LA EDUCACION "ECONOMICA SEXUAL"

PAUL MARTIN[1] M.D.[2]

  

  

 

INTRODUCCION AL TEXTO

 

            Este artículo es, desde mi punto de vista, de un valor histórico y actual considerable. Escrito por el -Dr. Ola Raknes -discípulo directo y muy querido de W. Reich y portador del trabajo de la Vegetoterapia Caracteroanalítica en Europa- publicado por primera vez en el "International Journal of Sex economy and Orgone Research" Vol.2 - 1943. Leerlo hoy, en nuestro contexto cultural, me conmueve y me llena de ternura. Sencillo y valiente en sus afirmaciones, práctico y lleno de indicaciones pedagógicas concretas, revolucionario en su esencia, aunque muchas formas pedagógicas actuales pretendan que éstos son conceptos ya expresados y participados ampliamente por otras teorías.

            Me sumo, por mi sentimiento de la Orgonomía y por mi propia experiencia personal, educativa y clínica, a la casi totalidad de los presupuestos pedagógicos expuestos por el autor, si bien algunos aspectos han podido ser superados y más estructurados metodológicamente por nuestra experiencia posterior, como ejemplo de ello, remito al lector los artículos publicados en nuestra revista, relativos a la profilaxis, en los dos números anteriores, correspondientes al año 88 (Dosier vida intrauterina y Dosier Parto) entre otros.

            El término "educación economía sexual" empleado por Ola Raknes y asimismo por W. Reich en sus inicios, es el equivalente al de "autorregulación infantil" utilizado posteriormente y/o "pedagogía orgonómica" con lo que aún hoy nos expresamos los miembros de nuestra Escuela, que trabajamos en este campo.

            Me gustaría destacar una frase extraída del artículo, que resume bastante claramente el espíritu de éste y que es válida, asimismo, como introducción a la lectura, tanto de este trabajo como de todos los que hemos incluido, referentes a la oralidad - anteriormente al parto y a la vida intrauterina - e incluiremos posteriormente respecto a la genitalidad:

            "El placer físico es la base de todas las funciones corporales. Es el placer lo que hace rodar las ruedas; cuando la experimentación del placer es interferida, las funciones corporales se alteran. Esta alteración de la función es localizada primero allí donde la interferencia original tiene lugar. Implica más tarde las dos funciones que tienen relación con la primera" (Dr. Ola Raknes; pseudónimo Paul Martín).  

  

(Maite S. Pinuaga)

   

   

   

 

INTRODUCCION

 

            ¿Qué es la educación económica sexual? La respuesta a esta pregunta no se encuentra en la literatura sobre economía sexual. Encontramos algunos artículos que dan una idea de los conceptos económicos sexuales según los cuales los niños deberían se educados, pero apenas encontramos algo más.

            No obstante, la pedagogía económica sexual existe: o mejor dicho, existe un principio de pedagogía sexual, tanto en la práctica como en la teoría. Padres, guarderías, psicólogos infantiles y otros educadores se interesan cada vez más en la economía sexual, aplicándola en su práctica. Y grupos de estudio en los que los múltiples problemas de la educación económica sexual constantemente son discutidos.

            En este artículo no entraré en los detalles de procedimiento, sino que me limitaré a esbozar brevemente aquellos aspectos de nuestro trabajo que hasta ahora han aportado los resultados más significativos.

            Muchos problemas tuvieron que ser omitidos por necesidad; y se discutirán en artículos próximos.

            Para empezar me gustaría dedicar unas cuantas palabras al trasfondo teórico de la educación económica sexual. La palabra "educación" crea confusión. Nuestro principio básico es no "educar", en la medida de lo posible reemplazar la educación por el principio de la autorregulación.

            En biología es un hecho bien conocido que todos los organismos vivos poseen una tendencia hacia la autorregulación. Nuestra experiencia demuestra que los niños también poseen esta capacidad de autorregulación de sus necesidades tanto inmediatas, como las que pertenecen a su desarrollo general. Lo muestran en las funciones esenciales como comer, dormir, aseo,... cuando, y solamente cuando les damos la oportunidad de regular la gratificación de sus necesidades. La tarea más importante del "educador" es por tanto la de cooperación con el niño en la satisfacción de éstas. Por ejemplo, la madre debe intuir cuando el bebé tiene hambre, darle el pecho y dejar que el niño mame hasta que él deje el pezón por propia iniciativa. El niño debe tener las condiciones adecuadas para satisfacer las necesidades de su desarrollo: espacio suficiente  para moverse, juguetes que absorban su interés, otros niños entre los que poder escoger sus compañeros de juego. Pero no hay que tener miedo a formular al niño exigencias razonables ya que forma parte de sus necesidades el resolver tareas, no obstante, tienen que estar en armonía con su desarrollo, capacidades e inclinaciones. Esto es, el niño debe tener todas las oportunidades para su libre desarrollo.

            Entre las condiciones que tienen que ser satisfechas para hacer posible esa evolución, he mencionado diversas circunstancias externas; espacio para jugar, etc. Pero las personas que están a su alrededor (del niño) también tienen han de promover su desarrollo. Tienen que actuar y reaccionar de un modo vivo; teniendo la capacidad de tolerar las explosiones emocionales del niño. Sintiendo cuando el niño necesita ayuda y cuando simplemente intenta dominar. Incluso los niños de 6 ó 8 semanas obligan a la madre, con el llanto, a estar siempre a su lado. No obstante, la mayoría de las madres aprenden pronto a distinguir si el niño llora porque algo va mal o solamente para llamar la atención.

            La necesidad más esencial es, sin duda, su necesidad de amor, tanto físico como psíquico, su importancia la podemos observar en la siguiente situación: Cuando los niños pobres de las grandes ciudades son llevados al campo de vacaciones y puestos en contacto con entornos bonitos, rodeados de los mejores cuidados, frecuentemente planean - por el aburrimiento y la nostalgia -, volver a los patios interiores donde juegan y están cerca de sus progenitores. Incluso intentarán escapar mientras todo el personal de la acampada cree que se sienten cono peces en el agua. Esta ilustración nos da en parte la contestación de por qué siempre se oye hablar sobre la importancia de la familia. El factor decisivo no es la familia en sí: sino la cantidad de amor que ofrece el entorno y si da el amor suficiente para satisfacer la intensa necesidad del niño. Cuando consideramos las condiciones de las guarderías y otros lugares parecidos para el desarrollo personal, entendemos por qué la familia se ve como el mejor lugar para el niño. Pero en realidad la familia, en su forma actual, es a menudo donde se incuban las peleas, las represiones y las inhibiciones; un lugar donde el niño - a pesar de las buenas intenciones - no puede ser educado con el amor suficiente. Al contrario, está expuesto a la ignorancia y los odios, ya que los padres insatisfechos en sus propias necesidades e incapaces de mantener un contacto real, proyectan un afecto de sustitución sobre sus hijos. Y repito: a pesar de las buenas intenciones.

