939, "The Carcinomatous Shrinking Biopathy", International Jornal of Sex-economy and Orgone Research, 1, 1942 pp. 131-155, "The Natural Organisation of Protozoa, "Ibid., pp. 193-225, "Organization of Plasmatic Matter fron Free Orgone Energy" Ibid .......

                (N. del O.: A continuación vienen unas palabras que no se leen bien))

    

[3]N. del O.: pág. 245 en la edición en Castellano: "Etapas en el desarrollo de las células cancerosas en los experimentos T con ratas (1937-1942)".

    

[4]N. del O.: caso 4º del capítulo IX (páginas 335 a 440 inclusives) en la edición en castellano.

  

     

     

  

  

  

  

   

   

  

  

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