            Una educación de calidad es una educación amorosa. La necesidad de afecto del niño es inmensa y no es sólo psíquica. En éste, como también en otros aspectos, las necesidades del niño están ligadas al placer corporal y al deseo de placer sexual.

            A los niños de todas las edades les gusta tocar y ser tocados, por ello combinarán de todas las maneras posibles, su afecto con el deseo de placer sexual. El lactante satisface su deseo mamando. Los niños mayorcitos se masturban y exploran otras vías para la obtención de tanto placer como sea posible de las personas a las que quiere; esto es, los padres y sus compañeros.

            Como es bien sabido, Freud creía que entre estas dos fases, la oral y la genital, existe una tercera, la fase anal, a la que consideraba con una base biológica como las otras. Nosotros lo ponemos en duda. Creemos que dicha fase anal es una defensa fuertemente desarrollada. La educación convencional requiere del niño un estricto control de las funciones de los esfínteres en una época en la que el sólo puede afrontar este requerimiento con la retención de los excrementos a través del miedo. Los niños la aceptan porque descubren que los excrementos retenidos, especialmente las heces, estimulan intensamente las respectivas zonas. Y así producen un nuevo tipo de excitación placentera reemplazando la pérdida de la función natural.

            Para nosotros es de mayor importancia que no se destruya en el niño el placer de su propio cuerpo y su capacidad para la gratificación sexual. La experiencia del placer juega un rol esencial y decisivo en todo el desarrollo estructural del individuo. Esto significa que el placer físico es la base de todas las funciones corporales. El placer es lo que hace rodar la rueda. Cuando la experimentación del placer es interferida, las funciones corporales se alteran. Esta alteración de la función se localiza primero allí donde la interferencia original tuvo lugar, implicando más tarde a todas las otras funciones en relación con la primera. En el individuo sano el apetito y no el hambre es lo que le hacer comer, el placer genital y no el deseo de descendencia lo que le conduce al acto sexual. Si el camino de la gratificación sexual está abierto, el individuo quedará vegetativamente móvil y mantendrá su capacidad de trabajo y su potencia orgástica. Cuando el camino de la gratificación sexual está bloqueado, se forma la base para una estructura caracterial patológica con las correspondientes alteraciones de trabajo y potencia. La energía vital y sexual son idénticas.

            Una importante inhibición acontece cuando la angustia y la agresión son reprimidas. Y lo son, tanto consciente como inconscientemente por todas las formas existentes de educación. La educación actual no es solamente ruinosa por que aísla sino también por desarrollar la pasividad del carácter. Refuerza la represión de la familia y la sociedad, hasta el punto de asumir la función social siendo el apoyo esencial en el mantenimiento de la familia patriarcal, represora del sexo, y de la forma actual de sociedad que niega la vida.

            La capacidad del individuo para defenderse de este tipo de educación es reducida - en un grado variable - por el hecho de tener prácticamente todas las autoridades en contra que no sólo de la escuela y la iglesia que son esencialmente autoritarias sino también de todas las autoridades médicas y prácticamente todas las educativas. Respecto a las últimas; esto es verdad a distintos planos, e incluso en los simpatizantes de conceptos educacionales modernos, son en contra de sus propias intenciones. Así pasa, por ejemplo con la mayor parte de la escuela Montessori. La razón está en su negligencia o esquivación a la hora de afrontar el problema sexual. Otro ejemplo de enfoque equivocado es la pedagogía psicoanalítica (Anna Freud, Aichhorn, Bernfield) que utiliza su conocimiento de la sexualidad para reprimirlo todavía más. De hecho, hasta ahora no ha habido una pedagogía que una: "la intención de" y "la capacidad para" una afirmación real de la vida.

            Cuando se permite la realización de todas las necesidades, existe una cosa que más que las otras caracteriza el niño sano y al ser humano sano en general. Se trata de la capacidad de darse (entregarse)[3]. Cuando un niño posee esta capacidad, se da totalmente, no importa lo que está haciendo.

            Esto es válido tanto para sus juegos como para su sexualidad, para el lactante que mama o para el niño más mayorcito que se masturba. No importa lo que haga, lo hace con toda su dedicación. Cuando el psicólogo observa una disminución de la intensidad de sentimientos con el aumento de los años, esto es reflejo del estancamiento emocional gradual bajo la poderosa presión que niega la vida y a la cual todos estamos expuestos: primero por la educación temprana y más tarde por las experiencias que da la vida. Nosotros intentamos por esta razón, no molestar al niño en aquello que lo absorbe: en parte para lo que pueda vivir plenamente y a su propio ritmo, en parte por respeto a la individualidad del niño. Solamente obligamos el niño cuando es absolutamente necesario: Cuando, por ejemplo, el niño se expone a sí mismo o a otros al peligro.

            Igual que respetamos plenamente el juego del niño, igualmente respetamos sus sentimientos.

            No hay nada más equivocado que considerarles como meramente "infantiles". La mayoría de los adultos tienen una buena razón para envidiar a los niños, su intensidad y espontaneidad de sentimientos. Nosotros nunca impedimos sin razones convincentes, la más plena expresión de las emociones del niño. Esto se aplica primero a lo que llamamos las emociones básicas: permitir que el niño experimente libremente placer, ansiedad, enfado y tristeza (excepto que el enfado vehemente no debería estar dirigido hacia niños más pequeños). Con otras palabras, se debería dejar que el niño disfrute de lo que le gusta, enfadarse, odiar aquello que no puede soportar. Es de suma importancia no obligar al niño a amar en contra de sus deseos - ni siquiera a los padres -. El amor no puede ser exigido. Y el derecho a llorar también pertenece a los derechos básicos que todos deberíamos tener[4].

            Podemos resumir estas observaciones con una afirmación: Consideramos al niño, desde el día de su nacimiento, como una personalidad individual. Es una personalidad independiente, una entidad completa con una manera de ser propia. En las expresiones y movimientos del recién nacido vemos intereses de desarrollo. Incluso los movimientos más mínimos no carecen de significado para nosotros: les vemos como intentos, ensayos en una u otra dirección. Confío que en este artículo sobre nuestra práctica lograré mostrar que en todos los aspectos tratamos a los niños como personalidades individuales con los mismos derechos que nosotros.

            De esto deducimos que nunca vamos a considerar una respuesta del niño, incluidas las manifestaciones patológicas, como un fenómeno aislado, sino siempre a la luz de su significado en la personalidad del niño como un todo, para el organismo vegetativo entero.

            Bueno - dirá el lector - ¿Eso es algo nuevo? No, definitivamente no todas estas cosas han sido dichas muchas veces anteriormente. Entonces ¿qué es lo que es tan innovador en la pedagogía económica sexual? En parte está en la énfasis particular sobre los principios de autorregulación y gratificación placenteras, y en parte la coherencia con que estos principios son puestos en práctica. Pero, principalmente, la contribución de la pedagogía económica sexual está en el hecho de que sólo persigue un fin: el desarrollo de individuos sanos, vitales y tan capaces como sea posible de amar.

            No miramos con desdén otros fines de la educación como ser ordenado, la moral, el aseo, tener buenos modales, etc. Pero sabemos por nuestra experiencia (del tratamiento de adultos y del estudio de ciertas sociedades primitivas), que una educación de acuerdo con los principios de la economía sexual lleva a una moral más profunda y más auténtica, a una aproximación más honesta de los problemas de la vida y a un amor más profundo y una comprensión mayor de la gente que la que es posible bajo cualquier otra forma de educación. Al mismo tiempo, el estudio económico sexual de la estructura humana nos muestra las fuerzas que niegan la vida y las que la promociona; y mostrándonos los factores patogénicos nos capacita para eliminar la base de desarrollos patológicos, de eliminar las inhibiciones sin crear nuevas represiones.

            La diferenciación de Reich de los instintos primarios y secundarios tiene una importancia fundamental aquí Reich demostró que cuando un instinto primario (natural) es reprimido se desarrolla un instinto secundario, patológico y, a menudo, antisocial. Para dar unos cuantos ejemplos simples: un individuo con una vida sexual natural nunca sería capaz de cometer una violación. Este delito presupone que el instinto sexual está inhibido y así ha llegado a ser tanto intensificado como cualitativamente alterado (es decir, ha llegado a ser un instinto secundario). Y a la inversa, un niño astuto y mentiroso nunca será capaz de enfadarse de la misma manera como lo hace un niño sano. Estas consideraciones también se aplican al tan a menudo malentendido concepto de libertad. No importa sus limitaciones, no puede haber límite en la libertad del individuo a expresar sus instintos y tendencias primarias y en la tendencia a enfadarse por (injustificadas) restricciones de su motilidad. Por eso el conocimiento económico sexual no lleva a una tibia tolerancia, sino a la libertad en todo lo que es sano y a la eliminación y prevención de aquellas cosas que son las causas de las enfermedades.

            Podemos resumir nuestras conclusiones como sigue: La educación no debería ser una educación, sino una causa para salvaguardar hasta el más alto grado posible, la capacidad natural del niño a entregarse plenamente a todas sus funciones, en particular, al placer y a la actividad, y protegiendo la autorregulación natural de todas las acciones vitales. Además ha de proveer todas las oportunidades posibles para el desarrollo independiente del niño en todos los aspectos. Esto debe hacerse sin miedo por y, efectivamente, a través de la gratificación de la enorme ansia de amor del niño. El pre-requisito es estar capacitado para identificarse completamente con la personalidad del niño. El resultado será un niño con demandas vivas, que estará equilibrado y feliz cuando las necesidades que corresponden a su propio ritmo están satisfechas.

 

OPOSICION Y TAREAS

 

            Cuando uno puede dar realmente a los niños lo que necesitan y piden, difícilmente existe una tarea más placentera que ocuparse de ellos. En muchos casos se encuentra una gratitud profunda y auténtica en los padres. No obstante, a menudo uno se encuentra con todas las resistencias posibles por parte del entorno: a los padres les falta tiempo, medios, espacio y - en un grado variable - la capacidad de entender lo suficientemente bien a los niños para no reprimirlos. Y también encontramos envidio y celos, falta de comprensión y obstáculos, conscientes o inconscientes, por parte de los padres y autoridades. El trabajo con los padres y la eliminación de sus resistencias es, frecuentemente, la tarea más ardua y más difícil, porque la estructura de los padres y sus dificultades personales y sociales están reflejadas en un grado sorprendente, en el comportamiento de sus hijos[5].

            Por otra parte, cuando los padres comprenden que es posible salvar a los niños de las dificultades contra las que ellos mismos han tenido que luchar toda su vida, su gratitud puede ser ilimitada.

            Esta influencia social y estructuralmente condicionada del entorno inmediato, con sus continuas presiones inhibitorias, está mantenida de todas las maneras imaginables, por los ideales educacionales como la cortesía, el aseo, el "buen comportamiento" y por todo tipo de autoridades, entre ellos la médica y la pedagogía.

            Nuestra tarea, entonces, es combatir los mecanismos represivos, mostrar el camino hacia una mejor comprensión de las exigencias de la vida y de la salud, y señalar el efecto inhibitorio y ruinoso de estos. Es necesario pues demostrar que son propuestos sin justificación alguna y que destruyen la felicidad de la infancia y de la vida futura. Buscamos una comprensión de las necesidades del niño, pero no una comprensión meramente pasiva y de simpatía, sino más bien una que nos lleva a la lucha activa para lograr la felicidad de los niños, y a través de ellos, para todos los seres humanos. Esta postura activa implica grandes exigencias a la personalidad del educador, pero ofrece una relación mucho más rica con los niños; y, de hecho, sólo una comprensión tal puede ser la base para una relación fundada sobre el respeto mutuo. El resultado: niños felices con buenos amigos y ayudantes alegres en su entorno inmediato.

            Ahora puedo proceder al a exposición de algunos aspectos de nuestra práctica. Estamos confrontados con dos tareas. La primera es la de ayudar a los niños más o menos inhibidos a ser otra vez plenamente vivos. Este es el trabajo del asesor pedagógico y a menudo el del maestro activo. En casos difíciles el problema sólo puede ser resuelto con un verdadero tratamiento. La segunda tarea, que trataré aquí específicamente, es la de desarrollar un niño sano y ayudarle a conservar esta salud. Empezaremos por el recién nacido.

            El campo más gratificante de la pedagogía económica sexual es indudablemente el que trata al recién nacido. Aquí nuestra tarea es relativamente simple. Consiste exclusivamente en dejar que la autorregulación y el autodesarrollo tomen, en lo posible, su propio curso. Ya que los primeros días son de suma importancia se debe prevenir cualquier intervención que interfiera ya desde el nacimiento. Tal como están las cosas ahora no hay duda que la mayoría de las represiones y alteraciones empiezan con el ingreso en hospitales, porque allí los niños son tratados habitualmente de una manera impersonal y esquemática. (Espero poder publicar pronto un artículo sobre este tema).

            Precisamente con el recién nacido lo que entendemos por autorregulación se aclara de pronto. Primero, respecto a la alimentación, observamos que el niño determina por sí mismo, cuando, cuan a menudo y cuanto tiempo quiere tomar el pecho. Tal vez incluso más que los pediatras, ponemos el énfasis sobre la importancia de dar el pecho. Le pedimos a la madre que mantenga el niño al pecho hasta que lo deja por sí mismo; cuando empieza a mamar tarde, creemos que es mejor dejarle hasta que se cansa. Por eso, no decidimos cuando hay que darle la próxima toma, sino que pedimos a la madre que deje que sea el niño quien decida. Cuando se sigue este procedimiento el niño, por regla general, establece lo que llamamos su propia regularidad o ritmo. Esto suele significar cuatro o cinco tomas diarias; solamente una vez he visto un niño que necesitaba seis. Un ejemplo de la importancia de permitir que el niño mame hasta que esté satisfecho me lo dio una colega. Descubrió, pesando a su hijo, que éste obtenía la mayor cantidad de leche después de los primeros veinte minutos.

            Por el bien de la economía sexual del niño durante los primeros años, nos gustaría que el tiempo de la toma durara el mayor tiempo posible (véase más abajo el "niño casi sano"). Esto, por supuesto, no significa que el niño no deba recibir otros alimentos aparte de la leche materna a su debido tiempo. El Prof. Malinowski me informó que en las tribus primitivas el periodo de lactancia dura por lo menos un par de años. Reconocemos que eso es imposible con las condiciones sociales actuales. El placer del niño está además reducido por la moderna exigencia de que las tomas deben ser dadas "puntualmente" y no durar más de 10 a 20 minutos, y la madre generalmente no tiene bastante leche. Por todas estas razones consideramos de extrema importancia aumentar tanto como se pueda, las posibilidades placenteras de la lactancia y otras formas de alimentación y proporcionar en el niño pequeño todas las gratificaciones derivadas de la boca[6]. También por esta razón no intervenimos cuando se utiliza el chupete o cuando los niños se chupan los dedos. Ni les quitamos el biberón mientras quieren chuparlo. Por otra parte existen razones especiales para permitir que los niños anden con la boca abierta; tiene que ver con el hecho - y esto es confirmado a nivel terapéutico - de que el espasmo de los músculos que cierran la boca, inhibe severamente la capacidad de entregarse. (Los detalles de este hecho no se han publicado todavía).

            Creo que la lactancia nos da la mejor ilustración de la diferencia que existe entre la regulación que nosotros perseguimos y la que en general se mantiene por las autoridades en pediatría. Nuestra regulación viene del niño mismo; es viva y está en constante armonía con él, como resultado, cambia conforme el niño cambia y se desarrolla. La otra regulación procede según un esquema impuesto al niño desde fuera y suprime su ritmo propio, obligándole a algo extraño que sólo puede tener el efecto de una camisa de fuerza. Nos ajustamos al niño que depende completamente de nuestra ayuda, completamente conscientes que siempre hay conflictos entre nuestros intereses y los de los niños. Estos conflictos se tienen que solucionar en la vida cotidiana lo mejor que se pueda e intentaremos demostrar que esto se logra hasta un grado alto sin hacer sufrir a ninguna de las dos partes. Una solución satisfactoria a escala social, presupone, no obstante, una sociedad que aspira a hacer feliz a la gente. Los otros obligan al niño a ajustarse a sus vidas, a sus demandas, a sus reglas, bajo tal régimen, no aparecen más conflictos, significa simplemente que el niño ha sucumbido ante su entorno o que la lucha ha llegado a ser interna. En ambos casos el adulto ha transmitido el problema al niño.

            También en otros aspectos dejamos que el niño regule su vida. Le dejamos dormir cuando tiene sueño, sin interrumpirlo y no intentamos a obligarle a dormir antes de que se acueste por sí mismo. Según nuestra experiencia los hábitos de dormir del niño no son menos regulares con esta dirección que con otras. De hecho, la mayoría de nuestros niños pronto establecen el hábito de dormir durante toda la noche.

            Las alteraciones del sueño pueden ser debidas de forma directa a la intervención desde fuera sobre el mecanismo autorregulador del sueño en la exigencia de que el niño debe dormir (Ver a dormir inmediatamente!). Otro factor es el miedo de entregarse al sueño. Los pacientes que de niños - debida a  la común y lamentable costumbre - dormían en el dormitorio de sus padres, relacionan a menudo su insomnio a que yacían despiertos, completamente tensos, para escuchar lo que sus padres hacían. Pero aparte de todo eso el insomnio, tanto en niños como en adultos, parece principalmente causado por la frustración sexual. Eso también es válido en la mayoría de los casos en que los niños duermen bien cuando alguien desconocido les cuida, pero duermen inquietos cuando está su madre. Aquí la alteración es debida a la gran ansia de amor que ha despertado la madre, pero que por una u otra razón no logra satisfacer.

            Sabemos que los niños son por naturaleza sociables. Lo que no es tan conocido es que esta sociabilidad se manifiesta muy temprano. Por ejemplo: los niños lloran a las pocas semanas cuando desviamos la vista y a menudo están insatisfechos cuando se les deja solos. Quieren ser atendidos y disfrutan visiblemente hasta que se cansan. Esta necesidad de estar con otros y sentirse en contacto con ellos persiste durante toda la infancia y toda la vida, siendo básica para que cualquier aspecto de la vida social. Vemos que se expresa muy pronto hacia los niños de la misma edad y desarrollo. Los niños deberían tener, desde muy temprana edad, la oportunidad de estar juntos, de ser compañeros, y de ser cualquier cosa que pueda ser el uno para el otro. Esto constituye el fundamento para el contacto natural con sus semejantes lo que deberían tener durante toda la vida. Con eso empieza la vida social.

            No obstante me gustaría explicar una complicación que se presenta en este temprano estadio de la vida social. La represión que existe pro parte de otros niños y de su entorno. Primero la represión de los niños pequeños por parte de los más mayores, que reciben por medio de admoniciones, consejos o indicaciones habitualmente pasan por alto lo más pronto posible. Como los adultos de su entorno son a menudo muy estrictos con los niños más pequeños, imitan formas educativas de sus mayores pero aplicándolas con  su estilo infantil, sin ninguna limitación. Es particularmente evidente en los niños que acaban de entrar en la escuela, pero también entre niños de la misma edad; los niños más débiles o aquellos con rasgos más débiles sucumben ante los más duros. Esto significa que es el niño sano o el todavía sensible y relativamente sano el que sucumben ante los más robustos e insensibles, sólo porque éstos están más eficientemente acorazados. Algo parecido ocurre indudablemente en muchas guarderías y en la mayoría de las escuelas. Es inevitable cuando niños con individualidades marcadamente diferentes entran en contacto y los adultos que les tienen bajo sus responsabilidad no logran reconocer el problema o no tiene otra cosa en la cabeza que la adaptación a la comunidad sin darse cuenta de que esto ocurre a expensas de la vitalidad del niño. La tarea real es la de hacer posible para el niño, como individuo, crecer dentro de la comunidad de manera que pueda conseguir en esta el desarrollo máximo de su personalidad y sus posibilidades. Solamente así la comunidad obtendrá un mayor beneficio tanto para el individuo como para sí misma, y solamente así evitará una relación autoritaria y más o menos religiosa que suprime el desarrollo del individuo. En cambio se convertirá en el lugar donde uno se enriquece y desenvuelve con las mismas posibilidades que los otros[7]. Como ejemplo de medidas supresivas, no observadas pero altamente significativas, podemos mencionar la muy generalizada costumbre de enviar a la madre a casa inmediatamente después de haber traído a su hijo a la guardería el primer día de clase. Así el niño se ve obligado a quedarse: que es la meta de este procedimiento, por eso es muy difícil para el niño hacerse con su nuevo entorno. Una de las tareas principales de una educación sana es, por ello, preparar el terreno para que estas relaciones entre niños se puedan dar sin represiones.

            Volviendo al lactante: damos al niño tanta oportunidad para la actividad motriz como podamos. La ropa, aunque abrigue lo suficiente, no debe impedir sus movimientos, y durante la noche no le arroparemos o taparemos con algo pesado. Esto nos lleva a la necesidad de mantener el dormitorio a una temperatura bastante alta y por eso hemos olvidado la regla de que los niños deberían dormir siempre con la ventana abierta. Tan pronto como sea posible les daremos juguetes, primero, por ejemplo, colocamos algunas cintas de colores delante de él. Pensamos que el niño debe estar echado cómodamente y -  a no ser que haya peligro de raquitismo - no creemos que el habitual colchón duro sea necesario. Desde el principio procuramos que el niño no tenga la vista obstaculizada, no solamente por encima, sino también lateralmente. Colocamos el niño en una cuna con lados abiertos o sobre un sofá cuando está despierto.

            Desde el primer momento es necesario satisfacer el deseo del niño de ser acariciado. Esto no significa tratarlo como una muñeca o un juguete que uno manipula según su propio antojo; pero no se debe tener miedo de ser realmente afectuoso con el niño cuando lo pide y lo necesita.

            La cuestión del aseo es de mayor importancia, y también se trata de la misma manera en la medida de lo posible. No hacemos nada para que el niño sea limpio en una etapa temprana. Mientras es pequeño intentamos cambiarle tan pronto que se haya mojado o ensuciado porque se encuentra incómodo cuando tiene los pañales sucios. Más tarde simplemente lo mantenemos seco pero no le obligamos a ser limpio antes de que por sí mismo lo desee. Dejándole en el orinal cuando y el tiempo que quiera. Se da por sentado que si uno procede de esta forma no debería tener alfombras caras en el suelo y que habrá una gran cantidad de ropa para lavar. Como compensación creemos que sólo así se puede evitar las verdaderas alteraciones y en especial los espasmos de la pelvis. La edad en la que el niño aprende a ser limpio varía mucho de un niño a otro. La razón parece ser que a pesar de todo se ejerce alguna compulsión cuando se trata del aseo. La estructura de los padres y la opinión de otros, especialmente la de los abuelos, debe ejercer alguna influencia.

            Los niños por regla general disfrutan de su baño a no ser que lo hayan asustado con un tratamiento brusco o con la sensación de perder el equilibrio en la bañera. Se debería ejercer la menor obligación posible para que los niños sean aseados.

            Es inherente desde este punto de vista, que nuestros concepto de "higiene" difiere del que se mantiene habitualmente. Ya que incluye mucho más que las demandas de asepsia y de otras medidas preventivas. Para nosotros no es sólo una cuestión de prevenir infecciones, raquitismo y enfermedades similares, sino cualquier cosa que pueda interferir el desarrollo vegetativo. Por esta razón contemplamos con mucha desconfianza aquellas exigencias que tienen el efecto de limitar la independencia, la motilidad, el placer y el desarrollo general del niño.

            El relación con eso puedo mencionar que intentamos prevenir la angustia, en especial en niños pequeños. Es una opinión generalizada que los niños pequeños no tienen capacidad de entender. Esta creencia es mantenida por muchos manuales médicos, dirigidos a los padres. Esta literatura es ampliamente contradictoria y esencialmente incorrecta. Al contrario, el ruido por ejemplo es una fuente común de angustia en los niños: a menudo altera o impide el sueño. El llanto lo consideramos como una señal de sensaciones desagradables en el lactante, siendo posible encontrar y eliminar la causa. Sólo cuando descubrimos que el niño empieza a hacer mal uso del llanto, por ejemplo, para llamar la atención o para obtener otras ventajas, entonces dejamos que llore.

            En general, nuestra experiencia ha sido que los niños casi siempre son tan vivaces que resulta difícil para los adultos - particularmente cuando son hijos únicos - seguir su actividad.

            Y, finalmente, un ejemplo para demostrar cuan fuerte puede ser el placer del chupete y cuan temprano se puede desarrollar una personalidad fuerte (y bajo determinadas las circunstancias este desarrollo siempre tiene lugar). Un niño de 10 meses que había sido tratado según nuestros principios tuvo que ser hospitalizado. Las enfermeras dijeron inmediatamente a los padres que no podían dejarle su chupete bajo ningún concepto. Al mismo tiempo les "prometieron" acostumbrarle al orinal. Pero él ganó. Bramaba tan fuerte y tan persistente que tuvieron que ceder y se transformó en el primer niño de la historia de la sala a quien se le permitió tener chupete. Ambas partes respiraron aliviadas cuando después de 36h. le dieron el alta.

            Este ejemplo también nos muestra la gran diferencia entre nuestras ideas y las habitualmente aceptadas y oficiales: desde el punto de vista del hospital sólo era un niño extraordinariamente inquieto, terco y maleducado. Para contrastar quisiera mencionar el caso de otro niño que a la edad de 8 meses todavía estaba echado la mayor parte del tiempo en su cochecito; era apático y no mostraba ninguna iniciativa. Nunca lloraba pero se ponía rígido de miedo si un desconocido le miraba. Cuando tenía unos 12 meses, este niño, en otros aspectos sano, aún no mostraba ningún interés en los otros. Su madre, más bien mayor, le había "acostumbrado" de una manera amable pero determinante a estar tranquilo a intervalos regulares, es decir, la mayor parte del día, arropado en el fondo de su cochecito cerrado, enrollado en mantas y atado con correas de manera que era absolutamente incapaz de moverse.

            Ahora algunas palabras sobre la educación posterior. Los principios son los mismos: aparte de ser siempre amable y afectuoso con el niño y darle todo el amor físico y psíquico que necesita, el punto más importante es tratar con auténtico respeto su personalidad individual. Un niño es frecuentemente, como lo demuestra el ejemplo mencionado anteriormente, una personalidad más independiente a los 1 ó 2 años que la mayoría de los adultos.

            El problema principal de esta educación es, tal vez, la relación del niño con el juego y con las otras actividades. También aquí dejamos que los niños regulen sus propios asuntos tanto como sea posible: no les imponemos nuestros motivos o conceptos, ni nuestras ideas de cómo deben ser utilizados sus juguetes. Les ayudamos solamente cuando lo piden. Cuando hay varias niños les permitimos regular sus relaciones y solamente intervenimos cuando es necesario proteger a uno o varios de ellos. Eso no significa que no juguemos con ellos, al contrario, pero nuestra participación en sus juegos es al mismo nivel que la suya. Los juguetes constructivos son buenos. Los mejores juguetes son aquellos en los que el niño tiene más interés y con los que puede hacer muchas cosas. Quiero mencionar que mi propio hijo jugó durante más de un año con chapas de botellas. Las coleccionaba. Tenía cientos de ellas, las clasificaba según el olor, construía figuras con ellas, las utilizaba como material de transporte para su tren, etc, etc. Este ejemplo demuestra que los niños necesitan muchos juguetes, pero no tienen que ser necesariamente caros. Para mí uno de los cuadros más lastimeros es un niño pequeño sin oportunidades para jugar y para desarrollar su actividad. Esto no debería existir. No es sorprendente que los niños que se ven limitados a unos pocos juguetes y posibilidades de jugar por su educación o por las necesidades económicas, desarrollen un sentimiento mucho más intenso de posesión por las pocas cosas que para ellos representan todo lo que es deseable en este mundo. Las consecuencias sociales y sexuales de este exagerado sentido de posesión no son difíciles de ver. Quiero poner un acento especial en que nosotros dejamos que los niños dibujen, pinte, jueguen con barro, arena, tierra, etc. y - bajo la supervisión adecuada - con fuego.

            Desafortunadamente no puedo discutir en este artículo el difícil problema de cómo es posible social e individualmente modificar el entorno del niño para hacer viable todo eso.

            Parte del juego del niño es contar historias y bromear acerca de los adultos. Respecto a sus preguntas tenemos la misma actitud que hacia sus juegos: las tomamos en serio y les contestamos lo mejor que podemos, por lo demás hablamos con ellos sobre muchos temas, incluyendo a ellos mismos como haríamos con otras personas.

            No tenemos miedo de mostrarles los propios sentimientos, puesto que algunos son naturales y eso incluye el enfado justificado. Al contrario, para crecer sanos los niños, tienen que hacerlo entre individuos que también están vivos. Nos estremecemos ante la idea de personas que siempre son "pedagógicas" y "correctas" o siempre pacíficas y comprensivas. Un comportamiento tal tiene un efecto paralizante sobre los niños. Por eso les hacemos saber tranquilamente cuando nos molestan realmente. Forma parte de la asociación natural con los niños que hablamos de ellos en su presencia, igual que se habla de adultos en su presencia. Se habla tanto sobre sus puntos positivos como sobre los negativos, pero con pleno respeto y de manera que no les ofendamos. Igualmente hablamos de su entorno, su comportamiento hacia otros niños, etc. No queremos ningún respeto artificial, ni autoridad. No compartimos el miedo común, casi pánico, de hablar sobre los niños cuando están cerca; ni acreditamos el parloteo irresponsable sobre cualquier caso como si no estuvieran presentes o como si no entendiesen de lo que estamos hablando. La angustia y el miedo deberían ser apartados, incluyendo todo lo moralizante, tanto en su forma pura como en forma de cuentos.

            Pero eso no excluye las admoniciones y la enseñanza necesarias. Les enseñamos a tener cuidado con el tráfico y de no caer por las ventanas, etc. No obstante, si es posible, es preferible permitir que adquieran su propia experiencia: p.e., dejar que se quemen ligeramente con el radiador o dejar que se caigan de alturas no peligrosas.

            Intentamos actuar tan natural como nos sea posible, tanto con miras a nuestros propios cuerpos como también con los suyos. Nunca evitamos que jueguen con su cuerpo o con el de otros niños. Y disfrutamos de verles enamorados. Y, a propósito, el enamoramiento real más temprano y en el pleno significado de la palabra que he visto nunca, fue entre un niño de 15 meses y una niña de 10 meses. Estaban radiantes cuando estaban juntos, se abrazaban y lloraban cuando tenían que separarse.

            En cuanto a la comida, también estamos a favor de una libertad completa y creemos que es natural que los niños sean golosos. Tan pronto como es posible, a menudo alrededor del primer cumpleaños, dejamos que los niños empiecen a alimentarse solos; que elijan lo que quieren comer, que se sirvan y determinen cuanto quieren. (No existe problema con las vitaminas; aún tenemos que ver el niño que no tomaba alegremente su cuchara de aceite de ricino). No hay nada que añadir respecto al aseo y a la ropa. Los niños desarrollan pronto tendencias en estas direcciones y dejamos que determinen ellos lo que se quieren poner y tan pronto como son capaces se lavan y se visten solos.

            Como conclusión quiero mencionar algunos asuntos que en realidad caen por su propio peso. Evitamos estrictamente el uso de oposiciones como niño-niña, grande-pequeño, u otras expresiones sugestivas. Nunca decimos, por ejemplo:  - Eres demasiado grande para eso -, o - sólo las niñas pequeñas lloran por una cosa como esa -, o "¡qué niño más cabezota eres! -, etc. Por otra parte, no dudamos dar a los niños pequeños los así llamados juguetes para niñas, como muñecas, objetos domésticos, etc. o dar a niñas juguetes de cualquier tipo. Ni se nos ocurre pedir - a lo Montesori - que los juguetes deben ser usados para aquello para lo que están diseñados.

            No obligamos a los niños a ser educados, modestos, con buenos modales o agradecidos. Tal vez es justamente por esta razón que son, por regla general, tanto confiados como agradecidos. También son muy afectuosos y sensibles y tienen una capacidad sorprendente de hacerse cargo de una situación y actuar de acuerdo con ella.

            Hemos logrado ampliamente poner todo eso en práctica y hasta ahora el resultado ha sido un libre desarrollo de la actividad y de la imaginación y un joie de vivre (alegría de vivir). Los niños están en contacto con su entorno, son felices y están llenos de iniciativa; muestran poca destructividad y aprensión; dan y piden mucho amor, tanto que la mayoría de los adultos encuentran difícil mantener el ritmo. Hay muy pocos adultos que sepan acariciar y besar a sus hijos libremente o entregarse a algún juego y a la repetición constante tal y como hacen los niños; que pueden seguir hasta quedar exhaustos.

            Pero tal como vivimos, la independencia hará el conflicto necesariamente más agudo. En mi caso hay una lucha diaria para que me dejen escuchar las noticias de la radio; porque para los niños sólo significa un ruido irritante y de este modo yo llegó a ser una fuente de irritación también. Otros tienen dificultades para tener sus libros u otras posesiones en paz.

            ¿Por qué ocurre eso? La dificultad estriba habitualmente en una o más de estas tres causas. Frecuentemente es porque no se ha hecho saber al niño con suficiente claridad lo que tiene que ser respetado. Este es indudablemente mi caso. A menudo es sólo el deseo del niño de ampliar el campo de sus actividades, de adquirir cosas, de conquistarlo todo. Finalmente puede ser debido a nuestra incapacidad de practicar lo que intelectualmente hemos reconocido como verdadero; todas aquellas reservas que podamos tener - a pesar de saber - tendrá necesariamente una influencia sobre los niños. Se puede ver fácilmente cuando la autorregulación, la armonía y el placer han tenido una oportunidad para su libre desarrollo y también dónde no ha sido posible evitar la represión.

            Llegado a este punto me gustaría decir algo sobre las dos principales objeciones a nuestros conceptos. La primera es: ¿Por qué no debería haber algo de disciplina y autoridad?, y la otra: ¿No se malcriarán los niños de este modo?

            Existe la creencia generalizada - por parte de médicos y pediatras como también de otros - de que el niño tiene que aprender a obedecer y a subordinarse, si no se malcriará y nunca "llegará a ser nada". Este concepto se extiende a todos nuestros tratos con los niños, hasta llegar al lamentable ejemplo de llegar a prohibir a la madre ser afectuosa con su hijo. Desde un cierto punto de vista este concepto es bastante lógico cuando se quiere niños que se comporten bien, que sean pulcros y completamente dependientes. La manera de lograrlo es efectivamente reprimir todo desde el principio. Pero cuando se quiere niños que sean independientes, unas personalidades vivas que insistan sobre sus propios derechos hay que ayudarles, respetarles y tratarles con amor.

            No es necesario decir que con nuestra manea de educar también se desarrolla una relación de autoridad; pero ciertamente es enteramente diferente a la acostumbrada. Nuestros niños nunca obedecen porque tienen que obedecer sino sólo por el sentimiento que es ventajoso obedecer. Cuando no tienen este sentimiento simplemente no obedecen. Puede ser necesario obligarles  a obedecer, pero esto se hace solamente cuando es absolutamente inevitable. Y eso no ocurre muy a menudo. De hecho, se ha descubierto que cuando los niños son criados tan libremente como intentamos hacer, están muchos más abiertos a los razonamientos que otros niños: de este modo siempre se les puede demostrar lo que tiene más ventaja para ellos.

            A la otra objeción podemos contestar: la gratificación de las necesidades naturales y la satisfacción del deseo natural de amor no hace nunca niños malcriados: sino personalidades independientes y contentas.

            ¿Quiere decir eso que no se corre ningún riesgo de malcriarles? ¡Oh, sí! Hay algo a lo que nosotros también llamamos malcriar. Hay padres que simplemente no dejan que sus hijos formulen sus deseos, que nunca les permiten enfrentarse con tareas que pueden - física y psíquicamente - les ayudan con las cosas más sencillas y les ahogan entre cojines blandos y lechos de pluma, hasta tal punto que no tienen nuca una oportunidad de desarrollar sus propias habilidades y posibilidades. Esto es llegar al otro extremo. A estos niños no se les da la oportunidad de luchar por lo que quieren. No tienen ninguna oportunidad de desarrollarse, de potenciar sus destrezas, necesidades y deseos ya que estos son adivinados y satisfechos antes de que el niño sea consciente de ellos. Esos niños primero se hacen dependientes, a menudo hasta tal punto que son literalmente incapaces de hacer algo por sí mismos. Después de eso - en parte por su falta de independencia - empiezan a hacer exigencias imposibles de cumplir y cuando estas exigencias no son satisfechas, pierden la paciente y se quejan. Esto puede llegar tan lejos que inhibe por completo su desarrollo de manera que el niño da la impresión de ser retrasado, soso y con falta de iniciativa.

            Pero puede haber una tercera y tal vez, una objeción de más peso a los conceptos descritos: su factibilidad ahora o en el futuro. No puede entrar en esta cuestión aquí. Nuestro trabajo educativo visto globalmente, tendrá que mostrar las vías con las que gradualmente será posible poner en práctica estos conceptos a una escala social amplia.

            Con esto llegamos al problema de Niños sanos o enfermos. En este punto las cosas están totalmente patas arriba: un niño sin conflictos es generalmente considerado sano, pero en la mayoría de los casos - exceptuando los lactantes - está enfermo según nuestra opinión. Por regla es un niño que ha establecido un equilibrio superficial, pero bastante estable que cubre el hecho de haber tenido que renunciar a una parte esencial de sus exigencias vitales; en otras palabras: es un niño enfermo. Esto es particularmente válido para el niño amable y bien educado que habitualmente ha de prescindir de toda independencia real. Al contrario, el niño "con conflictos" es el que está, por regla general, relativamente o enteramente sano; todavía sufre bajo la frustración de sus exigencias vitales. Bastante a menudo se ven niños de 4, 5 ó 6 años no tienen conflictos, son superficialmente felices, pero emocionalmente niños sosos y "sanos". El hecho de que un niño llore o se enfade cuando se le lleva la contraria es un signo de salud; es una señal pobre cuando se resigna tranquilamente. Eso no significa que los niños sanos no acepten hechos o condiciones: pero con ellos, como hemos mencionado antes, es una cuestión de comprensión e intuición, no simplemente de sumisión. Los niños sanos - como los adultos sanos bajo ciertas circunstancias - serán llamados "nerviosos" por la intensidad con la que reaccionan emocionalmente a sus experiencias. Esto es particularmente válido para la categoría de niños que hemos llegado a llamar "los casi sanos".

            Los "niños casi sanos" sienten y reaccionan muy intensamente. A menudo son demasiado agresivos y salvajes en su motilidad y comportamiento general, o reaccionan exageradamente a las frustraciones, o son algo intranquilos. Frecuentemente son "niños llorones" o "niños pegados a las faldas de mamá". Pueden tener otros síntomas. Lo que todos tienen en común es que fueron criados con mucho miramiento para su individualidad, los padres están "de parte del niño" en el sentido que le dio Neill; pero que en un aspecto u otro fueron expuestos a algo que no eran del todo capaces de manejar. Corrientemente se trata de una deficiencia en la capacidad de gratificar el deseo de amor del niño. Ya he mencionado la gran importancia que hemos llegado a atribuir a la lactancia. Personalmente creo - y espero poder alabar esta creencia en otra ocasión - que mientras subsista la costumbre de interrumpir la lactancia a los 6 meses o antes, podemos esperar un período durante el cual las necesidades del niño serán particularmente intensas y difíciles de gratificar. El tiempo natural para concluir la lactancia sería a los 3 ó 4 años, es decir, cuando el niño alcanza la etapa de poder satisfacer la masturbación. Ya que parece que en el período entre el destete y la masturbación, el niño no tiene medios adecuados para la satisfacción placentera. Además se da la circunstancia que cuando pasa el período de lactancia, la madre está tan ocupada que no le queda tiempo ni energía para las exigencias del niño. Además, hay toda clase de dificultades personales: conflictos entre los padres, la falta de ayuda, y la falta de medios para juguetes. Un factor muy importante es, creo yo, el hecho de que la personalidad del niño se desarrolla tanto durante los primeros años que, se hace más fuerte que las de sus padres, con el resultado de tranquilidad. Cuando los padres de estos niños "casi sanos" adquieren una actitud más positiva, llegan a ser más afectuosos y más seguros de sí mismos, los niños logran ser casi completamente armoniosos. Mi experiencia, por pequeña que sea en este aspecto, indica también que cuando un niño y una niña "se encuentran" o simplemente se hacen buenos amigos, esto puede significar un importante cambio.

            Por eso podemos hacer muchos con estos niños "casi sanos", pero hay que reconocer que pasan un período difícil; y por esta razón se les considera habitualmente niños "nerviosos", "neuróticos", "malcriados", o "fracasados". A veces son aprensivos o niños algo rudos e intentan esquivarles, se les considera niños miedosos; aunque son por regla general, muy confiados, si se sabe acercar a ellos con amabilidad y sin cohibiciones.

 

CONCLUSION

 

            La educación económica sexual, no hace falta decirlo, es extremadamente ardua. Requiere tanto amor como respeto para con el niño y requiere que no se haga una exigencia que el niño no puede satisfacer sin violentarse. El cuidado de un niño en los primeros años de su vida es extremadamente difícil porque los adultos tienen que cargar con todas las consecuencias de su adaptación al niño que, por otra parte, sólo puede realizar con la ayuda y la comprensión del adulto. No se debería tomar decisiones para el niño, permitiendo que tome sus propias decisiones. Así se llegaría a estar a su mismo nivel, y este reconocerá el conocimiento y la intuición superior tal y como es. La tendencia del niño pequeño de considerar el adulto como una figura omniscente y omnipotente es reemplazada por una actitud más natural que permite al niño desarrollar su independencia.

            La otra forma de educación no es menos ardua. A menudo uno se puede sorprender sobre la cantidad de energía que se invierte en órdenes y prohibiciones. Se supone que el niño no dirá gran cosa. La energía es utilizada para reprimirlo, para entrenarle a ser "del modo que un niño deber ser para llegar a ser un hombre de provecho el día de mañana", no importa lo que se entienda por eso.

            ¿Hasta qué punto se puede ayudar al niño? Mucho, muchísimo, efectivamente. Pero tenemos que admitir que nuestra experiencia es muy prometedora, todavía se basa sobre poco material. Los puntos esenciales que muestran son: las posibilidades de desarrollo y actividad, la cantidad de amor que se puede y se debería dar al niño, y el grado hasta el cual pueden ser limitados los factores dañinos específicos.

            La pedagogía económica sexual está sólo al principio de su desarrollo, pero revela una riqueza de problemas y ya señala una cantidad considerable de resultados positivos. La posición actual de la pedagogía económico sexual puede ser definida como sigue: Cuando se ha empleado, con lactantes y niños de corta edad, hemos sido capaces de demostrar que los principios de la economía sexual son aplicables, y aprendiendo que dichos principios pueden ser puestos en práctica. Así, la pedagogía económica sexual está lista para emprender, con el objetivo del placer como punto de partida, las muchas tareas con las que se seguirá abriéndose paso hacia su meta, que es ayudar a los niños a desarrollar la máxima independencia, armonía y amor posible desde el día que nacen y para toda la vida. Creemos que esto llevará a la felicidad del niño y al bienestar de la sociedad.

 

 

           

NOTA DE LA REDACCION:

                La expresión "Pedagogía económica sexual" de Paul Martín equivale íntegramente a la de "Pedagogía orgonómica" utilizada por nuestra Escuela.


[1] "International Journal of Sex Economy and Orgone Research." Vol.2, 1943.

[2] Nota del editor en 1943: Esto es un pseudónimo. Las circunstancias actuales nos obligan, desafortunadamente, a mantener en el anonimato los nombres de nuestros colaboradores europeos. Nota del editor en 1988: El autor fue Ola Raknes (1887-1975).

[3] N.d.T. En Alemán; Hingabe. En vista de la importancia de esta característica la falta de una palabra correspondiente en el idioma inglés es altamente lamentable. El término que he utilizado a veces, específicamente en el sentido orgástico inafortunadamente implica "capitulación".

[4] N.d.T. Esta afirmación puede sonar llena de tópicos, pero su importancia no ha de ser subestimada. Durante el tratamiento vegetoterapéutico (de adultos) se encuentra una y otra vez el significado central del impulso del llanto. A menudo es una tarea considerable trabajar sobre las actitudes caracteriales y actitudes musculares - en particular, los espasmos de la garganta, las mandíbulas y la boca - para liberar este impulso reprimido. A menudo se descubre que está vinculado con un trauma central al que el paciente, cuando era niño, no era capaz - o no le estaba permitido - de reaccionar con el llanto. En este caso, sólo el alivio de este impulso de llorar se disolverá con la solución del trauma correspondiente.

[5] Espero poder demostrar esto más detalladamente en artículos próximos. No importa lo que pueden ser las intenciones de los padres y educadores, las inhibiciones estructurales y las limitaciones sociales bajo las cuales se ven obligados a vivir, tienen que estar reflejadas, por necesidad, en la estructura del niño. De la observación directa y de la experiencia clínica tanto los psicoanalistas como los caracteroanalistas-vegetoterapeutas, conocemos dos maneras en las que los niños llegar a reflejar su entorno: En parte como el resultado de las inhibiciones directas debido al hecho que el niño fue incapaz de mantener sus exigencias originales de cara a la negación del entorno de satisfacerlos. Y parte está en la base de sus conflictos, en particular, los de la ambivalencia, por la identificación con los adultos y sus demandas. Los niños tienen que ajustarse a ellas y finalmente hacerlas suyas.

[6] Considerar sólo el placer del niño es realmente una sobresimplificación inadmisible del problema de la lactancia. Implica, inherentemente, dos individuos madre e hijo, y - muy particularmente desde el punto de vista del placer - estamos ante una interacción mutua entre dos individuos. Más arriba he utilizado la expresión: "El placer es el que hacer mover la rueda". También aquí para la madre. Mi experiencia tiende a demostrar que cuando más placer experimenta la madre en los senos, y cuando más tiempo toma y puede disfrutarlo tranquilamente, mejor funcionarán sus pechos; producirán más leche y producirán leche durante más tiempo. Si esta suposición es correcta explica el hecho que en nuestras mujeres la secreción de leche se interrumpe en el plazo de unos sies meses, mientras que todas las mujeres primitivas pueden dar de mamar durante varios años sin dificultades; estas mujeres poseen como regla general, pechos indudablemente muchos más sensibles al placer y se dejan llevar por el placer con muchar menos inhibición que las mujeres de nuestra cultura.

[7] Esta cuestión de camaradería en la cual uno se acopla de manera natural sin la supresión de la propia personalidad, sino, al contrario, como un lugar donde es posible un desarrollo personal más rico, me parece ser, más que cualquier  otra meta, el problema de la educación. Es el problema de individuos auténticamente sociales en una sociedad como organización natuaral en general y no como una idea, sino como una realidad. Cuando este problema ser resuelto; todas las discusiones de que si la sociedad existe para el individuo o el individuo para la sociedad se harán inútiles porque formarán una unidad real: en la clásica terminología dialéctica se podría decir que se fusionarán en una unidad más elevada. ¡Pero cuántas transformaciones en la educación y en la sociedad serán necesarias antes de llegar a una meta tal! Sabemos qué son movilizadas por todas las posibilidades placenteras: el placer de ser uno mismo no solamente en armonía con su entorno, sino en un intercambio constante y en contacto consigo mismo.